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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

jueves, 23 de abril de 2015

Una noche para sobrevivir








Ficha técnica, título original, sinopsis. (pinchad aquí)


Comentario:


Si algo demuestra este film es que Jaume Collet-Serra ha entrado con todos los honores en la nómina de cineastas norteamericanos, expertos en el cine de acción y de terror,  que comenzó su carrera a los 18 años en la ciudad de Los Angeles, donde estudio la profesión  en una escuela de cine y dio sus primeros pasos en la profesión trabajando en Hollywood como montador y realizador de  vídeos publicitarios y anuncios de actores como Brad Pitt y de músicos de éxito . El hecho de partir desde la base, no sólo ha orientado su política de cineasta hacia el género de acción, en el que la edición es una fase fundamental, la que da el significado, el verdadero sujeto de la enunciación como le llaman algunos expertos en teorías del lenguaje audiovisual, sino que le permite controlar su producto y decidir el resultado final.




El film se articula en torno a dos ideas fundamentales: el amor paterno- filial y el deseo de venganza, y para dar forma a su historia opta por la buddy movie, una propuesta que se basa en la profunda amistad y hermanamiento entre dos hombres, unidos por una profunda amistad y admiración mutua, una relación definida por Ira Konigsberg en El diccionario completo del cine, como el  género como que enaltece  y celebra las virtudes de la camaradería masculina, un elemento significativo de nuestra cultura,  relegando la relación hombre-mujer a una posición secundaria.  Esta amistad es desigual: Jimmy Conlon (Liam Neeson)  no sólo es el subordinado de Shawn Maguire (Ed Harris), sino su mejor amigo y su admirador más profundo; Shawn corresponde a estos sentimientos con un cariño semejante, aunque su distinta trayectoria vital los ha colocado en posiciones muy diferentes hasta 16 horas antes de los acontecimiento que desencadenan la tragedia: Shawn ha acumulado riqueza y poder en su larga carrera criminal y ha disfrutado de una familia y de un hijo que se ha desviado del camino que ha trazado su padre para él, sin que éste sea capaz de advertir el riesgo en que lo ha colocado su adicción a las drogas y la tendencia a seguir el camino de su progenitor; Jimmy ha abandonado a su familia, no ha disfrutado de su hijo ni lo ha visto crecer y se ha ido degradando poco a poco hasta convertirse en un alcohólico, el hazmerreír de todos sus colegas.

Estos son los cimientos que ha construido Brad Ingelsby sobre los que Jaime Collet-Serra ha levantado su edificio al que ha dado la estructura de un gran racconto o flashback  que a partir de la imagen de Jimmy moribundo y haciendo una recapitulación de su pasado y una confesión a su publico retrocede hasta el momento en que descubre que el hijo de su gran amigo intenta matar al suyo; ambos se han cruzado por una coincidencia fatal. A partir de ese momento se construye una diégesis de la violencia, a la altura de las películas de los Hermanos Coen, en la que  el antiguo criminal, al que apodaban 'el enterrador' hará gala de sus mejores instintos, de su sangre fría, de su fuerza física y de la entereza del matón que no duda en iniciar una loca carrera por el centro de New York, persiguiendo un coche en el que dos policías corruptos, a sueldo de Shawn, conducen a su hijo a la destrucción, consciente de que la única forma de salvarlo es impedir que llegue a la  comisaría, sea cual sea el precio que se deba pagar. Es en este momento, el de las tradicionales persecuciones de coches de ladrones y policías poniendo el riesgo a todos los vehículos que se interponen en su camino e incluso a los viandantes, o en los desplazamientos de la acción a los barrios periféricos de la gran urbe, en los que la tecnología se vuelve heterodoxa y abandona la ejecución clásica que caracteriza la película en su conjunto, unas decisiones en las que Jordi Costa ve una delegación de la noción de estilo del director en truquería de posproducción y texturas fotográficas.



Aunque disentimos de la afirmación Justin Chang de que la ejecución del guión es limpia y económica, - no le hubiera perjudicado reducir algo su metraje -, y de algunas trampas discursivas, que restan verosimilitud a la historia con el objetivo de que el hijo de Jimmy, Mike,  cuando está más cerca de apretar el gatillo, una acción que lo podría conducir a la cárcel o  verter dudas sobre su inocencia, no llegue nunca a culminar la acción porque se lo impidan motivos muy discutibles y decisiones poco brillantes del guión cinematográfico.  Sin embargo, Jaime Collet-Serra ha demostrado que no sólo conoce su oficio, sino que es capaz de situarse entre los mejores realizadores de un género en un país que fue prácticamente su inventor; el recurso constante al procedimiento de la 'variatio', a la asimetría en el uso de los más diversos modos de representar las secuencias dialogadas (plano/contraplano, enfoque/desenfoque, gradación de planos...) manejando el timing de la forma más expresiva con una edición impecable, y generando tensión no sólo con la música tecnológica  de Junkie XL, la iluminación y el color y la precisión y la contención clásica de actores de la talla de Liam Neeson, cuya mirada agresiva precede a la precisión del golpe o del disparo, provocan una enorme tensión sin necesidad de derramar litros de sangre o proceder a descuartizamientos en primer plano.





A diferencia de otras películas en torno al crimen organizado, las relaciones de amor, cariño, camaradería o amistad, transformadas de pronto en un deseo de venganza en el que se busca la destrucción del otro, aunque en el camino se destruya la propia vida, reside en que el 'gorila', 'el enterrador' en paro, alcoholizado, parado, inservible, desde que el jefe, su amigo,  había decidido mantenerse al margen de  los negocios ilegales, y especialmente del más lucrativo de todos, el tráfico de drogas, dejando a su antiguo sicario a merced de las limosnas que le daba su hijo a cambio de trabajos humillantes, cuando encuentra un motivo para renacer de sus cenizas y liberarse del sentimiento de inutilidad que lo acompaña, emerge el monstruo que todos temen, y ante el que tiemblan sus manos cuando lo apuntan con sus pistolas. De este modo el gore no es útil en el relato de 'Una noche para sobrevivir' en la que se liquida al enemigo con tiros limpios y secos; un cine muy alejado del de Quentin Tarantino, o de películas terribles como la israelí Big Bad Volwes de Aharon Keshales y Navot Papushado (2013), por lo que compartimos plenamente el análisis de Salvador Llopart : "Drama griego, pues, con formas de acción imparable y sin complejos. Bien rodada. Imaginativo en las formas y conservador en el fondo, Collet-Serra practica el viejo arte del cine de acción sin la coartada irónica que se ha impuesto en Hollywood desde la irrupción de Tarantino. Aquí no se está para ironías. La violencia es seca, nada posmoderna. Los actores, con Joel Kinnaman (The killing), están inmejorables. A correr, entonces. Todos, toda la noche y sin parar." ('Una noche para sobrevivir: Nadie puede parar. Diario 'La Vanguardia').


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