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martes, 30 de junio de 2015

La costilla de Adán. George Cuckor





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Ficha técnica:

Título original: Adam's Rib.
País: Estados Unidos.
Año: 1949. España: 29 de septiembre de 1950.
Duración: 101 minutos.

Dirección: George Cuckor.
Guión: Ruth Gordon.
Dirección de Fotografía: George Folsey.
Música: Miklós Rózsa.


Compañías. Metro Goldwyn Mayer.

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Intérpretes:

Spencer Tracy: Adam Bonner.
Katharine Hepburn: Amanda Bonner,
Judy Holliday: Doris Attinger,
Tom Ewell: Warren Attinger,
David Wayne: Kip Lurie,
Jean Hagen: Beryl Caighn,
Hope Emerson: Olympia La Pere,
Eve March: grace,
Clarence Kolb: Judge Reiser,
Emerson Treacy: Jules Frikke,
Polly Moran: Mrs. McGrath,
Will Wright: Juez Marcasson,
Elizabeth Elournoy: Dra. Margareth Brodeigh.

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Sinopsis:

Amanda (Katherine Hepburn) y Adam Bonner (Spencer Tracy) son un perfecto matrimonio de abogados estadounidenses cuya felicidad se ve quebrantada por una infidelidad ajena a su unión. Amanda, como letrada, se verá obligada a defender a una mujer que ha disparado e intentado matar, aunque no lo ha conseguido, a su marido y a su amante tras encontrárselos en la cama. Sin embargo, Adam, como fiscal jefe, se verá en la tesitura de ejercer la acusación contra la agresora. El fiscal piensa que un hecho de estas características no está justificado por muy despechado que alguien se sienta y que, por lo tanto, la mujer debe pagar por lo que ha hecho. Sin embargo, Amanda defiende ante el juez la teoría de que si hubiese sido al contrario, es decir, si fuese el hombre el que hubiese encontrado a su mujer con un amante, el acto no pasaría a mayores y ni siquiera habría un juicio. (Sensacine).


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 Premios:

1950: Nominada al Oscar: Mejor historia y guión
1950: Globos de oro: Nominada Mejor actriz de reparto (Judy Holliday).


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Comentario:

Se acercan las vacaciones de verano y se empiezan a reflejar tanto en las carteleras de los cines como en las programaciones de la televisión, ya sean en los pseudo-informativos y tertulias políticas como en los espacios de entretenimiento, la bajada de calidad de las ofertas. Hacen su reaparición estelar, como ocurre en cada periodo vacacional, los grandes mitos del cine clásico, el realizado en las décadas de los 40 y 50, con directores como Howard Hawks o, como en este caso George Cuckor. Juan Zavala, Elio Castro-Villacañas y Antonio C.Martínez, en un libro divertido que intenta dar explicaciones de rumores muy extendidos en torno a las estrellas, directores y productores de la época, nos cuentan cómo el departamento de publicidad de la Metro vendió a George Cuckcor como un director de mujeres, protagonistas de  comedias irónicas y frívolas, en las que su perfil autoral era difícil de detectar, porque cedía toda libertad de iniciativa a sus actores, siendo considerado por sus biógrafos como 'director de actores'. Un hombre culto y buen conservador fuera del plató, era un gran animador de las fiestas de Hollywood; el mismo organizaba encuentros con jóvenes los domingos por la tarde, que si bien no tuvieron consecuencias con los empresarios, -se dice que Mayer le preguntó una vez:" ¿Eres homosexual? Y Cuckor respondió: "Escrupulosamente" -, sin embargo fue desplazado de la dirección de 'Lo que el viento se llevó', porque el actor  Clark Gable había estallado en mitad de una escena diciendo: "¡Nunca me dejaré dirigir por un mariquita!" (1)

En 'La costilla de Adán' George Cuckor es cierto que se plantea no tanto el derecho como el respeto al hecho diferencial del hombre y la mujer, - ¡Vive la difference!, proclama alborozado el protagonista Adam Bonner antes de cerrar las cortinas del dosel del lecho matrimonial, con todas las connotaciones que el espectador quiera atribuir a su grito de guerra-, y la proclamación de la igualdad dentro de la diferencia. Pero no todo es oro lo que reluce, a pesar de que si comparamos esta screwball con la realidad de países como España donde el 'abandono del hogar' era un hecho constitutivo de delito que acarreaba penas de cárcel, o el asesinato de una mujer pillada en adulterio in fraganti se saldaba como una cuestión de honor, (también en Estados Unidos, según el testimonio de la esposa de Bonner, abogada como él), la historia  puede ser considerada todo un avance.

Pero este film ha perdido vigencia con el tiempo, lo que rebaja la pretensión de universalidad e intemporalidad que le atribuyen algunos, cuando hablan de la 'guerra de sexos' como algo que tiene unas constantes que se mantienen a lo largo del tiempo, cosa que no es así, especialmente porque la lucha de las mujeres ha dado su fruto, y ciertos comportamientos de un galán de cincuenta años no serían entendidos por los jóvenes del siglo XXI, especialmente su actitud paternalista con la mujer. Uno de los gags que producen vergüenza ajena es aquel en el que el hombre, parodiando a la mujer (en sentido genérico) fuerza un simulacro de lloro para  acabar con la resistencia de su oponente, cosa que la esposa acepta con absoluta normalidad. El galán actual, representado, entre otros por Brad Pitt, es un hombre que llora abundantemente en la pantalla, por muy diversas razones, no todas relacionadas con el amor, sino con otros sentimientos como el paterno-filial como ocurre en la película de González Iñarritu, Babel (2006); la representación de Spencer Tracy abochorna hoy a sectores amplios de la población, que más o menos concienciados en relación a la igualdad de sexos, no entienden esta chanza, lo que rebaja la calificación de magistral  y la vocación de universalidad que se ha venido otorgando a este film de Cuckor.





(1) El cine contado con sencillez. Juan Zavala, Elio Castro Villacañas y Antonio C.Martínez. Maeva, págs. 97-98, 1ª edición, año 2000).



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