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jueves, 2 de julio de 2015

Meantime. Mike Leigh. Comentario.







Ficha técnica, sinopsis.


Comentario:

Meantime es un film de Mike Leigh, un cineasta que procedía de Huston, Texas, nacido en el seno de una familia judía emigrante de origen británico, que antes del nacimiento del director cambió su apellido, Lieberman para evitar cualquier suspicacia que derivara en una persecución abierta.  Su padre era médico de una zona trabajadora, Salford, cerca de Manchester. Mike se formó en la Royal Academic of Dramatic Art, la Camberwell School of Art, en la Central School of Art and Design y la London International Film School . Antes de debutar a finales de los años 60 como director, representando trabajó para la  televisión, generalmente con  su actriz fetiche Alison Steadman (con la que se casaría en 1973) y sus personajes eran prototipos de la clase obrera londinense. Debuta en la gran pantalla con Bleak Moments (1972), inclinándose, desde los orígenes  por un cine  social y urbano, poniendo su cámara al servicio de los problemas habituales de la clase media británica. Pero su primer film fracasó y tuvo que volver a trabajar para la televisión con producciones como Hard Labour (1973), Nuts in may (1976), Abigail’s Party (1977), Meantime (1984) o Four days in July (1985), una serie de trabajos en los que siempre estuvo presente el sello característico de Leigh: la sátira e ironía sobre el día a día del trabajador británico en plena época de Margaret Thatcher.

Meantime narra de la forma más descarnada, sin ninguna concesión a la mala conciencia del espectador, la situación de los trabajadores ingleses, que bien por indiferencia o insolidaridad del resto de la población que padeció el thatcherismo, consintió que su país cayera en el estado de degradación que muestra el film. Los personajes se mueven entre unas casas prácticamente inhabitables,  las calle, y la oficina de empleo a la que acuden sin ningún estímulo, a fichar para cobrar el consiguiente subsidio, una cultura que fomentó la 'Dama de Hierro' a costa de la pérdida de dignidad de su conciudadanos, a los que intentó entretener, por si faltaba poco,  con  la intervención en una guerra imperialista.

Ni los jóvenes ni los adultos tenían ninguna perspectiva de mejorar su vida, lo que se traducía en una vida cotidiana basada en el holgar permanente, saltando desde las camas a unas vías públicas que nadie cuidaba, sembradas de plásticos y papeles, los célebres bloques de casas en los que Joe Cornish construyó una impresionante metáfora, cuando situó su batalla alienígena de Attack de Block (2011), una historia en la que los atacantes sólo tienen dientes para devorar a sus miserables víctimas, careciendo de ojos para no ver la situación de penuria en la que se hallan. El daño que entonces se produjo apenas se ha podido remontar, y cuando los ingleses parecían recuperados de esta etapa de pobreza y depauperación, la crisis de 2008 los hundió, junto al resto de la población mundial en una crisis mucho más profunda, en la que, sin apenas percatarse, el hombre estaba ingresando en una nueva era, la tecnológica, cuyo progreso está concentrando el capital en pocas manos,  acompañado de un progresivo deterioro de las clases medias y bajas.

Una pequeña parte de la población entiende lo que está pasando y saben lo difícil que es competir con los dueños de unos medios de producción mucho más poderosos, u obtener una parte muy pequeña del pastel. Los jóvenes que retrataba Leigh no participaban de la cultura del esfuerzo, se conformaban con hacer alguna chapuza de vez en cuando para comprarse unas botas Martens, que les costaban una fortuna (20 libras) o raparse el pelo por una módica cantidad, para integrarse en el grupo que contaba, aunque fueran unos desgraciados: los hooligans o los  skinheads.

El film está completo, en versión original con subtítulos en castellano en Youtube, pero advertimos a quien se acerque a él que Leigh no celebra la violencia, ni enaltece a los marginales, sino que los muestra inmersos en sus condiciones miserables de vida, en los que ganar una libra de vez en cuando era un hecho excepcional y en el la cacareada violencia se quedaba en algún amago de valentía que no tenía recorrido en una clase social que no se podía permitir un desliz. Unos colectivos para los que acudir a la lavandería, en torno a la que Stephen Frears hace un film muy interesante, protagonizado por un jovencísimo Daniel Day Lewis (Mi hermosa lavandería, 1985) no era un lujo ni un entretenimiento, sino una necesidad ,ya que sólo los privilegiados podían disponer de uno de estos electrodomésticos en casa. Esta situación comienza a darse ahora en países a los que los ingleses llaman pigs (Portugal, Italia, Grecia y España), algo que era insólito en estas latitudes.




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