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viernes, 29 de mayo de 2015

Nuestro último verano en Escocia. Ficha técnica, sinopsis y comentario.




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Ficha técnica:

Título original: What We Did on Our Holliday.
País: Gran Bretaña
Año: 2014.
Duración:  95 minutos.

Guión y Dirección:  Andy Hamilton y  Guy Jenkin.
Dirección de Fotografía: Martín Hawkins y Guy Jenkin.
Dirección de Fotografía: Martin Hawkins. Color.
Música:  Alex Heffes.
Montaje: Steve Temple y Mark Williams.

Productores:  Dan Winch y David M.Thompson.
Compañías. Productoras: Lipsync Productions, Origin Pictures, BBC Films.


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Intérpretes:

Rosamund Pike: Abi.
David Tennant:  Doug,
Billy Connolly: Gordy McLeod,
Celia Imrie: Agnes  Chisholm,
Ben Miller: Gavin McLeod,
Annette Crosbie: Doreen,
Emilia Jones: Lottie McLeod,
Amelia Bullmore: Margaret McLeod,
Bobbie malldridge: Mickey McLeod,
Alexia Barlier: Françoise Dupré.


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Sinopsis:

Doug (David Tennant), Abi (Rosamund Pike) y sus tres hijos cruzan las Highlands de Escocia para asistir al cumpleaños del padre de Doug (Billy Connolly). La familia se enfrenta a un duro reto: Doug y Abi quieren divorciarse y no se lo han dicho a la familia, así que todos tendrán que disimular para que nadie se de cuenta. Para ello contarán con el apoyo de sus hijos, hasta que una serie de circunstancias aumentará las tensiones y hará florecer los sentimientos soterrados. 'Nuestro último verano en Escocia' supone el debut en la dirección cinematográfica de Andy Hamilton y el segundo trabajo de Guy Jenkin ('El lenguaje de los sueños').


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Críticas y Comentario:


Ciertos críticos como Nicolás Ruíz se muestran sorprendidos de las buenas notas de los usuarios y críticas de la prensa (79 % de aceptación de la prensa y 87 % del público, Rotten Tomatoes) para la película de  Andy Hamilton y Guy Jenkin y del fotógrafo Martin Hawkins, "trío habitual de la televisión y responsables de la exitosa serie Outnumbered" que comenta extrañado que, a pesar del tratamiento  de la imagen y su paleta de colores poco convencional, claramente pastel y extraño para una película de corte familiar, algo que ha pasado totalmente inadvertido por un público entregado y fascinado con la historia de una familia en la que el protagonismo corre a cargo de tres niños, en ciertos momentos francamente odiosos y repelentes, que protagonizan una hazaña totalmente incomprensible en la actualidad, con un background enrevesado y difícil de descodificar, que hace recaer todos los problemas en las familias disfuncionales, con los padres separados, cuyos hijos aprehenden aspectos de la vida que algunos pueden considerar inadecuados y precoces  que, al fin, son los desencadenantes de la situación.

Nicolás Ruíz concluye:" Así podemos decir que la propuesta no engaña a nadie, incluso que ciertos diálogos tienen chispa y que los niños protagonistas, convenientemente desnaturalizados) Pueden resultar incluso simpáticos (dependiendo  del miembro de la familia que seas) ". Cualquiera que se mezcle con el público observa a qué parte del público se refiere Nicolás Ruiz y con que miembros de su familia está asociando a estos niños, "y es que quizás la clásica trama de Nuestro verano en Escocia donde niños y un anciano resuelven con sencillez y bondad los complejos problemas de los mayores podría ser simil de la puesta en escena y el trabajo  con la imagen que muestra el film británico." (Nuestro último  verano en Escocia. Una propuesta que no engaña. Dirigido por..., mayo 2015).




