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jueves, 5 de enero de 2012

United 93. Paul Greengrass.







Ficha técnica:


Título original: United 93
País: USA.
Año: 2006.
Duración:  111 minutos.

Dirección: Paul Greengrass.
Guión:
Música: John Powell.
Dirección de Fotografía: Barry Acroyd.
Edición: Clare Douglas, Richard Pearson, Christopher Rouse.
Supervisor efectos especiales: Peter Chiang

Vestuario: Dinah Collin.


Producción: Tim Bevan, Eric Fellner,  P Lloyd Levin.
Productores ejecutivos: Debra Hayward, Liza Chasin.
Diseño de producción: Dominic Watkins.
Compañías. Productora: Universal Pictures, Studio Canal, Sidney Kimmel Entertainment, Working Title Films. Distribución: Universal Pictures.







Intérpretes: 



Becky London :Jean Peterson,
Cheyenne Jackson :Mark Bingham,
Chip Zien : Mark Rothenburg,
Chloe Sirene :Honor Wainio,
Corey Johnson :Louis Nacke,
Daniel Sauli :Richard Guadagno,
David Alan Basche :Todd Beamer,
David Rasche :Donald Greene,
Denny Dillon :Colleen Fraser,
Erich Redman :Christian Adams.


Premios: 


2006: 2 nominaciones al Oscar: Mejor director, montaje.
2006: 2 premios BAFTA: Mejor director, montaje. 6 nominaciones
2006: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película.


Sinopsis: 

El 11 de septiembre de 2001 cuatro aviones fueron secuestrados. Tres alcanzaron su macabro  objetivo, pero el cuarto no.  Greengrass hace un relato de la tragedia por medio de una meticulosa recreación de los acontecimientos que rodearon al vuelo 93 de United Airlines con la esperanza de tener una visión más amplia de los hechos. La película, realizada con el apoyo de las familias de los pasajeros que viajaban a bordo del avión, relata en tiempo real la dramática historia de lo que ocurrió en el aire y en tierra, mientras los pasajeros, la tripulación, los controladores aéreos y los centros militares intentaban entender y solucionar una crisis inimaginable.  



Comentario.



Paul Greengras aborda la tragedia del 11 de septiembre con un film que  formalmente se acerca al documental, el docudrama, muy valorado entre los cinéfilos europeos y norteamericanos, y en el que ha demostrado su maestría a lo largo de su trabajo como cineasta, tanto en filmes de ficción, saga de Bourne,  como en crónicas de acontecimientos reales como el título que nos ocupa o Blody Sunday, un relato sobre los dramáticos acontecimiento de Derry en 1970. Unos cuantos personajes se convierten en arquetipos de  los grupos afectados por los acontecimientos: pasajeros, familias, tripulación, controladores o centros militares.

La puesta en escena va de lo general a lo particular. Un plano cenital  que  sobrevuela   Nueva York, reconocible por el espectador,  convierte la ciudad  no sólo en el teatro de los graves acontecimientos, sino en  la principal víctima de la tragedia que se va a representar. Inmediatamente  la cámara  desciende, pisa tierra  y se acerca al  interior del avión vacío, escenario principal de la tragedia, en el que van entrando los actores: primero la tripulación y después los pasajeros, entre los que se encuentran los terroristas. En la primera parte de la cinta la acción se desarrolla en el Centro de Control Aéreo de Boston, y en el  centro militar en el que se va  a decidir la estrategia defensiva desde que se comienza a tener la certeza de la existencia de un ataque. Desde estos dos lugares, en los que reina la desorientación inicialmente,  se sitúa al público en un contexto más general:  el ataque masivo realizado por terroristas musulmanes contra los símbolos  políticos y económicos del imperio  americano, llevado a cabo el 11 de Septiembre de 2001. 

Durante un tiempo que supera en mucho al real, por imperativo del tratamiento fílmico de la acción ubicada en distintas localizaciones,  al  transcurrido entre el primer ataque a una de las  dos torres gemelas, ubicadas en el  compleo  arquitectónico denominado World Trade Center, hasta el desplome de ambas, las vemos continuamente en pantalla, humeantes, formando parte todavía del skayline neoyorquino, tantas veces utilizado como marca distintiva de la ciudad de los rascacielos. Hay un antes y un después en el cine americano desde el atentado que borró estos edificios emblemáticos, los más altos de la ciudad, que se emergían paralelos e iguales, y  hacían reconocible a New York  para cualquier habitante del planeta.

La segunda parte se desarrolla en el interior del vuelo 93 de  United Airlines, que finalmente se estrelló en un campo de Shanksville, California, imágenes que se han  obviado en el film. Cuatro terroristas saudíes de Al-Qaeda, secuestraron el avión con la intención de estrellarlo contra un objetivo político que en realidad se desconoce, aunque la cámara muestra una fotografía de la Casa Blanca colocada ante los mandos del piloto, lo que constituye una licencia cinematográfica. La comunicación de los pasajeros con sus familiares usando los teléfonos de la nave, les pusieron  en conocimiento de que dos aviones habían sido estrellados contra el World Trade Center y uno contra el Pentágono, y fue precisamente el convencimiento de que iba a morir lo que unió al pasaje en una acción  a la desesperada en busca de  una salvación que no llegó. El objetivo de los terroristas de atentar contra un símbolo del poder político se malogró, pero el resultado  fue la muerte de cuarenta personas inocentes. 

Paul Greengrass, que había mostrado a los miembros de Al-Qaeda, en la secuencia inicial que funciona a modo de prólogo funerario, realizando el ritual musulmán  para el ingreso tras la muerte en el paraíso, cuyo significado conoce el espectador occidental a través de las recurrentes informaciones periodísticas, imágenes  tantas veces llevado al cine de la purificación mediante el lavado  y  rasurado  del cuerpo entero,  nos ofrece otras de todos los ocupantes del avión, saboteadores y víctimas,  rezando en sus últimos momentos. La necesidad del ser humano de despedirse de los suyos confesándoles  su amor , de la que  estos hombres y mujeres dejaron  testimonio  en sus llamadas, material proporcionado   al cineasta por los familiares, ocupa una gran parte de ese tiempo (unos 36 minutos en lo que se llama tiempo real)  en que los  ocupantes del avión se debatían entre esperar la muerte pasivamente o intentar la salvación in extremis.

Como es habitual, Paul Greengrass recibió por este título, como le ha ocurrido con cualquier otro, el aplauso de la crítica y el público. Nadie puede saber qué ocurrió en el interior de ese avión, pero todos imaginan que debió ser algo muy parecido a lo relatado por el cineasta.



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