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sábado, 13 de junio de 2015

Lejos del mundanal ruido. Comentario de Rosa Labrandero.







Comentario:

Hace algunos años, cuando Thomas Vinterberg militaba con Lars Von Trier y Susanne Bier, entre otros, en el movimiento Dogma 95, uno de cuyos emblemas fue 'Celebración' (1998), pocos esperaban que algún día hiciera una película como 'Lejos del mundanal ruído', una adaptación de enjundia de la cuarta la novela de Thomas Hardy, un escritor inglés, superador del naturalismo, que se formó leyendo a los poetas románticos y postrománticos. Un buen texto, un guionista que se ha visto obligado a constreñir una larga historia en 119 minutos y captar al mismo tiempo la mentalidad de la época, incluidas las costumbres populares de los cantos en las fiestas que marcan los ciclos agrícolas, la economía de la pequeña nobleza y la burguesía rural que trabaja codo con codo con sus campesinos y participa en fiestas con ellos, y la incorporación de los prototipos de la novela romántica, dirigidos por Vinterberg, realizador de historias como 'La caza', dispuesto a hacer una adaptación tan oscura como lo es, en ocasiones, la fotografía de Charlotte Bruus Christensen. Un reto difícil de alcanzar en momentos tan críticos como los que estamos viviendo.




Las dificultades de adaptar a la pantalla una obra literaria escrita para entretenimiento de una población, ubicada en una era de cambios profundos que las gentes vivían, como ocurre con todas las generaciones, sin ser conscientes de la magnitud de las transformaciones que se estaban experimentando en un mundo que se hundía para dar paso a otro renovado, son obvias, aunque Vinterberg las sortea con su talento. Esta clase de literatura cuya trama giraba en torno a una historia romántica, pero que se inscribía en un contexto socio-económico más amplio, que constituía su mayor atractivo, se solía editar por episodios, en este caso anónimos, en principio,y en forma de serial mensual, en la revista literaria The Cornhill Magazine. El éxito entre sus lectores,  hizo salir a Hardy del anonimato en las ediciones de 1895 y 1910. Es de todos conocido que, a diferencia de la obra literaria, la cinematográfica suele ser colectiva, con excepción de algunos cineastas que asumen las partes decisivas del producto, (guión, dirección, edición significativa e incluso, aunque de forma menos habitual, la dirección artística o la propia producción en cualquiera de sus partes). La elección de Thomas Vinterberg para llevar a cabo este proyecto no es absolutamente inocente, y en  el desarrollo de la historia se dejará sentir todo el peso de la literatura que gira en torno a las revoluciones que estaba experimentando Europa desde finales del XVIII y a lo largo del siglo XIX, y no sólo la de la producción inglesa, sino de novelas tan emblemáticas como las de Leon Tolstoi, (Ana Karénina o Guerra y Paz).



El guión está construido en torno a dos polos opuestos, dos personajes que definen como ninguno las transformaciones que se están operando en la época: Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts), y Bathshehba Everdene; el primero encarna al hombre innovador, un  vanguardiasta campesino pequeño-burgués arruinado, cuyos conocimientos reclama la pequeña nobleza y los agricultores pudientes. Un hombre sólido como su cuerpo, un amante duradero, un compañero y un camarada, que carece del espíritu frívolo y formalmente apasionado, que generalmente acompaña a los jóvenes de 28 años como él, que le impide tomar la delantera en las lides amorosas, aunque se deja sobreentender que tras la aparente dureza reposa un volcán de pasiones preparado para estallar (un tópico de las historias románticas, muy del gusto de las Hermanas Bronte, de Jane Austen y de las novelas pulp, muy reconocible por un público que lo hace su favorito desde el comienzo del film). Frente a él la mujer, su oponente en el amor, pero  compañera en el trabajo y rompedora en las relaciones comerciales y financieras, reservadas hasta entonces a los hombres, que consigue, finalmente, hacerse respetar por éstos; la personalidad de Bathshehba es, a ratos, caprichosa, y siempre llevando las riendas de sus negocios y de sus sentimientos, hasta que cae en las redes del amor romántico más pernicioso, una circunstancia que ha provocado que muchos consideren  la novela de Hardy uno de los ejemplos primitivos de literatura feminista. A su alrededor giran  un viejo noble que cae en una trampa, a causa de un cruel engaño, y el joven militar, una figura paralela a la del Conde Alekséi Kiríllovich Vronski, el  amante de Anna Karénina de León Tolstoi, ,publicada también en forma de folletín en Ruskii Véstnik (El mensajero ruso), entre enero de 1875 y abril de 1877,  que  pronto fue considerada una obra maestra del realismo ruso. Estos personajes están rodeados de otros de la misma naturaleza que Gabriel Oak.