Javier Ocaña aporta un juicio muy particular y muy subjetivo, con escaso fundamento técnico: "Con un papel esencial para los niños y un trabajo sensacional en la dirección de sus interpretaciones, Hamilton y Jenkin aplican su experiencia en el manejo del tempo de la comedia, tanto en la réplica y en la contrarréplica como en su montaje y puesta en escena, para que las acciones y las frases de los críos nunca resulten redichas o falsamente brillantes, y sí verdaderamente simpáticas e impredecibles. Mejor cuanto más loca, y algo más rutinaria cuando acude al tono dramático, la película se goza de cabo a rabo, y sin forzar la blandenguería en su desenlace." (Los niños impredecibles. Diario 'El País, 29 de mayo de 2015). Lo bueno de utilizar etiquetas es que no es necesario justificarlas, sobre todo se si habla desde un trono, pero, mientras algunos sienten que ciertas partes del desarrollo de la historia, sin ir más lejos la secuencia de la playa, se extiende en exceso y se resuelve de la forma más bizarra; el hecho de que los niños resulten irresistibles o un auténtico peñazo depende, como dice Nicolás Ruíz, del miembro de la familia que seas (especialmente abuelos-nietos). Paso de otras etiquestas que utilizan otros 'críticos' como 'predecible (el film es todo menos predecible), para Geoffrey Macnab (The Independent), otros calificativos menos habituales, como mona y encantadora ( Olly Richards de Empire), curiosas interpretaciones como humor observacional (Trevor Johnston, Time Out), un humor culpable y muy 'british', como afirma Luís Martínez (El Mundo) :"Hay placeres que sólo se disfrutan cuando uno cruza el canal de la Mancha. Todo lo repugnante que puede parecer en casa un desayuno con judías, de repente se antoja hasta apetecible del otro lado. ¿Y qué decir de la insalubre moqueta? Este filme tiene algo de placer británico, una modalidad algo más compleja del placer culpable. Da un poco de grima, pero cómo resistirse." Pues será eso.




Entre la perplejidad de quien no entiende ese 'humor culpable', en el que creemos sólo si tenemos mucha fe porque, como no somo ingleses, no entendemos las razones (que tampoco se nos explican), y la complacencia de quienes, a pesar de haber nacido en España, disfrutan como enanos oyendo a unos niños aplicando la gramática parda con naturalidad de manera redundante, y relacionándose con un abuelo nada convencional, un anciano de cabello largo, que los anima a incumplir las normas que les imponen los responsables de su educación, a los que, al fin, en Inglaterra y San Petersburgo, mediante las imágenes, muy explícitas,y los diálogos abundantes y más explícitas todavía, hace felices la complicidad entre los más jóvenes y los mayores de la familia, que pueden hacer esos guiños a los pequeños seres a los que no tienen la obligación de regañar. Algo que entienden todos, y, al parecer quienes han nacido al otro lado del Atlántico en particular.

Como dice Nicolás Ruíz, no se puede decir que es una película mala, pero sí que se disfruta de muy diversa manera según la ideología y la sensibilidad del público adulto, que se deleitan con estas pequeñas y grandes provocaciones, y aquellos niños cuyos padres consideren que pueden asistir a la proyección de un film que invita a la rebeldía de los más pequeños y aconsejan a las parejas a mantenerse unidas en pro de los hijos, aunque sean tan pintorescas como los dos matrimonios que protagonizan el film. Los bellos paisajes escoceses, tratados con una fotografía fascinante, la narración que discurre de forma convencional, sencilla, no siempre equilibrada, pero de fácil lectura, puede llegar a un público amplio y bien definido. Una feelgood movie (género de películas que te hacen sentir bien) para uso de la burguesía en tiempos de crisis: enormes mansiones, buena comida, gente guapa, entre la que se incluye un abuelo hippie del 68. Historias filmadas en bellos paisajes con filtros de bellos colores, en medio de los cuales uno puede hasta intentar reproducir la historia de sus antepasados originarios, ya sean celtas, vikingos, galos o romanos. Un nuevo género que puede hacer soñar a través de la experiencia vicaria a amplios sectores de la plebe.


 

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