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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

martes, 5 de mayo de 2015

Ayer, hoy y mañana





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Ficha técnica:

Título original: Ieri, Oggi, Domani.
Países: Italia/Francia.
Año: 1963.
Duración: 115 minutos

Director: Vittorio De Sica
Guión: Eduardo Filippo (Adelina), Isabella Quaranttoti (Anna), Cesare Zavattini (Mara).
Director de Fotografía: Giuseppe Rotunno (A.I.C.) Techniscope/Technicolor.
Cámara Giusseppe Maccari.
Música: Armando Trovajoli, dirigida por el autor y editada por A.T.A.
Organización General: Antonio Altoviti (A.D.C.)
Escenografía: Ezio Frigerio; episodio 'Adelina', colaboración de Isabella Quarantotti;
Montaje: Adriana Novelli.

Diseño de Vestuario: Piero Tosi; Vestuario: Annamode; Christian Dior, Jean Barthet.

Productor: Carlo Ponti.
Compañías:  Champion (Roma), Les Filmes Concordia (Paria)

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Intérpretes:

Episodio "Adelina":

Sophia: Adelina
Marcello Mastroianni: Carmine Sbaratti,
Aldo Giuffre': Pasquale Nardella,
Agostino Salvietti : Dr.Verace,
Lino Mattera:Amedeo Scapece, Tecla Scarano : Hermana de Verace, Silvia Monelli : Elivira Nardella, Carlo Groccolo : Funcionario, Pasquale Cennamo : Jefe de Policía,


Episodio "Anna": Primo Tempo.

Sophia Loren: Anna ,
Marcello Mastroianni, Renzo,

Episodio "Mara":

Sophia Loren: Mara,
Marcello Mastroianni : Auguso Rusconi,
Armando Travajoli: Giorgio Ferrario. Tina Pica, Abuela de Ferrario, Giovanni Ridolfi: Umberto, Gennaro Di Gregorio: Abuelo de Ferrario.
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Sinopsis:

Ayer, hoy y mañana señaló el primer encuentro, como protagonistas absolutos, de Sophía Loren y Marcello Mastroianni, a pesar de haber coincidido ya en algunas producciones de los 50. La extraordinaria magia de los dos actores en pantalla - que volverían a protagonizar ocho títulos más - magnificó el excelente film de  Vittorio  De Sica que incluía entre sus ingredientes principales la ley, la moral, la religión y su fragilidad ante la astucia, el materialismo o el sexo.

Presentada como tres historias independientes, Ayer, hoy y mañana también es un homenaje a las tres ciudades en que transcurre la acción: Napoles, Milán y Roma. En 'Adelina'  una vendedora de tabaco de contrabando, condenada también por facturas impagadas, evita ir a prisión encadenando embarazadas. Después de siete hijos, Carmine, su marido está literalmente 'agotado'. "Anna " es una aburrida dama de la alta burguesía que le deja conducir el Rolls Royce a su amante, Renzo, haciendo tambalear los principios de éste. "Mara" prostituta de selecta clientela que obliga a un seminarista a  replantearse su vocación, parece que jamás podrá consumar su encuentro con Augusto Rusconi, aunque le premie con el más tórrido striptease.


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Comentario:

Realizada en 1963, Vittorio De Sica,  uno de los maestros del neorrealismo italiano, junto a Rosellini o Visconti ( 'La Terra trema,1948 ), que  nos dejó un gran legado en su trilogía constituida por 'El ladrón de bicicletas', 1948, 'Umberto D', 1951 y  'Milagro en Milán', 1952,  construye una crónica de la evolución económica y social de la República italiana desde el fin de la guerra y la caída del fascismo de Mussolini hasta el comienzo de la década de los 60, que permite a cualquier observador imparcial comprobar como ha ido evolucionando  la economía, la educación y la sensibilidad hacia el museo al aire libre que constituye cualquier ciudad italiana. La imagen fija con la que cierra el film, una fotografía de la Piazza Navona en la que se inscriben los créditos finales resulta sorprendente a un viajero actual: coches aparcados a ambos lados de la calle que circunda la plataforma central en la que se eleva majestuosa la fuente de Bernini, que rivaliza con  la Iglesia de Santa Agnes de Borromini, una plaza construida sobre el estadio de Domiciano, del siglo I después de Cristo.  Los edificios circundantes medio arruinados por la guerra y la pobreza de medios para su  restauración así como la ausencia total de los restaurantes (sólo se adivina uno a lo lejos) que hoy se llenan de turistas en busca de la famosa pasta italiana, pizzas y spaghettis, y otras atracciones (pintores, músicos, mimos...) que acuden tras los visitantes, hacen irreconocible este lugar.

