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sábado, 12 de septiembre de 2015

Dioses y monstruos. Bill Condon.



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Ficha técnica:

Título original: Gods and Monsters.
País: estados Unidos.
Año: 1998.
Duración: 105 minutos.

Dirección: Bill Condon.
Guión: Bill Condon, basado en una novela de Christopher Bram, "Father of Frankenstein".
Casting: Valorie Massalas.
Dirección de Fotografía: Stephen M.Katz.
Música: Carter Burwell.
Editor: Virginia Katz.
Director artístico:
Decorador del set.

Diseño de Vestuario: Bruce Finlayson.
Peluquería: Judy Crown,
Resposable de maquillaje: Tarra D.Day.

Productores: Paul Colichman, Gregg Fienberg, Mark R. Harris.
Productores en línea: John Schouweiler y Lisa Levy.
Productores ejecutivos: Clive Barker y Stephen  P.Jarchow, David Forrest, Beau Rogers.
Co-productores ejecutivos: Valorie Massalas, Sam Irvin, Spencer Proffer
Diseño de producción: Richard Sherman.
Compañías: Lions Gate Films, Showtime, BBC Films, Regent Entertainment, Gregg Fienberg.

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Intérpretes:

Ian McKellen: James Whale,
Brendan Fraser Clayton Boone,
Lynn Redgrave: Hanna.
Lolita Davidovich: Betty,
Kevin J. O'Connor: Harry,
David Dukes: David Lewis,
Brandon Keyla: oven Whale,
Pamela Salem: Sarah Whale,
Michael O'Hagan: William Whale.

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Sinopsis:

Relato de los últimos días de vida del realizador James Whale, autor de Frankenstein. En principio su única compañía en esos momentos es su ama de llaves, pero pronto entabla relación con su nuevo jardinero, un apuesto joven al que confía su historia en el Hollywood de los años 30 y por el que se sentirá irresistiblemente atraído.

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Premios (Filmaffinity): 

1998: Oscar: Mejor guión adaptado. 3 Nominaciones: actor (McKellen) y actriz sec. (Redgrave) 1998: Globo de Oro: Mejor actriz de reparto (Lynn Redgrave). 3 nominaciones
1998: Nominada Premios BAFTA: Mejor actriz secundaria (Lynn Redgrave)
1998: Festival de San Sebastián: mejor actor (Ian McKellen), premio especial del jurado
1998: National Board of Review: 2 premios: Mejor película y actor (McKellen)
1998: Asociación de críticos de Toronto: Mejor actor (Ian McKellen)
1998: Critics' Choice Awards: Mejor actor (Ian McKellen). Top 10 - Películas del año

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Críticas y comentario:

El film fue calificado de obra maestra y piadoso retrato de la soledad por Carlos Boyero (Diario 'El Mundo') y se ha señalado la magnífica actuación de Ian McKellen  por Carlos F.Heredero (Fotogramas) o M.Torreiro (Diario 'El País').

Bill Condon aborda el tema del desclasamiento social del personaje, revelado por primera vez en los últimos días de su existencia. Un hombre que, habiendo sido condenados a la pobreza por su nacimiento, por no proceder de noble estirpe como el Catilina de Salustio, se había ganado un lugar acomodado en la sociedad merced a su esfuerzo. El creador de la imagen de Frankenstein y su monstruo, forjado con desechos de otros hombres que habían perdido la vida, era un hombre que había tenido las suficientes agallas para luchar contra su destino, y al que , finalmente, como le ocurrió a George Cukor se le juzgó por su orientación sexual y no por las películas que realizó.  Junto a él pasa sus últimos momentos un jardinero, un chico de la clase media  que vive con su familia 'en el lado equivocado de la vía '; un individuo nacido en una sociedad más democrática que la vieja metrópoli, que, al no estar imbuido de un espíritu combativo es humillado por una joven con la que tiene relaciones sexuales circunstanciales, que lo trata como a un perdedor, y le augura  un triste destino de perenne cortador de césped sin ambiciones, como corresponde a un crío eterno, un discurso que se ha hecho viejo a costa de manosearlo y que ya poco tiene que ver con la realidad. Un hombre no competitivo es, al fin,  sólo un perdedor sentado en la barra de un bar, al que le sirve copas una mujer 'madura' que se encuentra al otro lado del mostrador y no es consciente de que la pobreza la condena al mismo destino.

