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lunes, 26 de octubre de 2015

Demons. Lamberto Bava.





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Ficha técnica:

Título original: Demoni.
País: Italia.
Año: 1985.
Duración: 85 minutos.

Dirección: Lamberto Bava.
Guión: Dario Argento, Lamberto Bava, Dardano Sacchetti, Franco Ferrini,   basado en un argumento de Dardano Sacchetti.
Director de Fotografía: Gianlorenzo Battaglia. Color Luciano Vittori S.p.A.
Música: Claudio Simonetti; cancianos: Rick Springfield, Motley Cruf, Scorpions, Go West, The Adventures, Billy Idol, Accept, Saxon.
Puesta en escena: Davide Bassan.Patrizia Massaia.
Montaje: Piero Bozza; supervisor: Franco Fraticelli, a.m.c.

Diseño de Vestuario: Marina Malavasi .

Director de producción: Eros Lafranconi.
Productor: Dario Argento por DCAFILM, s.r.l. Roma.

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Intérpretes:

Urbano Barberini
Natasha Hovey
Karl Zinny
Fiore Argento
Paola Cozzo
Fabiola Toledo
Nicoletta Elmi

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Sinopsis:


Sharon y su amiga Katie son invitadas por un desconocido al preestreno de una película en el cine Metropol. En la película es profanada la tumba de Nostradamus y los protagonistas son maldecidos por una máscara descubierta en dicha tumba.

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Comentario:

Este años hemos optado por recomendar mucho tomate, mucha mermelada y sirope verde de manzana para alegrar la noche de Halloween, una especialidad que controla como nadie el género de terror italiano, llamado giallo por el color amarillo de unas novelitas pulp de crímenes, en las que  las protagonistas eran las armas cortantes, ya fueran afilados y enormes cuchillos o los dientes y las garras de los demonios invocados por jóvenes ansiosos de aventuras que visitan las tumbas de los muertos con el objetivo de divertirse profanándolas. Lamberto Bava, el hijo del célebre maestro del género, Mario Bava, realizó dos películas, Demoni (Demons, 1985)  y Demoni 2 (1986): Inició su carrera en 1974 con Semáforo rojo, a la que siguió Macabro (1980) y muchas otras que ni siquiera fueron estrenadas en España, con excepción de alguna que otra entre las que se encuentra la que hoy presentamos y su secuela. El cine se convierte en el referente de la funesta historia de unos chicos y chicas que quieren  jugar con el diablo y profanan la tumba de Nostradamus, en cuyo sarcófago encuentran un libro escrito en latín por el hombre que predijo el futuro, incluidas las guerras mundiales que asolaron a Europa, y una máscara de diablo, advirtiendo de que quien ose colocarse el tétrico antifaz se convertirá en el receptáculo del íncubo.

Cometida la torpeza comienza el festival de fluidos, que tiene repercusión en todo lo que sucede en la sala de proyecciones, en la que ocurren las mismas cosas que en el film que se exhibe simultaneamente en la enorme pantalla del cine Metropol, al que las jóvenes protagonistas han sido invitadas por un hombre con una máscara que evoca al 'Fantasma de la Ópera'. El  ángel exterminador confina (es una constante en ambas películas) a sus víctimas en un recinto herméticamente cerrado y no pueden escapar de ninguna manera, una situación sin salida como no la tiene quien haya decidido sentarse delante del televisor para asistir a esta orgía desenfrenada en la que los dientes, las uñas, los bultos que estallan escupiendo porquería de todos los colores, no dan descanso a los sentidos. Las bestias que genera la ficción  dentro de la ficción, el cine dentro del cine, no son tan fáciles de neutralizar como los zombis, se mueven con mucha más rapidez y están más espabilados, porque no son muertos vivientes, sino demonios. No podemos considerar a Bava un apocalíptico de aquellos a los que se refiere Umberto Eco en 'Apocalípticos e integrados', que rechaza los productos del cine (el teatro de los pobres de que habla Noël Burch) o de la TV, porque, por tradición familiar, -es el hijo de Mario Bava-, ha cultivado desde muy joven este género y se ha despachado a gusto, logrando que hasta los más valientes no puedan soportar ciertas imágenes y vuelvan la cabeza o se la escondan entre sus manos. El cineasta sabe, por propia experiencia, que mucha gente disfruta con las imágenes aberrantes, los mordiscos con consecuencias y los derrames escatológicos, en los que casi alcanza el nivel de extravagancia y radicalismo que la serie Guinea Pig, aunque mucho más inocentes e inofensivas que la serie oriental de horror gore que se hizo famosa en Occidente, cuando en 1992 el actor Charlie Sheen vio "Flower os Flesh and Blood (Flor de Carne y Sangre), durante una fiesta en casa del actor Chris Gore y la confundió con una película snuff, una creencia que lo empujó a denunciar este material contactando con el FBI.

Cuando afirmo que las películas de Bava son más inocentes es porque las burradas que imagina  son tan irreales, los fluidos corporales tan propios de la preparación de dulces que en Demons 2, mientras un pastelero prepara una tarta de cumpleaños, sin que le veamos la cara ni el pastel, el cuchillo en la mesa y las manchas de su delantal parecen delatar a un serial killer, una imagen muy pensada que prepara al espectador para lo que va a ver que  no es otra cosa que un cuento de terror, Guinea Pig intenta acercarse al cinema verité y a la auténtica pesadilla de las víctimas de los asesinatos, procurando que su público disfrute de este nefanda experiencia; el hecho de que en casa de un asesino en serie japonés se encontraran estas películas en una colección brutal de más de 5000 títulos de la misma especie, provocó el que en Japón no se pueda lanzar ningún producto audiovidual con este nombre.




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