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viernes, 31 de julio de 2015

Corazones de acero






Ficha técnica, sinopsis, críticas (Pincha aquí).


Comentario:


"Los ideales son pacíficos, la historia es violenta." 


"Son jóvenes y están vivos."

Hay ciertas cosas, ( y empleamos la palabra cosa como el comodín clásico que es),  que determinan y condicionan el mensaje que David Ayer nos va a transmitir, varias características del lenguaje audiovisual que son mucho más elocuentes que montones de páginas de un libro y que confirman lo que dice Antonio José Navarro, el crítico al que 'Dirigido por...' le encomendó la crítica de esta película: el punto de vista objetivo de la cámara, 'El ojo tachado' de Buñuel, que interpretó en su libro Jenaro Talens; la presencia de un testigo inocente, un joven recién incorporado a filas, Norman Elison ( Logan Lerman), un soldado que todavía cree en que hay una 'guerra buena' cuyo objetivo es salvar vidas inocentes; la espalda lacerada de Brad Pitt, uno de los mejores actores de la actualidad, cuyo personaje se sitúa en el punto justo entre la inocencia y el cinismo basado en el conocimiento profundo de esta contienda, con la suficiente autoridad para controlar a sus guerreros y, por último, la amalgama, la fusión perfecta de bellos paisajes, atravesados por estrechos caminos para el ganado y los vehículos necesarios para la labranza, repletos de columnas de civiles que huyen de la guerra total, decretada por Hitler, de soldados que marchan en dirección contraria hacia el infierno, de tanques, objetivo frecuente del fuego enemigo, cadáveres, restos de seres humanos y animales, barro, alcohol para sobrevivir, tabaco y el exceso cuando se da la ocasión.

Personajes que se erigen en prototipos, como el religioso, interpretado por Shia Labeouf, que siente el remordimiento y llora con frecuencia, y en especial antes de las emboscadas que preparan para cazar al enemigo, cuando recuerda los caminos sembrados de muerte o mientras reza: "Y oí la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré y quien irá  por nosotros ?" "Isaias 6.8"  apunta 'Chacal' (BradPitt), en una demostración de que en momentos de angustia todos se dirigen a un ser superior; o el descreído Grady 'Coon-Ass' Travis (John Bernthal), un joven bregado en la lucha que es más bravucón en la apariencia, mucho más manso en la realidad. La secuencia final muestra la pérdida de la poca inocencia que quedaba en el grupo, víctima del instinto de supervivencia, que convierte al hombre en una fiera que lucha a muerte con su enemigo. Sus plegarias son tan laicas como religiosas, un lamento y una petición de ayuda a un ser superior.

Tiene razón Antonio José Navarro cuando advierte de que la difusión de la noción de 'guerra buena' ha favorecido posteriores invasiones bélicas de los neocom, consideradas ilegales por las Naciones Unidas, pero hay que atender en primer lugar aquellos mensajes populistas que enfrentan al hombre con el hombre con lemas simples que fomentan el odio, que hacen posible que deban morir muchos más aún cuando ya se sabe que la guerra está decidida, que hay un bando perdedor y que por esta razón los jefes se han suicidado al conocer que su suerte ya está echada. Pero David Ayer no renuncia al individualismo, a lo que los cristianos llaman libre albedrío, a la supremacía del héroe americano que da su vida por un ideal, en la secuencia que pone fin a la película, en la que tres soldados se enfrentan a los restos de un batallón de kartoffels, ( apelativo que aplicaban los aliados a los soldados alemanes, que significa patata), realizando una buena matanza, a la que les mueve el deseo de venganza contra quien, tras declarar la guerra total, que suponía la  movilización de ancianos, mujeres y niños, abandonaban a su pueblo, suicidándose en sus bunkers, después de  ingerir veneno o alcohol. El tanque, desde el que han realizado su último acto heroico se convierte en su sepulcro.

David Ayer deja, no obstante, una puerta abierta a la esperanza. El primer 'fallo' de Norman, según el criterio de sus compañeros, fue perdonar la vida a un joven alemán, que luego mató a algunos de los suyos, porque era casi un niño; mas, cuando él se convierte en el único superviviente americano y se camufla bajo el tanque, donde lo encuentra un joven alemán, éste le perdona la vida a él. Todo, pues, no está perdido, por mucho que se hable de 'la gente' como si todos y cada uno de nosotros fuéramos algo compacto. Alguien deberá preocuparse de analizar algún día el por qué desde la noche de los tiempos los hombres se dividen en pacifistas, populistas, resentidos, liberales, comunistas, socialistas y otros muchos más -istas e integrantes de tribus urbanas. Terminada la acción, la cámara se eleva y nos muestra en el centro de un plano cenital, en el que el barro, los soldados, vivos y muertos y el tanque, que lleva en su panza los cuerpos del grupo que ha protagonizado el film, recubierto de casquillos de todo tipo de munición, se confunden formando una superficie gris-azulada, una misma materia fangosa que es la guerra. El cañón del tanque, al que sus ocupantes  han puesto el nombre de Fury, un símbolo fálico del poder patriarcal, amenaza a todo lo que pueda restar de vida.

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