James Whale reflexiona en voz alta y le confiesa al joven sus orígenes humildes en un país, Inglaterra, donde hay más lados equivocados de la vía de los que cabe imaginar y donde todo el mundo conoce su lugar y si lo olvida siempre hay alguien para recordárselo. "Mi familia no tenía dudas sobre su lugar; comíamos manteca, dormíamos cuatro en una cama y el retrete estaba al final de un callejón. Yo fuí una aberración , un monstruo de la naturaleza. Tenía imaginación, inteligencia, era alegre ¿de dónde saldría todo eso? Desde luego de ellos, no. Me sacaron del colegio a los 14 años y me metieron en una fábrica. No tenían mala intención, era como si a una familia de granjeros le hubieran dado una jirafa y no supieran que hacer con ella. El odio era lo único que mantenía mi alma con vida y entre los pobres que odiaba estaba mi querido y necio padre que fue quien me metió en ese infierno." Con estas escasas palabras está dando una visión del mundo que los incluye a los dos, y lo único que los diferencia es su sometimiento o rebeldía al destino que les viene impuesto. Sobre ellos planea sin descanso la muerte.

Una bella metáfora convierte al joven modelo del ahora 'pintor' Whale en su Doctor Frankenstein, el que va a salvarle del envejecimiento de su cerebro y la pérdida de sus capacidad intelectual a causa de un accidente cardiovascular, causado por una inhalación de humo en un incendio en su mansión familiar. ¿Tiene pareja estable? le pregunta Whale a su jardinero. No, porque para tener pareja estable hay que besarle el culo, contesta; sí, le contesta el cineasta, "pero tenga cuidado con la libertad, en exceso puede ser como una droga." Él eligió la libertad frente a la profesión que más amaba, el cine. Porque lo que en realidad está haciendo Bill Condon es un verdadero ejercicio de metalenguaje, en el que el viejo storyteller, el contador de historias, el pobre joven que se hizo a sí mismo gracias a su talento, está fascinando al joven rudo, áspero, sexista, que teme que el hombre homosexual se sobrepase con él, que ve a los gays como unos sátiros violadores de heterosexuales, pero que le ha tomado afición a la esencia cinematográfica: el arte de fingir, de cincelar relatos con los que entretener, divertir a quien ve y a quien escucha.

Bill condon, (guionista de Chicago), con una puesta en escena en la que el diálogo literario se impone a la imagen, en el que el primer plano se impone a los demás con una edición tranquila, con planos que tienen su lógica contrapartida en el contraplano semántico y visual , y en la que Whale, en una noche perfecta para el misterio y el terror, en la que el aire está lleno de monstruos, intenta hacer comprender a su bruto jardinero que todos tenemos batallas que contar y que todos podemos hacerlo desinhibiéndonos, liberándonos de nuestros monstruos y prejuicios. Una lección demasiado árida para quien no ha sabido rebelarse, luchar contra la mediocridad y convertirse en James Whale. ¿Una obra maestra? Para algunos sí; ante todo una buena reflexión literaria sobre la posibilidad de alcanzar 'el sueño americano' si te esfuerzas por lograrlo y estás dotado de las necesarias condiciones, que te permiten atravesar las barreras sociales por muy duras que sean. Algunos lo consiguen con tenacidad, porque, además, el hombre tiene necesidad de creer que a la postre la humanidad se puede acabar imponiendo a factores ajenos a ella, como el dinero o la fuerza, y que, el trabajo que hace a los hombres acabará siendo dominante.



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