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domingo, 5 de julio de 2015

Abril. Nanni Moretti.Comentario










Ficha técnica, sinopsis. críticas (Pincha aquí)

Comentario.

Aunque esta película es de 1997 la hemos seleccionado porque nos ha parecido muy oportuna para realizar una aproximación a la tesitura que Europa está atravesando y que muchos somos incapaces de decodificar, porque no hemos pasado, salvo en alguna que otra ocasión, que se ha vivido como una excepción en Cataluña y Baleares, por la necesidad de realizar pactos entre sensibilidades políticas diferentes y no hemos tenido la experiencia de tener que convivir con movimientos populistas, que los italianos denominan autócratas y que denuncian la vieja política, algo que no es en absoluto nuevo. Nanni Moretti ha experimentado este via crucis  e incluso ha estado muy cerca de movimientos como M5S, capitaneado por Beppe Grillo, que ha conseguido un  trasvase de voto del 33 %  del partido de Berlusconi. Un político que no se cansa de repetir que no existen ideas de izquierdas o de derechas, sino ideas inteligentes o estúpidas» El problema reside en quién decide qué ideas son inteligente y cuáles estúpidas, dos calificaciones extremadamente subjetivas.

El actor, director y escritor  Nanni Moretti ha sido descrito, a menudo, como el Woody Allen italiano, y si en alguna película el espectador siente esta similitud entre ambos es en 'Abril', una sensación que se refuerza con el recuerdo de otras películas suyas como 'Caro diario',  una cinta en la que muestra las mismas inseguridades, las mismas hipocondrías, las dudas y el hartazgo de quien, más implicado en la vida política de su país que el norteamericano, comienza a dar síntomas de cansancio que en la cinta que nos ocupa lo incapacitan para realizar un documental sobre la Italia del momento en que se hizo la película, aburrido de los vaivenes emocionales a que está sometido el pueblo italiano, que depende de esa franja de indecisos que se desplaza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda y que pueden cambiar en el último momento la dirección de su voto inclinándose hacia un bando o el contrario de forma diferente a  la prevista cuando se acostaron, si por la mañana hace sol. Estos son los argumentos expuestos por los creadores de opinión mediante la invasión constante de la prensa diaria de sondeos muy cocinados. El día de unas elecciones cualesquiera, desde el balcón de la sede del Partido Socialista, Moretti se pregunta ante un sol brillante en qué sentido se decantarán los votos de los volubles.

Se entenderá, pues, que le falte, ante semejantes perspectivas, la ilusión necesaria para realizar un documental de recuperación de la memoria histórica, siguiendo, según algunos, su tendencia natural influenciada por Abbas Kiarostami, (que yo no veo tan clara)  y que vaya tejiendo sus sentimientos políticos a los recién estrenados paterno-filiales, dando prioridad a éstos últimos. porque todos los hombres tienen el mismo derecho a cansarse de los demás alguna vez, y terminar haciendo una película musical sobre una pastelería italiana de los años 50 tan superficial como la actitud de los que se tuestan al sol y luego se quejan de la vida, es decir de los que han decidido por ellos. Italia ha pasado por todas las fases que nosotros comenzamos a transitar ahora, cuando muchos celebran el fin del bipartidismo, y no tiene precio la secuencia en la que Moretti escribe un montón de cartas, las introduce en sus sobres, escribe la dirección del destinatario y finalmente nunca las llega a enviar, ya sea al partido comunista italiano, a los socialistas italianos, a los extra-parlamentarios italianos, porque es consciente de que no puede producir heridas profundas que dejen cicatrices imposible de curar y que pueden impedir futuros pactos en el futuro, algo que parece que muchos no tienen en cuenta. También va recopilando recortes de revistas sobre todas aquellas cosas que le gustaría erradicar y que tienen que ver con el culto al cuerpo, las velinas, el famoseo...

Cada hito personal se conjuga con secuencias alternas que mezclan texturas (cinematográficas, televisivas...) con el objetivo de favorecer una irrupción de la realidad en la ficción que tiene mucho que ver con su propia vida, incluido el nacimiento de su primer hijo, un pequeño bebé que crece con los acontecimientos históricos y políticos que su padre celebra, rodeado de recortes, carteles y otros documentos (28 de marzo de 1994, triunfo de Berlusconi; 17 de mayo de 1996, triunfo del Olivo y llegada al poder: Romano  Prodi, Massimo D'Alema, Giuliano Amato; 2001, vuelta al poder de Berlusconi...). A estos vaivenes se une las tendencias centrífugas de Padania, defendidas por la Liga del Norte, frente a la que Moretti opone sarcásticamente la independencia de la Emilia Romania, porque tiene los mejores jardines de infancia de Italia, y se va a defenderlo donde van aquellos a los que no escucha nadie: el Hyde Park de Londres. Hijo de padres intelectuales y eruditos Moretti quiere que su hijo adquiera una sensibilidad temprana ante las letras y las artes.

No es la primera vez que Italia oye hablar de nuevo orden (en alemán neuordnung), de terribles connotaciones para los italianos; Moretti selecciona un fragmento de una entrevista televisiva en la que  Berlusconi ofrece garantías de derechos, libertad para que todos puedan vivir seguros en un país libre, sin odios sociales, sin envidias de clase, y pronostica que la gente de Italia luchará contra los viejos partidos (lo que desconocía en ese momento es que los nuevos le iban a arrebatar 7 millones de votos); será la Italia que trabaja frente a la que cacarea; Beppe Grillo acuñará un nuevo concepto con el que intentará tomar el poder, la casta, pero ha sido incapaz de organizar un partido sólido que lo lleve al poder. Así las cosas, luchadores incansables como Moretti, que observan en el emblemático puerto de Brindisi el escaso interés que despierta entre los 'nuevos revolucionarios', si se les compara con los movimientos juveniles de la década de los 70,  la entrada de miles de parias de diferentes partes del mundo en busca de la tierra prometida, procedentes de países donde sus ciudadanos cobran sueldos de esclavitud; ignoran las condiciones reales de los países de acogida. El desencanto, si se sobrevive, está servido.




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