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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

viernes, 8 de mayo de 2015

Suite francesa. Saul Dibb.



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Ficha técnica:

Título original: Suite Française.
País: Reino Unido.
Año: 2014.
Duración: 107 minutos.

Dirección: Saul Dibb .
Guión: Matt Charman y Saul Dibb, basado en un libro de Irène Némirowsky.
Dirección de Fotografía: Eduard Grau.
Música: Rael Jones.
Montaje: Chris Dickens.

Diseño de Vestuario: Michael O'Connor.

Productor: Romain Bremond, Andrea Cronwell, Michael Kuhn y Xavier Marchand,
Diseño de producción: Michael Carlin.
Compañías: Alliance Films,/Qwerty Films/Scope Pictures.

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Intérpretes:

Michelle Williams:  Lucile Angellier,
Margot Robbie : Celina,
Kristin Scott Thomas: Madame Angellier,
Sam Riley .  Benoit,
Matthias Schoenaerts : Bruno von Falk,
Tom Schilling : Kurt Bonnet,
Ruth Wilson : Madeleine Labaire,
Lambert Wilso: Vizconde de Montmort,
Harriet Walter: Vizcondesa de Montmort,
...

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Sinopsis:  

Lucile Angellier (Michelle Williams) es una mujer que espera ansiadamente noticias sobre su marido, prisionero de guerra. Vive junto con su suegra pero la relación entre ellas no es sostenible, dado que la suegra controla y presiona a Lucile continuamente. El problema surge cuando tienen que acoger a un grupo de refugiados que vienen seguidos de un grupo de soldados alemanes que se establece en el pueblo de Lucile y  Lucile empiece a enamorarse de un oficial alemán, Bruno (Matthias Schoenaerts).





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Críticas:

"Anna Smith, incide en el transfondo inquietante de realismo en una situación en la que unos oficiales nazis explotan, en principio, moderadamente desde su situación de preponderancia, aunque los acontecimientos se  aceleran cuando la fiebre se extiende en la aldea.Son la actuaciones las que salvan, de vez en cuando, con jabón,  esta adaptación de mediano éxito." ( Anna Smith. Suite frances. Adaptación de la novela de Irene Némirovsky con Michelle Williams. Empire).



Geoffrey MacNab es mucho más severo en su análisis, como veremos a continuación:" La versión de la novela que hace la película dirigida por Saul Dibb es descaradamente romántica. Está  basada en la segunda parte del libro de Némirovsky,  y el resultado es una adaptación entusiasta pero desequilibrado de la novela (...) en la que  las primeras escenas son eficaces en la representación del caos que siguió a la invasión nazi (...) produciendo una sensación surrealista con las imágenes de civiles bien vestidos pero exhaustos tomados a la deriva en el pintoresco paisaje, tratando de hacer frente a la muerte y destrucción a su alrededor (...) Pero los personajes franceses hablan en Inglés con detalles de estilo de la BBC, lo que es incongruente (especialmente con lo que escriben en francés), con tintes grotescos al estilo de muchos dramas británicos sobre la resistencia francesa. El guión de Dibb y Matt Charman, se esfuerza por ir más allá de las caricaturas habituales que se encuentran en las películas de la Segunda Guerra Mundial. pero se dan cuenta de que sería perverso en extremo retratar a los nazis como  un ejército simpático (...) Alguna escena, sin pretenderlo, adquiere un tono cómico, cuando algunas mujeres locales se sienten atraídas por los soldados alemanes descamisados en un lugar en el que no había hombres desde hacía mucho tiempo." (Suite francesa, revisión de la película: un despacho romántico, pero discordantes sobre el amor y la guerra. The Independent).




 'Suite francesa tiene una estupenda producción, un elenco de primera y un buen gusto conservador hasta lo exagerado, pero no tiene alma, garra ni verdadera pasión. La dirección de Dibb es competente en las materias de producción del ritmo, algo similar a lo que ocurre con la fotografía de Eduard Grau, que utiliza gran cantidad de destellos de luz en el pelo de la protagonista, halos de contraluz que sugieren una torpe sensualidad." (Suite francesa: reseña del film.Leslie Felperin. The Hollywood Reporter).




Javier Ocaña destaca los aspectos positivos del film: "Si quieres saber de verdad cómo es la gente, cómo es cada persona, monta una guerra”. Se podría pensar que la frase, tremebunda, implacable, inmersa en los primeros minutos de película, hace referencia únicamente al lado oscuro del ser humano. Y, sin embargo, si se es optimista, también puede definir esa actitud moral, esa valentía, esa solidaridad que nunca pensamos que determinados personajes podrían tener en tiempos de muerte y crueldad (...) esas producciones de aspecto impoluto, excelentes intérpretes y enorme interés dramático, donde una cierta superficialidad en el desarrollo provoca que los aspectos sentimentales y melodramáticos acaben ganando la partida a los más ambiguos, trascendentes y, por qué no, interesantes." (La batalla interior. Diario 'El País',  8 de mayo de 2015).



