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martes, 2 de junio de 2015

Dredd






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Ficha técnica:

Título original:  Dredd.
País: Inglaterra.
Año: 2012.
Duración:  95 minutos.

Dirección: Pete Travis.
Guión: Alex Garland, basado en los personajes de John Wagner y Carlos Ezquerra.
Dirección de Fotografía: Anthonie Dod Mantie.
Música: Paul Leonard-Morgan.
Edición: Mark  Eckersley.

Diseño de Vestuario: Michael O'Connor y Diana Cilliers.

Productores: Alex Garland, Andrew  MacDonald y Allon Reich.
Diseño de producción: Mark Digby.
Compañías: Distribuidora: Alfa Films.

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Intérpretes:

Karl Urban Juez  Dredd,
Olivia Thirlby Anderson,
Lena Feadey Ma-Ma,
Wood Harris: Kay,
Langley Kirkwood: juez Lex,
Junior Singo : Amos,
Luke Tyler : Freel,
Jason Cope :Zwirner,
Domhnall Gleeson :Clan Techie,
Warrick Grier :Caleb.


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Sinopsis:

En un futuro cercano, Norteamérica se ha convertido en un vertedero radioactivo, rodeado por una muralla que lo aisla del páramo,  en cuyo interior se erige una única y gran megalópolis que se extiende a lo largo de la costa este, desde Boston hasta Washington D.C. : Mega City 1, un paisaje de asfalto ininterrumpido, habitado por 800 millones de personas que viven entre ruinas del viejo mundo y megaestructuras del nuevo, mega-bloques, mega-autopistas...; una ciudad convulsa, asfixiante, que se derrumba bajo su propio peso. Fuera de las murallas el desierto .

Cada uno de sus habitantes es un infractor en potencia, la mayoría son ciudadanos temerosos de la calle. Los encargados de acabar con el caos e imponer el orden son unos individuos que actúan a la vez como agentes de la ley, jueces, jurados y verdugos. Al frente de ellos está Dredd (Karl Urban), una leyenda viva de la justicia que vive entregado por entero a hacer cumplir la ley. En una misión aparentemente rutinaria junto a Cassandra Anderson (Olivia Thrilby), una juez novata dotada de grandes habilidades psíquicas, se disponen a investigar un homicidio en un peligroso rascacielos de 200 pisos de altura, controlado por el clan de la despiadada Ma-Ma (Lena Headley), que controla la droga más poderosa del momento el slo-mo. Pero al intentar arrestar a uno de los principales secuaces de Ma-Ma, ella cierra a cal y canto todo el edificio y ordena a sus hombres que capturen a los jueces. La lucha por la supervivencia, obligará a Dredd y Cassandra a actuar de manera implacable. Nueva adaptación del cómic homónimo ya llevado a la pantalla en 1995.

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Comentario:

Vivimos tiempos convulsos y, aunque la mayor parte de los espectadores se evaden de los conflictos con una actitud escapista, ya no pueden seguir ignorando que las carteleras de los cines se llenan de películas distópicas, catastrofistas, muchas de ellas basadas en cómics violentos como éste, otras frutos del pensamiento de guionistas y cineastas. Dredd se mueve en un ambiente futurista funesto, distópico, una especie de Mad-Max urbano femenino, acompañado de un juez-jurado y verdugo en una sociedad desestructurada, ingobernable, sin políticos, en la que los ciudadanos imponen su ley, mientras se degradan cada día en una sociedad cuyo beneficio reside en el tráfico de sustancias que no producen otra cosa que destrucción. Frente a ellos un poder absoluto que reúne en su propia persona la capacidad de legislar y decidir el momento en que debe aplicar la justicia, actuando  como  el dios de los hebreos del Antiguo Testamento. Pero este sistema, además de terrible e injusto es corruptible. Pete Travis crea un juez pre-democrático, que se enfrenta a otros peores que él.

