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Johnny B.Zero

sábado, 25 de enero de 2014

El truco final (El prestigio). Christopher Nolan





Ficha técnica:


Título original: The prestige
País:
Año: 2006
Duración: 135 minutos

Dirección: CHistopher Nolan
Guión: Jonathan Nolan y Christopher Nolan, basado en la novela de Christopher Priest
Casting: John Papsidera,c.s.a.
Director de Fotografía: Wally Pfister, a.s.c.
Música: David Julyan
Edición: Lee Smith, a.c.e.
Coordinador de especialistas: Rick Avery
Director artístico: Kevin Kavanaugh
Decorador del set: Julie Ochipinti

Diseño de Vestuario: Joan Bergin
Responsable de Maqullaje: John R. Baylee; Jefe de Departamento: Peter Robb-King
Estilistas de peluquería: Terry Baliel, Karen Myers

Productor: Emma Thomas, Aaron Ryder, Christopher Holan
Productores ejecutivos: Charles J.D.Schlissel, Chris J.Ball, William Tyrer, Valerie Dean
Diseño de producción: Nathan Crowley
Warner Bros. Pictures/Touchstone Pictures/Newmarket Films and Syncopy


Intérpretes:


Hugh Jackman:Robert  Angier, "El Gran Danton"
Christian Bale:Alfred Borden/Fallon
Michael Cane: Cutter
Scarlet Johansson : Olivia Wenscombe
Rebecca Hall: Sarah
Samanth Mahurin: Jess
Andy Serkis: Alley
Piper Perabo: Julie McCullough
David Bowie: Tesla
Roger Rees: Owens
Edward Hibbert: Ackerman
Ricky Jay : Milton


Sinopsis:


En Londres, a finales del siglo XIX, una época en la que los magos eran los ídolos más aclamados, dos jóvenes ilusionistas se proponen alcanzar la fama. El sofisticado Robert Angier (Hugh Jackman) es un consumado artista, mientras que el tosco y purista Alfred Borden (Christian Bale) es un genio creativo, pero carece de la habilidad necesaria para ejecutar en público sus mágicas ideas. Al principio son compañeros y amigos que se admiran mutuamente. Sin embargo, cuando el mejor truco ideado por ambos fracasa, se convierten en enemigos irreconciliables: cada uno de ellos intentará por todos los medios superar al otro y acabar con él. Truco a truco, espectáculo a espectáculo, se va fraguando una feroz competición que no tiene límites. 


Comentario:



El film de Christopher Noland reincide con un nuevo paradigma de metalenguaje cinematográfico, un fascinante bucle estilístico en el que se reserva el truco que sustituye la vida real por la magia del relato de ficción, sin fronteras claras entre la una y la otra. Una metáfora visual reiterativa, la del pájaro encerrado en su jaula, que pretende sugerir al público, parafraseando al director, "algunas ideas de cómo la película despliega su narrativa y la gente entiende el efecto que le causa la película al rebelarse ante sus ojos." Podemos atender, como harán algunos, al análisis de la obra inscribiéndola en la propia producción del cineasta, muy preocupado por cómo funciona la mente humana, cómo construye su discurso basándose en la memoria o en las ideas implantadas por el poder (Memento, 2000; Inception, 2010), poniéndola en relación con las producciones de su época, o inscribirla en el contexto histórico, económico y social en el que surge. Vamos a optar por lo segundo, siguiendo nuestra tradición.

