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jueves, 30 de abril de 2015

Enemigo a las puertas








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Ficha técnica:

Título original: Enemy at the Gates.
País: co-producción USA/Alemania/Reino Unido/Irlanda/
Año: 2001.
150 minutos.

Dirección: Jean-Jacques Annaud.
Guión: Alain Godard y Jean-Jacques Annaud, basado en 'Enemigo a las puertas.La batalla de Stalingrado' de  William Craig.
Casting: John y Ros Hubbard. Annette Borgman
Dirección de Fotografía: Robert Fraisse.
Música: James Horner.
Edición: Noelle Boisson y Humphrey Dixon.
Supervisor efectos especiales: Peter Chiang.
Director artístico: Neil Lamont
Decorador del set: Simon Wakefield.

Diseño de Vestuario: Janty Yates.

Productor: Jean-Jacques Annaud, John D.Schofield.
Productores ejecutivos: Alain Godard y Alisa Tager.
Diseño de producción: Wolf Hadeger.
Tripictures, Mandalay Pictures para Lions Gate Company, asociada con KC Medien y MP Film Management para Reperage Production


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Sinopsis:

Invierno de 1942. Durante la batalla de Stalingrado, un soldado siberiano, Vassili Zaitsev, se convierte en uno de los héroes de su ejército gracias a su magnífica puntería como francotirador.

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Intérpretes:

Jude Law: Vassili Záitsev,
Joseph Fiennes: Comisario Danilov,
Bob Hoskins: Nikita Jruschov,
Rachel Weisz: Tania Chernova,
Ed Harris: Mayor König,
Ron Perlman: Nikolai Kulikov,
Eva Mattes: La madre de Sascha, Sra. Filipov.
Gabriel Marshall-Thompson: Sascha,
Matthias Habbit: general Paulus,
Sophie Ros: Ludmila,
...

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Sinopsis:


"Otoño de 1942. Europa ha sido aplastada por la bota nazi. El Tercer Reich alemán está en la cima de su poder. Los ejércitos de Hitler avanzan a través del corazón de la Unión Soviética hacia los campos petrolíferos de Asia. Sólo queda un último gran obstácula, una ciudad a orillas  del Volga, donde se decide el destino del mundo: Stalingrado." (introducción del film, recitada por una voz en off). La guerra particular que entablan un francotirador ruso, Vassili Záitsev (Jude Law) y su oponente König (Ed Harris), enviado por los alemanes para eliminarlo, se convierte en el símbolo del combate entre el ejército invasor y un pueblo aterrado ante el avance implacable de la pesada maquinaria teutónica. El mito del francotirador imbatible al servicio de su pueblo fue una creación literaria propagandística de Danilov, el oficial soviético encargado de subir la moral de los rusos, que estaban llevando a cabo su propia revolución. Este duelo partícular para enardecer los ánimos de los contendientes ha permitido a más de uno comparar el film de Annaud con un western, olvidando que el director es francés y que su relato descansa en el enfrentamiento de estos dos hombres legendarios que simboliza otro reto de mucha más trascendencia : el que se había impuesto Hitler de doblegar la cerviz de Stalin. Es un hecho conocido por todos, y en especial por los hombres de cine, que el nacionalsocialismo dio mucha importancia a la propaganda e impulsó un ministerio a cuyo frente puso a Goebbels; a su vez los rusos basaban su fuerza en gran medida en la dialéctica marxista. Estas dos ideologías mortalmente enfrentadas combatirán en este duelo a muerte, convirtiendo a una ciudad, que lleva el nombre del líder soviético, Stalin,  en el baluarte de unos y el trofeo de otros.

Este esquema será repetido por Clint Eastwood en su reciente película 'El francotirador' (2014), con una diferencia sustancial: Jean-Jacques Annaud imbrica su duelo en un contexto de guerra general, en el que consigue sus mejores imágenes . Los dos hombres que se enfrentan por sus respectivos países e ideologías, tienen una característica común, una fuerza irrefrenable que les empuja a matarse mutuamente para satisfacer un instinto básico de supervivencia y de venganza, lo que los convierte, por razones muy diferentes, en símbolos de los dos frentes de la contienda. Pero hay algo que no olvida Annaud: los hombres no dejan de serlo cuando están en combate y sentimientos muy humanos como el amor, los celos, la envidia...distorsionan los paradigmas, los modelos que se venden a los pueblos para animarlos a luchar; siempre hay algo que envidiar, siempre habrá ricos y pobres, dice Danilov, enamorado de la misma mujer que Vassili . No es extraño, pues, que cuando los seres humanos miran de frente a la muerte se aferren rabiosamente a la vida y a todo lo que la existencia conlleva, incluido el amor, que en absoluto nos distrae de lo que la película denuncia: la crueldad de las guerras y el comportamiento inhumano de un ejército invasor que avanza como una máquina destructora, peinando de forma reiterada una ciudad cien veces destruida y dispara contra los soldados caídos para cerciorarse de que no queda uno vivo, violando todas las convenciones que se reconocen bajo el nombre de Ginebra, que regulan los derechos de las personas en tiempos de guerra.