Francisco Marinero hace una de las críticas más positivas de la película : " (...)  se trata de típico cine británico, empezando por una magnífica recreación de época que no se queda en lo decorativo sino que también quiere mostrar las costumbres y los conflictos de clases en la sociedad donde se desarrolla una historia de amor en la que, según recuerda la voz en off, nunca se pronunció la palabra amor. Veraz parcialmente y también verosímil, tiene lugar en un pueblo de la Francia ocupada por los nazis: un teniente es alojado en la mansión de una terrateniente que vive con su nuera, de cuyo marido militar no se tienen noticias. El rencor que despiertan los invasores no impide que la mujer joven y el oficial, vinculados al principio por la música, vayan sintiendo una atracción profunda. La historia de amor está perfectamente contada y la tragedia se desencadena con lógica fatal."  (Amor silenciado. Diario 'El Mundo', 7 de mayo de 2015).


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Comentario:

Si aceptamos la máxima de que la forma es el discurso en una producción audiovisual y  no en la novela que se sirve del lenguaje escrito, es obvio que Saul Dibb presenta una imagen amable del ejército  por mucho que Geoffrey MacNab (The Independent) advierta de que  " sería perverso en extremo retratar a los nazis como  un ejército simpático", pero no cabe la menor duda de que esto es así. Muchos franceses simpatizaron con los invasores nazis y colaboraron con el III Reich, lo que no es ningún secreto, una connivencia que se materializó en el régimen de Vichy, que instauró el mariscal Philippe Pétain tras la firma del armisticio con la Alemania nazi, que se hace explícita en el film. Pero otros muchos se escondieron por diversas razones (judios, comunistas, políticos, escritores...), que no tienen presencia en la película, con la excepción de Benoit (Sam Riley).

A partir de ahí el pueblo se llena de rubios querubines que exhiben sus cuerpos cuidados y blancos en la plaza del pueblo de los que quedan prendados las mujeres en edad de actividad sexual. El tratamiento de los personajes, tanto los principales como los secundarios, es de un maniqueísmo total . Las dos féminas que representan a la clase alta francesa: Madame Amgellier (Kristin Scott Thomas) y la Vizcondesa de Monstmort (Harriet Walter), son dos mujeres odiosas a las que temen los propios oficiales alemanes, lo que despierta, en algunos momentos, la hilaridad del público; el populacho francés no es mejor, sino que se dedica a saldar sus cuentas entre ellos actuando de acusicas ante el ejército invasor, enviando anónimos sobre la vida privada, -muy privada-, de los vecinos: tal vecino es homosexual, tiene hijos naturales fuera del matrimonio... Los alemanes se convierten en los jueces de estas situaciones y cuando distribuyen a los oficiales por las mejores casas del lugar, se comportan como buenos hijos de sus madres, amantes de sus esposas e hijos, que respetan a los que les facilitan el hospedaje con unas formas super-exquisitas. Sólo uno de ellos se  excede, Kurt Bonnet, y comienza a coquetear con la esposa del comunista del pueblo que se lo toma a mal, los humilla y desencadena la única tragedia en esta plácida relación.

En el último tramo de la película el ejército alemán comienza a comportarse mucho peor, buscando al rojo, pero su actitud no se acerca ni de lejos a películas como 'La lista de Shindler', dando pie a ciertos espectadores a expresar abiertamente que buenos y malos había en todas partes, cosa que no dudamos, como tampoco negamos la posibilidad de que las mujeres se enamorasen de los combatientes que llegaban a su localidad. De todos es sabido que muchos americanos tuvieron hijos con italianas. Pero lo que no se le ocurre a nadie, excepto a Saul Dibb es ignorar que Hitler invadió con su ejército toda  Europa en la defensa de un pangermanismo que no sentían los pueblos invadidos, que pagaron con millones de muertos su falta de entusiasmo, algo que han narrado los cineastas de todos los pueblos implicados en la contienda, incluidos los propios alemanes; las primeras víctimas del sistema fueron ejecutados o tuvieron que emigrar. El realizador acelera la acción en el último momento, después de malgastar más de  dos tercios del metraje en un tratamiento vacuo y de un romanticismo preciosista de bellos alemanes y guapas francesas deambulando por los campos y practicando el sexo, apareamiento que justifica  Celina (Margot Robbie) por la necesidad que provoca la falta de hombres.Entre Bruno y Celina velas, copas de vino en recipientes preciosistas, bellos trajes y miradas bobaliconas de enamorado, que satisfacen a un público conservador , según Leslie Felperini. que pasa por alto la naturaleza del militar nazi, que fusila inocentes cada vez que se lo ordenan.

Todo lo que piensas que no es posible que ocurra, ocurre, como que Bruno (cuyo nombre conocemos al final), aunque actúe de forma muy irregular, no tenga consecuencias incluso cuando comete faltas que podrían costarle la vida a un soldado en cualquier ejército democrático (si se le puede llamar así), como el abandono del puesto, siendo oficial con hombres a cargo, utilizando una moto militar para encubrir a la amante y  la muerte de dos soldados alemanes a manos de dos personas que huyen para integrarse en la resistencia en París, una cuestión de la que es conocedor otro oficial germano. Situaciones como éstas se combinan con actos de violencia que consisten  en romper vajilla y destrozar objetos, así como llevarse a una mujer judía que viaja con una documentación que la identifica como tal llena de estrellas de David, pero sin abofetear a nadie. Cada uno puede defender lo que quiera, pero hay imágenes en este film totalmente indefendibles, ni siquiera por una posición revisionista de la historia que contradice a millones de testigos, incluidos alemanes y austriacos, checos, húngaros y otros considerados germanos que también fueron perseguidos.



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