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jueves, 24 de septiembre de 2015

28 días después. Comentario.







Comentario.


28 días después es una distopia postapocalípotica tras la pandemia que arrasa Gran Bretaña, y la búsqueda de unos supervivientes del sentido de la catástrofe, que ha llenado el país de infectados, con alguna característica de los zombies, ya que sólo atacan por la noche, aunque no son muertos vivientes, sino enfermos dominados por una 'furia asesina'. Michael Moore denuncia en sus documentales las nuevas formas de sometimiento de la población, mediante el miedo; las enfermedades infecciosas son la nueva paranoia de la sociedad occidental, una amenaza invisible, que está a la espera, en el aire, para atacar a la humanidad. Diferentes alarmas se han desatado; el SIDA, la fiebre aftosa, el síndrome de las vacas locas, la gripe A, ( que inspiró el film de los hermanos Alex y David Pastor, Infectados), el ecoli de los pepinos o los brotes de soja...; alguna de estas enfermedades ha pasado de los animales a los hombres, como ya sabemos. La mayor movilidad de la población contribuye a la difusión de las enfermedades, y las barreras nacionales no suponen ningún impedimento. Los gobiernos no pueden hacer frente a estas amenazas y dejan huérfanos a los ciudadanos que confían en que otros les resuelvan sus problemas.

Pero Danny Boyle no se quiere quedar ahí y se plantea la cuestión moral de si la pandemia de la rabia asesina es una enfermedad moderna o forma parte de la esencia de los humanos, poniendo de manifiesto lo que éstos son capaces de hacer; a medida que avanza la epidemia la furia va siendo sustituida por una idea mucho más peligrosa: la de la supervivencia básica y su lema 'sálvese quien pueda'. El mundo como lo conocíamos ha terminado, y la cuestión que debemos resolver es cómo seguir vivos: no volveremos a oir música nueva, a leer un libro que no haya sido escrito ya, o ver una película que ya no esté hecha. Cualquiera que se pare y reflexione un poco observará que el desarrollo de las nuevas tecnologías, que usa Danny Boyle muy acertadamente, no ha supuesto la democratización sino todo lo contrario; el individuo ha quedado solo, aislado e intentando supervivir como puede, lo que le hace más sensible a cualquier campaña de amedrantamiento.

El director construye, con la ayuda de todo el equipo (guionistamaquilladores, fotógrafos, cámaras...) la diégesis de un país paralizado por una nueva enfermedad. El hombre lleva muy poco tiempo en la tierra, reflexiona un militar, y si desaparece ésta volverá a la normalidad. Como prototipos humanos quedan un mensajero, una farmacéutica endurecida, fría y calculadora, un hombre, del que se desconoce el oficio, un comandante y ocho soldados ¿Ha logrado ser evacuada la clase dominante?

Desde el primer momento llama la atención la estética visual elegida por el director, aspera y en ocasiones borrosa, lo que consigue con cámaras digitales, como las que controlan metros, calles, establecimientos, estética muy apropiada para representar la vida urbana de ciudades como Londres o Manchestermilagrosamente vacías, gracias a la colaboración institucionalDanny Boyle lo considera el medio adecuado para que algo parezca real. Filma con varias cámaras a la vez, logrando una mayor espontaneidad de los actores, que nunca saben si se rueda un plano general, un gran angular, o un primer plano. La contribución del equipo de Sallie Jaye es de una importancia capital en la creación de un mundo postapocalíptico y extraño, lleno de 'infectados'.

El uso metafórico del miedo y la alarma social ante las pandemias, con efectos económicos catastróficos para las naciones, le sirve a este notable director para denunciar la soledad del individuo en un mundo en decadencia, que está siendo sustituido por otro menos solidario y creativo. Genial.

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