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crítica:


"Casi un western con miras telescópicas, este estupendo film bélico narra un apasionante duelo entre francotiradores durante el asedio de las tropas alemanas a Stalingrado, en 1942. Ambos tiradores de élite mantendrán una particular guerra personal mientras la ciudad rusa se destroza y se desangra a orillas del Volga. Basada en hechos reales, la producción europea más cara hasta la fecha deleita a los aficionados al género con asombrosas escenas de acción; atención al espectacular ataque aéreo al comienzo de la película: deudor de "Salvar al Soldado Ryan" y más real que el de "Pearl Harbor". El guión tiene altibajos, pero la tensión está conseguida. Muy buena." (Pablo Kurt. Filmaffinity).

La crítica comienza a distanciarse del público cuando el que la realiza  se deja guiar 'en exceso' por su ideología o sus gustos, ( es imposible dejar de ser nosotros mismos cuando nos expresamos), por mucho que intentemos ocultarnos en tecnicismos, en demasiadas ocasiones vacíos de significado, un ejercicio del que es un buen ejemplo esta opinión de Miguel Ángel Palomo: "De modo paradójico, el filme gana en intensidad cuando el espectáculo está ausente (...) Su mayor acierto es aproximar a la estética del 'western' el duelo entre los francotiradores protagonistas." (Diario 'El País'). Lamentamos disentir profundamente por motivos de raíces diferentes, personales, culturales y políticas: queremos pensar que cuando se habla de espectáculo se está refiriendo el que escribe a las secuencias de bombardeos y de matanzas, y que lo más intenso es, como hace Clint  Eastwood en 'El francotirador', reducir la historia  al duelo entre dos hombres. No lo vemos así.

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Comentario

Un matiz : la ciudad de Stalingrado, hoy de nuevo San Petersburgo, ni se destroza ni se desangra, la destrozan y la desangran los invasores, algo que se empeña en demostrar Annaud con bombardeos destructivos y reiterados sobre una ciudad ya en ruinas, y  el paseo de los tanques por la ciudad con el objetivo de rematar a los que ya están muertos, para evitar que hayan supervivientes. La irrupción de la TV que entonces no existía,  pero que ahora lleva a los hogares de cualquier parte del mundo una desgracia producida en las antípodas, en un periodo muy breve de tiempo, permite una lectura diferente, que se ha podido observar en el triste laboratorio de las guerras recientes:  millones de hombres, mujeres y niños murieron y mueren para que las máquinas de guerra alemanas entonces, ahora de otros países, tuvieran y tengan carburante para sus vehículos militares; la trampa que le tendió la avaricia a Hitler fue dejarlo penetrar en el corazón de Rusia donde  el crudo invierno abrazó mortalmente a los soldados germanos. La primera secuencia, tras los título de crédito iniciales,  es una de las más impactantes de la historia del cine, seguida de otras muchas en la que cada uno de los actores juega magníficamente su papel.

El film comienza con unas breves imágenes, previa a los títulos de crédito iniciales, que tienen un valor informativo sobre una cualidad del protagonista, Vassili Záitsev, que facilitan la comprensión del papel que va a jugar en esta historia; vemos cómo el abuelo entrena al nieto en el arte de la extrema paciencia hasta que logra que la presa se ponga a tiro. Tras un corte directo el célebre parabará  que delata a James Horner nos introduce in medias res en una de las batallas más célebres por el  elevado número de muertos, la de Stalingrado, a la que los soldados acceden sin intermediar descanso, sin ser albergados en nada parecido a una tienda de campaña, al lugar en el que se está produciendo una crudelísima batalla. Los soldados corren en orda, sin orden ni concierto, desde los vagones en que son trasladados al lugar, cerrados con candados, como muestra un plano de detalle, un signo evidente de que la mayoría de ellos son reclutados de forma tan forzosa como lo fueron en la antigüedad clásica y en la Edad Media, y al igual que  los velites romanos, la infantería ligera, carecían de todo en el frente ruso, incluido un fusil para cada uno de ellos. Abundan las imágenes en las que un soldado arriesga su vida por intentar coger el arma de un compañero muerto. Vassili es uno de los menos agraciados en el reparto, debiendo contentarse con cuatro cartuchos y el arma del compañero cuando caiga.