Vittorio De Sicca divide su película, Ieri, Oggi, Domani, en tres relatos con diferentes guionistas, Eduardo Philippo, Isabella Quaranttoti y Cesare Zavattini,  que muestran la evolución del país entre el ayer de la posguerra, el hoy del desarrollismo de la década de los 60 basado en una expansión de la construcción febril que favoreció el nacimiento de los nuevos ricos, y el futuro que se adivina, en el que  la 'Loren' ensimismó, ensimisma y ensimismará al espectador con uno de los strepteases más sensuales de la Historia del Cine, en un momento en el que no había un único patrón de mujer y ella se caracterizaba por la exuberancia de sus curvas. El primero y el más interesante de los tres, el que mejor retrata la sociedad italiana de la época sobre la que, como anuncia el título del film, se sustenta la Italia de hoy, es una breve comedia de humor negro que nos cuenta la historia de Adelina en una ciudad depauperada, sucia, arruinada por las bombas y la pobreza, con unas casas cuyo interior todavía más sórdido y sucio que el exterior se convierte  en protagonista de la acción: una sola estancia en la que conviven una cocina ennegrecida por el humo, la cama del matrimonio, la mesa, las cunas y otros apaños que funcionan como cama de los hijos del matrimonio, es lo menos parecido a un hogar, en el que sin embargo no se puede decir que los protagonistas sean infelices. Los hombres son, como ellos se llaman a sí mismos, unos mammoni, seres dependientes de la mamma, que se ocupan de ellos, tengan la edad que tengan y ocupen el lugar que ocupen en la sociedad, ya sean unos infelices como Carmine o el Presidente de la nación; la madre del protagonista o su mujer cargan sobre sus hombros la manutención del hijo y del marido,  mientras este realiza la función continua del semental, lo que va debilitando sus fuerzas; ambas compiten por cuidar al hombre de la casa. La esposa vende tabaco de contrabando en una calle céntrica de Nápoles, en la que las mujeres se sitúan en un extremo de una amplia vía llena de escalones, sentadas ante unas mesas, que retiran rápidamente cuando llegan los carabinieri, dando origen a un paisaje similar al de los 'mantas' que extienden su mercancía ilegal en las calles céntricas de las ciudades, y han ideado un mecanismo para recoger rápidamente con su manta los productos que venden (discos, bolsos, pañuelos,,,) y salir corriendo en caso de que aparezca la policía. Un paisaje desolador en el que una de estas mujeres, como ocurre con la protagonista, puede acabar encarcelada con sus hijos más pequeños, y la única forma de evitarlo es dejándose embarazar. Sin embargo Sicca nos muestra la solidaridad del pueblo que se ha perdido con el desarrollo económico que ha lavado la cara de sus ciudades, pero no ha librado de la pobreza a los hogares.

La segunda, protagonizada por una mujer Anna (Primo Tempo) opta por un relato dramático. La protagonista es una mujer elegante (vestida de Dior), casada con un constructor cuyo nombre aparece en vallas publicitarias que jalonan las carreteras con anuncios de nuevos complejos de viviendas. Una mujer soberbia e ignorante, que viaja en rolls royce, se distrae con amantes modestos a los que intenta prostituir con su dinero, como Renzo, que llega a enamorarse de ella y acaba despreciado y tirado en un carretera, tras un accidente en el que ha destrozado el morro del lujoso y aparente automóvil. La última mujer, como  ocurre con la segunda, no es una mamma, sino una prostituta que disfruta de un piso en la Piazza Navona, una mujer de ayer, de hoy  y de mañana, que ejerce un oficio tan antiguo como la humanidad, que existirá mientras haya mujeres que decidan cobrar por practicar el sexo y hombres dispuestos a pagar por ello, una relación que garantiza la independencia emocional de las parejas eventuales. Mara no recibe hombres en su casa por necesidad, como hubiera podido hacer la íntegra y decente Adelina, que vendía tabaco de contrabando y se hacía embarazar por el marido para evitar la cárcel; esta mujer gusta a los hombres y ello le permite vivir bien, en uno de los lugares más bellos del mundo. No sólo enamora a hombres maduros, sino a un joven vecino aspirante a cura, que queda fascinado ante esta esplendorosa mujer como el adolescente que es. Mara es una mujer religiosa como corresponde a la ciudad en la que reside el poder temporal de la Iglesia Católica, y dispuesta a arrastrarse ante las personas intransigente que, movidas por el interés más záfios, se 'rebajan' a tratar a las profesionales del sexo como seres humanos.

Vittorio De Sicca murió en 1974 y no tuvo tiempo de ver la Roma de 'La Grande Belleza' de Paolo Sorrentino (2013), pero hasta donde fue capaz nos dejó un magnífico testimonio de los pilares sobre los que se asienta la idiosincrasia del pueblo italiano, un país en el que sea cual sea la ideología o la clase social de sus gentes, la mamma ocupa un lugar central. Carmine vive entre dos mammas: la suya propia y la madre de sus hijos. Por la primera se deja cuidar, a la segunda le da hijos, al menos hasta que consiga un trabajo; del contrabando de tabaco se ocupaban las mujeres y no lo hacían precisamente de forma discreta, y los hombres, como mucho, vendían verduras en carros. Nadie pintaba sus casas, ni arreglaba las puertas, ni limpiaba las cocinas, simplemente se apelotonaban en una estancia en la que apenas se podían mover; si se producía un desahucio los enseres personales y los muebles de los inquilinos se repartían por las casas de los vecinos. Si alguien iba a la cárcel todos daban un poco de dinero en las escasa transacciones que se realizaban para pagar la fianza...Pobreza, miseria y suciedad, combinada con una solidaridad humana hoy desconocida. Gracias al cine de realizadores como Vittorio DeSicca podemos conocer como se vivió la posguerra en parte de la Europa ex-comabatiente. En muchas de sus películas, en las que Sophia Loren era la protagonista,el cineasta se muestra como un socialista utópico, un hombre que prefiere la cercanía ente las gentes, aunque la rentabilidad de los negocios sea menor; entre la humanidad y el dinero se decanta por la solidaridad entre los hombres. Un buen ejemplo es la historia de Adelina, en la que hombres, mujeres y niños llenan las calles a la menor ocasión, se pasan las noticias que afectan a las personas de puerta en puerta, los hombres cantan a sus mujeres ante sus balcones...




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