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lunes, 7 de febrero de 2011

Mi mejor amigo.Patrice Leconte.


Un anticuario, Françoise, descubre horrorizado en el funeral de un hombre que le había vendido una pieza justo antes de morir, que apenas han acudido una decena de personas a su funeral. Comenta en una cena con compañeros de trabajo este hecho que le ha dejado traumatizado y su socia le señala que se encuentra en la misma situación, apostando con él que si no le presenta un buen amigo en diez días habrá perdido el reto. El protagonista (Daniel Auteuil), muy bien relacionado por su profesión, no había caído en la cuenta que estas relaciones no tienen nada que ver con el cariño y la amistad, ni tan siquiera con los buenos sentimientos. Su verdadera naturaleza ególatra y egoísta la pone de manifiesto en una subasta en torno un lacrimario con imágenes de la gran pareja mítica, Patroclo y Aquiles, despreciando el valor emocional que tiene para otros pujantes; el vaso se convierte de este modo en el símbolo de ese sentimiento tan frágil, que debe ser cuidado con tanto esmero.

Se lanza a la caza de la amistad utilizando todo lo que la moderna sociedad ofrece: terapias de grupo, libros de auto-ayuda..., hasta que conoce por azar a un joven taxista , Bruno (Dany Boon), muy extrovertido, aficionado a la lectura y que aspira a ganar un poco de dinero en concursos televisivos (Quién quiere ser millonario) en los que haga valer sus conocimientos. Françoise se agarra a él como un clavo ardiendo, pero demostrará a cada paso que no sabe lo que significan las personas ni sus sentimientos, lo que supone una barrera importante para alcanzar su objetivo de establecer una auténtica y verdadera amistad.






Es un buen film que nos hace recapacitar sobre la soberbia, el cinismo, el materialismo y la falta de valores de solidaridad y prodigalidad de la sociedad actual, en el que el lema más extendido es ¡sálvese el que pueda! . Olvidada la solidaridad entre los hombres, éstos han perdido la auténtica felicidad. Esta percepción la ha sabido trasladar muy bien a la pantalla Patrice Leconte, apoyado en dos magníficos actores, a pesar de haber sido acusado de falta de pasión; el mundo que retrata el cineasta es así de cínico. No ocurre lo mismo en el círculo del taxista en el que lo monetario pesa menos ,entre otras razones porque el dinero escasea, que la sinceridad y la sonrisa.

La sociedad ha decidido sacrificar todos su ideales en favor de la apariencia y la falsa comodidad. Dicho ésto sin intención de aleccionar a nadie. Patrice Leconte lo pone en evidencia de manera inteligente.




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