Pero hay algo más, que no olvida Annaud: el papel de las madres rusas, organizadas en movimientos de resistencia contra las guerras, desde 1989, las cuales con frecuencia se han presentado en el frente y se han llevado a casa a los hijos que ellas habían parido, para verlos crecer y tener compañía cuando fueran ancianos y no dejarlos morir por los intereses de otros; su primera victoria fue conseguir traerse del frente a 176 estudiantes universitarios que habían sido reclutados a la fuerza. Annaud nos muestra a un oficial soviético leyendo en su barcaza la carta de una madre animando a los soldados a luchar por su patria, que tiene todos los visos de ser pura propaganda, precisamente por el peso que tiene la dureza y la resistencia anti-militarista de estas madres. Entiendo que cuando asimilan este film a un western no se refieren a la marcha hacia el oeste, que es lo que significa el término, sino a los duelos de las películas en las ciudades sin ley que iban creando los pioneros, que poco a poco se fueron imponiendo a los forajidos, antiguos héroes que sólo sabían disparar, enfrentamientos que solían acabar en un duelo entre el recién nombrado sherif y el maleante. Pero la marcha de Hitler no fue hacia el Oeste, sino hacia el este y su funesto viaje se realizó a través de países forjados en las civilizaciones más antiguas que se debatían en esos momentos en términos dialécticos, en la lucha entre dos contrarios: arriba-abajo, izquierda-derecha, que tienen su traducción formal en el las imágenes del film, en el que los contendientes no son exploradores, sino que tienen una ingente flota de aviones, tanques, barcos y una disciplina férrea; Rusia, más débil militarmente, recurre a sus 'Viriatos' particulares, francotiradores suicidas, que sólo pueden ser combatidos con las mismas tácticas militares.

Pero había algo que los alemanes ignoraban: "No es el lobo el que elige el terreno de caza, sino el cazador", como  le dice un soldado a Vassili. La ignorancia de esta realidad convirtió a las estepas rusas en la gran tumba del ejército alemán,  como ya ocurrió en el pasado con el ejército de Napoleón. Los oficiales alemanes olvidaron estas lecciones. Pero, entretanto, los rusos morían mostrando la impotencia y el dolor en sus rostros, rodeados de cadáveres en una ciudad que llevaba el nombre del dictador y que Hitler había convertido en un emblema de su lucha contra el único país comunista del mundo en esos momentos. Las batallas se librarán entre enormes monumentos de los líderes de la revolución, (Lenin, Stalin....) derribados por los invasores, y otros símbolos del nuevo sistema (la estrella roja, la hoz y el martillo...). Es seguro que esta misma desolación se daría en el otro lado, pero 'Enemigo a las puertas' está contado desde la perspectiva del invadido, del que está en su país y es atacado por el simple hecho de haber nacido allí y haberse convertido en un obstáculo entre los nazis y los pozos de petróleo, necesarios para la maquinaria militar dependiente de los hidrocarburos. Se pueden hacer todas las revisiones que se quiera, pero no se puede negar un hecho: esta masacre, este infierno, se produjo en Stalingrado, a orillas del Volga, un río ahora rojo y repleto de cadáveres flotando, de hijos que ya nunca verán sus madres, en  la antigua ciudad de Volgogrado, rebautizada con el nombre del dictador.

En esa lucha de contrarios, Annaud no olvida señalar las contradicciones de la revolución en marcha, signos de su futura descomposición, y lo hace con todos los recursos disponibles: diálogos que señalan las pasiones humanas que enfrentan a los hombres, como el amor, los celos, las envidias, por razones que no son económicas; la duración de las secuencias en función de su legibilidad, para evitar la molestia de la frustración con planos demasiado cortos, o la molestia del aburrimiento si son tan largos que permiten ser leídos y releídos una y otra vez (Noël burch. Praxis del cine, pág.61). A modo de ejemplo, unos solos segundos nos informan del entrenamiento de Vassili en el uso de armas, cuando acompañaba a su abuelo de caza, o la frustración que sufre cuando mata un lobo con consecuencias indeseadas. Narrada de forma lineal, sin recurrir a la dialéctica de la marcha atrás y la marcha adelante o el recurso a la imagen acelerada o al ralentí o cámara lenta, opta por una política conservadora, la de dotar del mayor significado al encuadre: la reducción de la ciudad a ruínas, la convirtió en un lugar lleno de rincones y recovecos en los que se podían apostar tiradores suicidas, que no tenían más posibilidad de supervivencia, que jugarse el tipo en esta clase de acciones, en un ejército en el que muchos soldados carecían de un fusil para defenderse  de la columna de hierro que avanza inexorable contra ellos. Cada encuadre es de una gran riqueza significativa

Annaud nos deja una obra maestra, una tragedia en la que los hombres no luchan por la defensa de sus intereses, sino porque no tienen más remedio que enfrentarse al que los invaden o dejarse matar, como les ocurrió a millones de rusos donde no había ejércitos para defenderlos, pero además, el amor que surge en  Vassili, Danilov y Tania, sin ser buscado, demuestra que  hay sentimientos que dividen a los hombres y que les pueden llevar a traicionarse en el mejor de los sistemas que puedan imaginar. Jean-Jacques Annaud es un cineasta honesto que cuenta una historia, como hemos dicho antes, a ras de suelo, en el lugar donde se libro una de las batallas más cruentas de la segunda guerra mundial, por lo que sus protagonistas son los habitantes de esta ciudad y los soldados que acuden a socorrerlos, que son llevados en vagones cerrados con candado y tiroteados si el miedo les embarga y pretenden huir, al tiempo que deja entrever la dificultad de  lograr un paraíso de igualdad, porque, tan pronto como el hombre conquista un objetivo surgen contradicciones que tienen su origen en la propia naturaleza humana.




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