Con estos materiales encima de la mesa. es frecuente que las adaptaciones naufraguen y defrauden a los lectores empedernidos, que esperan ver en la pantalla no sólo la brillante y estimulante historia de amor entre dos jóvenes bellos, ricos y triunfadores, sino los análisis del medio que estos escritores llevaban a cabo; el último gran fracaso corre a cargo del gran adaptador Joe Wright y su inclasificable Anna Karénina. Poner al frente de esta obra a Vinterberg y darle los recursos que ideológicamente despreciaba durante su época de militancia en Dogma 95, que se hacen manifiestos en la primera cabalgada de Bathshehba en la secuencia inicial, suponía la garantía de que  la cosa no se iba a producir como de costumbre, sino que el danés iba a equilibrar las partes del discurso e iba a hacer visible la sociedad rural de la Inglaterra de fines del XIX, con todos los cambios que se estaban operando en ella, en especial la rotación de cultivos. Y ésto sí es una cuestión de guión cinematográfico, aunque desconocemos las diferentes lecturas que hará el público en función de su experiencia y su formación cultural.



Volvemos sobre el personaje más atractivo, para el que el equipo, encabezado por Nina Gold en las tareas de casting ha seleccionado a Schoenaerts. Sin una sola voz en off, sin un intento de orientar al espectador con medios extradiegéticos, Vinterberg consigue hacer cine con palabras mayúsculas. Gabriel es un hombre, un capitalista en ciernes que se empeña en montar su propia explotación agropecuaria capitalista, poniendo en práctica sistemas como el  Nolfork, creado por un noble terrateniente, Sir Thomas Coke de Holkman, que duplicó las rentas en 40 años. Este sistema se basa en la rotación cuatrienal de cultivos:


La rotación permite no agotar la tierra, eliminar gradualmente el barbecho (que deja improductiva una cuarta parte del terreno), lo que, a su vez, permite sacar más provecho de ella y alimentar durante el invierno a hombres y animales, evitando las matanzas de fin de otoño. Pero la película no nos va a contar de una manera tan explícita ésto, sino haciendo hincapié en algunas consecuencias y obligando al espectador a centrar su atención en Gabriel, no sólo como amante y hombre honesto, sino como innovador: cuando las ovejas  de Bathshehba escapan de su redil y se lanzan a un campo sembrado de trébol y devoran sin parar esta hierba, enferman de muerte, y el único que sabe cómo salvarlas es este hombre fuerte. sólido, con cara de niño y al fin enamorado. Cualquier panorámica nos muestra cómo se trabaja en esos momentos el campo: ya no se siembra a voleo, sino que, siguiendo las investigaciones de Jethro Tull (1674-1740), se hace en hileras, lo que facilita limpiar los campos de malas hierbas, remover las tierras cerca de las raíces, e introducir sembradoras y cultivadoras tiradas por caballos. De nuevo vemos a Gabriel al frente de esta explotación agropecuaria. Cuando, en cierta ocasión  G. Oak acude al castillo de William Woldwood  (Michael Sheen), vemos a los cerdos campar a sus anchas por los prados, invadidos por  una sencilla arquitectura que emula, modestamente, los jardines de los nobles; William acabará contratando a Oak.




