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domingo, 9 de agosto de 2015

ET.El Extraterrestre. Comentario









Comentario:

El día que murió Carlo Rambaldi, (14 de agosto de 2012),  el creador de King-Kong, Alien y ET, decidí que había llegado el momento más temido: escribir sobre uno de los directores que cambió el cine, que marcó a varias generaciones de espectadores y cineastas, y que hizo la película que sigue siendo el emblema del cine contemporáneo, junto a 'La Guerra de las Galaxias', le pese a quien le pese, El arte evoluciona, afirma Noël Simsolo, no así la ceguera de algunos jueces. Hoy TCM la incluye de nuevo en su programación de verano y nos animamos a hablar de ella.

Podemos empezar reproduciendo lo que siente el propio Spielberg ante su 'criatura': "No me gusta decir cuál es mi película favorita de todas las que he hecho, porque es casi como admitir que tienes un hijo favorito. 'La lista de Schindler'es la película más significativa que he realizado, pero E.T. es la más personal. Hoy en día se ha convertido en un cliché decir que cierta película está dirigida al niño que todos llevamos dentro. Yo pienso que E.T. está dirigida a la persona que somos, a la persona que hemos sido y a la persona que nos gustaría volver a ser". Nadie puede afirmar que el mago de las emociones no le ha hecho llorar en la secuencia final de esta película, y una sé pregunta, mientras el agua mana de sus ojos, qué nos pasa en realidad, qué echamos de menos, qué significa la madurez, por qué todos queremos volver a casa, como el extraterrestre, aunque nos de vergüenza confesarlo, por qué llora el crítico de 'Ratatouille' cuando toma el plato que le hacía su madre, y un largo etcétera de cuestiones que hablan de nuestras desengaños y frustraciones de las que intentamos hacer partícipes a los demás. Spielberg sólo tiene que sacar su vara mágica, su música de John Williams, sus bicicletas voladoras, para hacer aflorar a la superficie al niño que llevamos dentro, por mucho que no queramos demostrarlo. Y eso lo hace como pocos.

No por casualidad los extraterrestres aterrizan su nave en Beverly Hills, en la atalaya donde están las letras que anuncian Hollywood y que se han convertido en símbolo de la Meca del Cine, donde toda ficción es posible y desde donde E.T. contempla la ciudad de Los Ángeles. Pero en la industria del cine se estaba produciendo una gran renovación, encabezada por la 'generación de los barbudos' (El cine contado con sencillez. Juan Zavala, Elio Castro-Villacañas y Antonio C.Martínez), entre los que se encontraban directores como Coppola, Scorsese, Steven Spielberg y George Lucas, una renovación que muchos sectores no han acabado de digerir y lo máximo que les reconocen es lo que no se puede negar: su éxito comercial. La crisis de Hollywood de la década de los 70, causada en gran parte por la competencia de la televisión y el desmantelamiento consecuente de los grandes estudios, al que se sumó la crisis del petróleo que derivo en una depresión mundial, que redujo la financiación y vació las salas de proyección, llenó las pantallas de películas catastrofistas y distopías futuristas con alienígenas hostiles, algunas auténticas obras maestras como Alien de Ridley Scott, o Blade Runner en el mismo año que Spielberg hizo E.T. 

Lucas y Spielberg dieron un giro 'humano' y esperanzador, en el que los extraterrestres no venían a destruirnos y la convivencia era posible. El planteamiento de Lucas era más racional e intelectual y no excluía abordar la existencia de un lado oscuro del hombre, que emerge con fuerza en los momentos críticos, pero no veía la tecnología y el avance científico como enemigos, por lo que sus máquinas, sus androides (c3po o r2d2) son amables, de trato afable y siempre leales, no como Hal el computador de Kubrick que se rebela contra los tripulantes de la nave y los extermina. Pero si las películas de Lucas han estado siempre dominadas por la racionalidad (THX 1138, o la saga de La Guerra de las Galaxias), Steven Spielberg maneja como muy pocos directores la emoción, logrando momentos de una belleza sublime y difícil de igualar, a la que contribuye poderosamente la música de John Williams, para quien el cine ha sido su gran Mecenas. 

Estos momentos casi religiosos, metafísicos y sobrenaturales, como el de las bicicletas pedaleando en el cielo y atravesando del sol poniente elevadas por los poderes telequinéticos del alienígena, están simbolizados por ese dedo índice de ET que toca ligeramente el de Elliot, en un gesto semejante al del creador pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina en el momento en que está tranfiriendo la vida al hombre. Esta gran generación de realizadores, que trabajaron juntos y han colaborado hasta hoy a través de las empresas que creó George Lucas, (Lucas Films), y que han realizado los efectos especiales de las producciones más espectaculares, hoy bajo el control de Kathleen Kennedy, productora junto con Spielberg de E.T., realiza constantes homenajes a su compañero y amigo, que seis años antes había iniciado su obra cumbre, La Guerra de las Galaxias, y vemos a Elliot jugando con esos muñecos, que duermen en tantos arcones de treintañeros, de Lando Calrissian o Boba Fett. 

En la fiesta de Halloween un pequeño disfrazado de Yoda, mira sorprendido y admirado la criatura de Spielberg cubierta por una sábana y andando torpemente, un claro cameo y un guiño al amigo y reconocido gran competidor George Lucas. No en vano el realizador de Ohio ha sido llamado el Rey Midas, porque todo lo que toca lo convierte en oro, y es cierto que tras lograr que sus películas entren en la clasificación convencional de obras de culto (El imperio del sol, la saga de Indiana Jones, Minority report...)  cuando decidió cambiar de tercio y jugársela con dos películas muy comprometidas políticamente: La lista de Schindler y Munich, la suerte le sonrió de nuevo. Pero si algo caracteriza al realizador es saber manejar la magia del cine y crear momentos inolvidables que han inspirado e inspirarán a otros jóvenes cineastas, (entre ellos el español Amenabar), que declaran sin ambages la influencia que ha ejercido en ellos el creador de Indiana Jones. E.T. es una película que no pierde fuerza ni actualidad con el paso del tiempo y que puede seguir marcando a generaciones de hombres y haciendo realidad el sueño del director norteamericano.

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