Esta película es como un regalo del destino. que ha querido que una cadena de televisión la incluyera en su programación, ( con mucha probabilidad pasará  pronto a videoclubs de cadenas de pago ), para que pudiéramos reflexionar sobre ella y la situación actual de los jueces que, más preocupados por su prestigio que por el bien común, acaban convirtiendose en unos tiranos que deciden a quien liberar, encarcelar o matar. Travis elige una forma tan estrafalaria como su contenido, para mostrar la arbitrariedad y venalidad de los magistrados,  una mezcla del catastrofismo informático de Roland Emerich, de emulación de Paul Verhoeven y su roboCop para crear su ídolo,y una ubicación distopica, filmada en gran parte con planos cenitales y slow-motion ( cámaras lentas ), sin que se vea clara la razón a no ser la de mostrar la impotencia del ser humano, entre la violencia hija de la necesidad extrema y la justicia ciega en el peor de los sentidos; grandes angulares y planos generales al servicio de una distopía bizarra, reforzada con la imagen de bloques de viviendas que han perdido todo su esplendor y muestran sus paredes y sus estancias desnudas, su osamenta de hierro oxidado por el tiempo y el oxido del orín, paredes desconchadas y restos de una industria floreciente en otros tiempos por todas partes; músculos y grandes tatuajes definen a los personajes al servicio e los villanos, que se encuentran a un super-juez, un magistrado estrella, enfundado en un traje de hérore y con la cabeza cubierta con un casco que evoca al de Magneto (X-Men), , que tiene como ayudante a una mutante. No falta de nada en este relato violento, basado en un cómic que describe una sociedad en la que Montesquieu ha muerto y no ha sido sustituido por nada. Un proceso que, de forma más sutil, quizás ya ha empezado con la erosión de los poderes legislativo y ejecutivo, representado por los políticos. Narrada por una voz en off  un tanto bronca y pausada, no evoca Sin-city (Robert Rodriguez, Frank Miller y Quentin Tarantino)

." Una gran obra de entretenimiento cutre", dice Peter Hartlaub (San Francisco Chronicle)", en la que "el futuro de la humanidad está lejos del ideal: los policías no solo detienen sino que juzgan y hasta ejecutan en una labor de tiránico pluriempleo, mientras el aspecto de nuestro devenir es el de una inmensa estación de autobuses de provincias, olor a orín incrustado, podredumbre sexual y moral, desconfianza en la mirada (...)La descripción del mundo con voz en off, el uso de las tres dimensiones, el colorid y el compás de la música y de los efectos de sonido conforman un tercio inicial de cine que se huele, que se toca, que sorprende." (Policía, juez, ejecutor. Diario 'El País'). Película de la que se deben abstener los partidarios de reducir los gastos sociales del Estado y ofrecer tres por uno, en un film que se ahorra además en juicios y que aplica penas de muerte y las ejecuta sin un papel.

Noel Zeballos centra bien el tema del film, que, bromas aparte, da escalofríos: "Representante sin rostro del orden en un futuro que no cree en la separación de poderes, el Juez Dredd (nacido en las páginas de la revista de cómics 2000 AD) lleva desde 1977 poniendo a sus lectores en una encrucijada moral: sus historietas, cargadas de rabia punk contra la autoridad, también pueden leerse como un sincero canto al heroísmo en una sociedad (la nuestra, con mínimos cambios) podrida y asfixiante. Se trata, por tanto, de un icono difícil de manejar, como su nefasta apropiación por parte de Sylvester Stallone –'Juez Dredd' (Danny Cannon, 1995)– se encargó de confirmar. "(Para acompañar las palomitas con pura adrenalina. Fotogramas).

Fernando López da un veredicto muy negativo del film:" Juez, jurado y verdugo de gatillo fácil, Dredd es el "héroe" protegido por el enorme casco que apenas deja ver un tercio de su cara: la boca que emite frases breves, preferentemente monosilábicas en un tono cool que da cuenta de su determinación, su fiereza y su inalterable calma. Estamos en un futuro posapocalíptico, sombrío y desolador, donde 800 millones de personas sobreviven como marginales en las ruinas del mundo que fue o en los gigantescos edificios de una Mega City única que abarca desde Boston hasta Washington. Para muchos, el crimen es la única salida; el poder está en manos de las pandillas más feroces y sólo los llamados jueces intentan poner algún orden en el caos, aplicando las sentencias inapelables de sus juicios sumarísimos.(...) ; el film más ultraviolento de los últimos tiempos. un mundo del futuro tan negro que nos hce ver el actual como un paraíso- y el uso de todos los recursos de que el cine dispone para producir impactos visuales y sonoros." (Violencia en 3D y un futuro desolador. La Nación). Una película que viene a dar la razón a Brad Bird cuando se lamenta de que la prensa culpable vende un futuro tan cargado de nubarrones que la gente se traga la distopía que ya está viviendo como si fuera una galleta, mientras muchos pescan a río revuelto.



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