Robert Bakewell (1725-1795) introduce la oveja New Leicestershire, que daba más carne y más lana, productos que precisaba la revolución industrial que se estaba llevando a cabo en Inglaterra y que necesitaba lana para su industria textil y alimentos para sus trabajadores. En una se las secuencias vemos a nuestros dos protagonistas metiendo en el agua y lavando a estas esponjosas ovejas. No se olvidan Vinterberg ni David Nicholls de la mejora de las herramientas agrícolas (arados más modernos, guadañas, instrumentos para esquilar) y lo hacen de la misma forma: Gabriel enseña a la mujer a afilar los instrumentos cortantes en una escena que evoca la erótica secuencia de Patric Swaize y Demi Moore dando forma con el torno a una cerámica en Gosht (1990), que Everdene, como quiere la joven que la llamen, rechaza pronto. Ante las inclemencias del tiempo, las sequías, las inundaciones, será de nuevo Gabriel quien tenga los suficientes conocimientos y la responsabilidad de saber lo que hay que hacer y poder hacerlo en cualquier momento. Este hombre representa el ideal romántico del revolucionario inglés que se puso a la vanguardia de la reforma de las estructuras arcaicas en el campo y aumentó su productividad, reduciendo los efectos de los desastres ambientales, en la medida de sus posibilidades, algo que no lo incapacitaba para amar profundamente y ser el perfecto compañero, el que  una mujer siempre tiene a tu lado y no enfrente de ella.



Bathshehba es una joven de 20 años, con los suficientes arreos para plantar cara a cualquier hombre que se quiera cruzar en su camino y amedrantarla por ser mujer, pero ella no se arredra ante ninguno de ellos, acude al mercado de grano a vender su producto, rechaza ofertas de matrimonio e incluso se permite el lujo de burlarse de alguno de ellos, pero nunca ha conocido el amor carnal y es virgen como la Reina Isabel, lo que la hace vulnerable para cualquier 'espadón' que esté dispuesto a deslumbrar a una jovencita con su osadía y su uniforme militar de brillantes colores. De este modo una mujer libre y emprendedora cae en las garras de un marido jugador que la maltrata. La historia se inicia a fines del siglo XIX; más de cien años antes, María Wolstonecraft (madre de Mary Shelley, creadora del mito de Frankenstein),  había iniciado con su obra 'Vindicación de los derechos de la Mujer' el movimiento feminista inglés, de tal forma que no es extraño encontrar mujeres como Bethshehba y su ayudante femenina, que hayan interiorizado la igualdad entre ambos sexos y estén dispuestas a luchar por sus derechos, ya sean vender grano, lavar a los corderos o elegir el hombre con el que quieren pasar su vida. Pero el ser humano en ocasiones no controla su vida.

De esta forma Vinterberg satisface las esperanzas que habían puesto en él, bien los fans del cine de amor romántico, manteniendo una tensión erótica subyacente a lo largo del film que emerge en forma de miradas furtivas, como a los que no quieren que en estas adaptaciones se desnude  la historia del contexto histórico en el que nace; el cineasta es europeo y  no puede prescindir de su carga cultural e ideológica. La secuencia en un claro del bosque entre Bathshehba y el Sargento Frank Troy (Tom Sturridge), un joven de buena familia, jugador empedernido y de naturaleza enamoradiza, mostrándole con la espada la diferencia que existe entre un hombre y una mujer, robándole sin permiso un beso y sobrepasándose en los tocamientos, es una de las más simbólicas del film, y marca la distancia con el resto de los hombres, a la vez que explica la causa de su fracaso: el temor a no ser correspondidos.

Quienes busquen el glamour y el oropel, las fiestas que animan los grandes salones de los palacios de los nobles, los bellos vestidos de época, quizás se sientan algo defraudados, sin llegar a comprender los esfuerzos que hace el cine de hoy por documentarse en profundidad, y hacernos llegar con la construcción de una diégesis, cada vez más cercana a la realidad,  al pasado más reciente, en el que se sentaron las bases de los más de doscientos años de prosperidad de que ha gozado el hombre y realizar el perfil más próximo al hombre de hoy de todos aquellos que lo hicieron posible, representados por Gabriel Oak, un campesino modesto, que se conforma con ser considerado un pastor y  que tiene entre sus proyectos marchar al país de las oportunidades, al otro lado del Atlántico. Inglaterra fue pionera y sus escritores legaron a la humanidad múltiples retratos de estos hombres que hoy recoge el cine. Mattias Schoenaerts se revela como un actor llamado a desempeñar muchos de estos papeles, un hombre de físico imponente, un Liam Neeson del siglo XXI, que ya impactó en 'La suit francaiçe' (Saul Dibb, 2014). Junto a él Carey Mulligan representa a la mujer cuya actitud se adelanta al resto de féminas de su tiempo, desde una perspectiva más individual que militante, y que nos da una prueba más de que sabe desenvolverse en cualquier papel con dignidad.


 (1) La llamada Revolución Industrial ,Arístides Silva Otero y Mariela Mata de Grossi.


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