Páginas vistas en total

lunes, 28 de septiembre de 2015

Irrational Men. Woody Allen




Ficha técnica, sinopsis , críticas, trailer . (Pinchad aquí)



Comentario:

Hablábamos hace poco de la película de Noah Baumbach, estrenada hace unos días, 'Mientras seamos jóvenes', en la que se establecía una competencia entre guionistas y se apuntaban diferentes cuestiones filosóficas y su aplicación a la teoría fílmica y la praxis del cine, sin llegar a profundizar en ninguna de ellas, lo que convertía la película en representante de la cultura de la reseña. Woody Allen dobla la edad de Baumbach, pero no sólo es la experiencia sino un genio especial para la comedia, lo que le permite utilizar informaciones de la cultura superior, y convertirlas en auténticos hitos que van enlazando sus historia y llevándolas suavemente hacia un final que comienza a hacerse previsible, en este caso, sólo cuando está a punto de terminar la cinta: la realización de un crimen perfecto, sin motivaciones aparentes, puede introducir al asesino en un camino sin retorno. En esta ocasión crea la atmósfera distendida que le conviene con la música de Ramsey Lewis que combina con piezas clásicas que interpreta su alumna y amante Jill Pollard, encarnada por Emma Stone, una joven de educación exquisita, entre cuyas aficiones se encuentra la equitación, cuyos padres imparten clases de música en la misma Universidad que Abe Lucas (Joaquin Phoenix). Profesores y alumnos conviven en el pequeño campus en casas agradables y suficientes para sus necesidades.

Woody Allen vuelve a la obsesión por Dostoievski y su 'Crimen y castigo', pero en esta ocasión logra realizar el triple salto mortal: convertir una tragedia, en la que se mezcla la depresión, el alcohol, la inteligencia y la posesión de una cultura superior por parte de sus protagonistas, en una comedia negra que transcurre amable, sin sobresaltos, de esa manera que sólo sabe hacer el viejo maniático, que acaba complaciendo, casi siempre, a su público, aunque muchos no entiendan, como ocurre en esta ocasión, la mitad de las cosas de las que habla. El tono del film permite a ciertos críticos, entre ellos Peter Bradshaw (The Guardia) afirmar que la película es una intriga bromista que no es lo suficientente aterradora ni seria para resultar intrigante, ni lo suficientemente ingeniosa o irónica como para funcionar como comedia. Un criterio que, con toda probabilidad, no comparte el público.

Allen ha tenido la sagacidad suficiente como para poner al frente al actor más 'canalla' del firmamento  hollywoodiense, que ha conseguido la aquiescencia de un público no sólo americano, sino mundial. Un hombre seguro de sí mismo, que no duda en aparecer con la apariencia más decadente y degradada que puede presentar un ser humano, y colocarle al lado a una joven fresca y reluciente, Emma Stone, que no verá en él al hombre que bebe whisky en su petaca en medio del campus, sino al sugerente y brillante profesor de filosofía, que luce sin complejos una abultada barriga. Ambos serán los encargados de darnos dos puntos de vista diferentes, dos voces narradoras del relato, en el que, a los que ya se les ha olvidado, les vienen a recordar que un individuo que utilice de forma sabia y coherente, y aplique, aunque sea provocativamente, sus conocimientos sobre Kant, Heidegger, Hannah Arendt y cualquier otro filósofo que milite en cualquier campo y en especial en el de la filosofía continental y sus derivaciones - feminismo, el existencialismo, el idealismo, etc.-, o recite poemas de Emily Dickinson, puede enamorar a cualquier mujer que se proponga, sea alumna o profesora, algo que puede haber molestado a algunos seguidores de Harold Bloom, ajenos a las escuelas del resentimiento.

Durante los primeros segundos del film Abe es recordado como aquel profesor que hizo pensar a sus alumnos en el hecho de que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo elucubrando en torno a cuestiones que no podemos resolver; es fácil ganarse a un público joven, en plena etapa de provocación, con el cinismo, el escepticismo y  la destrucción de los cimientos culturales de occidente, aunque hay que ser conscientes de que para tener éxito en esta empresa hayque tener autoridad científica. Esta situación mental por la que atraviesa el profesor que ya no va a cumplir los cuarenta lo tiene sumido en una profunda depresión que no le permite escribir, tener relaciones sexuales, ni dormir con tranquilidad, hasta que, ¡eureka!, descubre la forma de romper el círculo vicioso en que se encuentra encerrado, apoyándose en las teorías de Hannah Arendt  y sus teorías acerca de 'la banalidad del mal', decide beneficiar a la humanidad, eliminando a un ser nocivo para la convivencia dotado de un gran poder: un juez Es aquí donde entra en juego Dostoievski y su visión del crimen y el castigo, que resolverá de forma muy diferente a 'Match Point' y 'Sueños de Casandra'. Esta es la razón por la que algunos, como Scott Foundas de Variety, han hablado de comedia divertida e intelectualmente rigurosa; otros se muestran más molestos, como Rex Reed, ya que para ellos la película supone un sardónico ejercicio  de cinismo que gustará a los mismos pedantes que ridiculiza. Pero esto no suele ser así, porque Allen ha sido y sigue siendo un cineasta que sabe encandilar a su público  mediante la creación de ambientes  en los que siempre está la magia, la fortuna, el azar, que sabe tejer con fragmentos de una cultura superior que no introduce de forma gratuita. Un ejercicio que ha sabido hacer durante toda su vida y que sigue epatando  sus espectadores sobrepasados los 80 años.



Luís Martínez introduce su artículo para el diario 'ElMundo' con una razonamiento que podemos utilizar a modo de conclusión: " "Si no fuera por Kant, no seríamos lo que hoy somos", dijo Woody Allen en la sala de prensa y más de uno arrancó a aplaudir. Se notaba bastante que no sabían por qué, pero lo hacían con esa misma reverencia sonora, entre la estupidez y la arrogancia, con la que se grita ¡Bravo! en la ópera o se ríen los chistes de Tarantino: para que se note. Sea como sea, lo cierto es que si no fuera por Woody Allen, no seríamos lo que, en efecto, intentamos ser. Nótese el matiz. (Allen como religión. Diario 'El Mundo', 15 de mayo de 2015).


No hay comentarios:

Publicar un comentario