El truco final (el prestigio) ve la luz en 2007, fecha nada inocente y cargada del mayor significado para todos nuestros lectores, en vísperas de la mayor crisis mundial que se declaró abiertamente con la caída el 14 de septiembre de 2008 del gigante de las finanzas Lehman Brothers; dos meses antes, el 8 de julio de 2008, el Presidente del Gobierno español, José Luís Rodriguez Zapatero daba carta de oficialidad al término  en una entrevista a la televisión española, entrando definitivamente en una etapa de penuria y depresión de larga duración. En 2007, cuando los nubarrones amenazaban con descargar la mayor tormenta que se recuerda, Christopher Nolan lanza al mundo una película ubicada en la Inglaterra victoriana, una época de grandes cambios, que ha sido contemplada como lóbrega y represiva, pero que él prefiere mirar como un tiempo emocionante, en el que se desarrollan los derechos humanos, la revolución industrial, se descubre la electricidad, el cine, la fotografía; se desarrolla la teoría de la evolución, se construye el ferrocarril, que reduce el tamaño del mundo, la ciencia se transforma radicalmente y se producen cambios de tal envergadura que sus efectos siguen notándose hoy. En la actualidad estamos en una tesitura parecida. Mientras los gobiernos se endurecen legislando normas restrictivas de los derechos ciudadanos, (conflictos en Burgos, Ucrania...), se reduce el estado de bienestar y los hombres de Davos hacen caja, se produce una expansión de la ciencia y la tecnología sin precedentes; los periódicos tradicionales sucumben mientras se imponen las redes sociales, los wikileaks destapan paraísos fiscales, en los que las agencias de inteligencia se muestran impotentes, el poder de las iglesias se debilita, y en su lugar el individuo,desde su propio hogar, deja sentir su influencia, aporta sus trabajos y algunos comienzan a recoger sus frutos. Un mundo en revolución cuyas consecuencias nadie puede prever, pero que el equipo de esta película tratar de iluminar estableciendo un parangón entre el Londres del siglo XIX y el Tokio del XXI. Tenemos derecho a soñar con la utopía, aunque pueda tener efectos perversos.

Volviendo al pasado, ciertos descubrimientos como la electricidad, la corriente alterna y la aplicación práctica en inventos como la bombilla, el telégrafo sin cables o la radio, acercaron a personajes como Thomas Edison, Marconi o Tesla (interpretado por David Bowie) al mundo de los magos, mientras que éstos, hombres comprometidos con el engaño,  utilizaron las imágenes que les proporcionaba la ciencia para vender viejos trucos de forma nueva, iconos que invadían las paredes y el mobiliario urbano con sus carteles, en un mundo que todavía no conocía el cine ni la televisión, y que el film nos muestra de manera profusa, sin apenas ver, en muchos casos, qué se esconde debajo de tan abundante cartelería. Todos los niveles de la película, desde la propia estructura narrativa, deslizándose en el bucle por la historia y alcanzando a los propios personajes esconden el truco que tiene reservado y que público y personajes conocen sólo al final, con alguna laguna de oscuridad, no suficientemente explicada, una fiel metáfora de la esencia de la investigación científica, cuyo requisito para seguir avanzando es la incertidumbre y la duda. Múltiples puntos de vista subjetivos (narración en primera persona, cuaderno de notas, cámara al hombro a la altura de los ojos...), apoyados en un tratamiento del tiempo no lineal, que va dando vueltas, apoyado en el flashback, en torno a unos cuantos hechos, construyen una visión objetiva, en la que, en ocasiones el espectador conoce detalles que ignoran los personajes.

Christoper Nolan, convierte en sujeto de esta historia a la rivalidad, basado en un planteamiento del conflicto, unas actuaciones y un prestigio final por el que todos luchan, buscando el paralelismo de todo efecto mágico, que consta de tres partes o actos: la presentación, en la que el mago muestra algo ordinario y puede invitar al público a que lo examine para que vea que no hay nada raro; el segundo es la actuación, en el que el mago hace de lo ordinario algo extraordinario. El público intenta descubrir el truco, pero no lo hace, porque en el fondo el público no quiere saber cuál es, quiere que le engañen; por  último tienen que hacer reaparecer lo que antes han hecho desaparecer. Este ultimo acto es el prestigio. El film recibió las mejores críticas de la prensa norteamericana y española, un thriller bien construido.


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