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jueves, 8 de octubre de 2015

Hacia el Sur. Laurent Cantet.




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Ficha técnica:

Título original: Vers le Sud.
País: Francia.
Año: 2005.
Duración: 103 minutos.

Dirección: Laurent Cantet
Guión: Laurent Cantet y Robin Campillo, basado en tres relatos de Dany Laferrière, 'Tirées du Maître; traducción de los di´çalogos de Sandy whitelaw.
Casting: americano: Forensic Films/ Robin O'Hara-Scott Macauly, Kerry Barden, Paul Schnee; haitiano: Maria Totaro, Rachçele Maglorie, Carl Lafontant; Canadá: Lucie Robitaille, Barbara St Philippe.
Director de Fotografía: Pierre Milon. Connoe Ott, Laura Guzman, Pascale Marin.
Montaje: Robin Campillo.
Decorados: Franckie Diago.
Regidores: Jean Guiraud, Thibault Mattei, Reynaldo Bisono....
Sonido: Claude Lahaye; Montaje: Valérie Delooof, Agnès Ravez.

Diseño de Vestuario: Denis Sperdouklis.
Maquillaje y peluquería: Manuela Taco.

Productores: Caroline Benjo, Carole Scotta, Simon Arnal-Szlovak.
Productores asociados: Barbara Letelier, Jean François Casamayou,
Co-productores: John Hamilton, David Reckeziegel, Valérie Lonergan,
Director de producción: Jacques Arehx.
Compañías. Productoras: Haut et Court, , Les Filmes de Séville, France 3 Cinéma, Studio Canal. y la participación de Canal + y TPS Star.Centre National de la , Ministère de la Culture et de la Communication SODEC-Québec, Téléfilme Canada Cinématographi,  . Distribución: Celluloïd Dreams et Haut et Court Distribution, asociados con  Cofinova 1 y Soficinéma,Cameo, Golem.

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Intérpretes:

Charlotte Rampling: Ellen, profesora de Literatura Francesa,
Karen Young: Brenda,
Louise Portal: Sue,
Ménothy César: Legba,
Lys Ambroise: Albert,
Jackenson Pierre Olmo Díaz: Eddy,
Wilfried Paul: Neptune,
Anotte Saint Ford: La chica de la limusina,
Marie-Laurence Herard; la mujer del aeropuerto,
Michelet Cassis: Charlie,
Jean-Robert Pierre: Chico,
Jean Delinze Salomon: Jérémy,
Kettline Amy: Denise,
Daphné Destin: Lossita,
Guiteau Nestant: Frank,
Violette Vincent: Madre de Legba,
Ti Koka Wanga Negès,: la orquesta,
Anathole Bonhomme: el policía,
Michelet Ulysse: Bob,
Samuel Pierre Jean y Juckel Remilus: los amigos de Legba,

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Sinopsis:

Principio de los años  ochenta. Haiti vive bajo la férrea mano de Baby Doc. A pesar de todo, es un destino turístico muy solicitado. El hotel 'La Petite Anse', ubicado en las afueras de la playa de Puerto Príncipe, en un auténtico Edén tropical que atrae a  un grupo de hombres jóvenes que intercambian encanto y ternura por regalos, una buena comida o unos cuantos dólares...y, sobre todo, por un poco de cariño y tranquilidad.

Unas mujeres  americanas de unos cincuenta años, en busca de cariño y sexo, ven trastornada su vida por la auténtica pasión que ambas sienten por Leghba, dieciocho años como mucho, bello como un dios.

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Comentario:

El director de La Clase (2008) y '7 Días en La Habana'  (2012) vuelve con un film sobre el turismo sexual que realizan algunas mujeres norteamericanas, canadienses e incluso europeas en Haiti, buscando jóvenes que las satisfagan a cambio de proporcionarles, mientras están con ellas, una buena vida. Son las llamadas 'sugar mama' en países africanos como Senegal que llevó, con mucha más virulencia a las pantallas el austriaco Ulrich Siedl en su provocativa trilogía sobre los diferentes paraísos en la Tierra: 'Paraíso:  amor' , 2012, 'Paraiso: Fe', 2012 o Paraíso: Esperanza, 2013, en la que el comercio carnal se muestra de forma más cruel y descarnada, sin tapujos ni idealizaciones, una forma de mostrar esta realidad que repugna al hipócrita burgués de occidente. Aquí las estiradas Charlotte Rampling y Karen Young son mujeres elegantes, estilizadas, bien conservadas y exquisitas, que desprecian a las gordas, a las que ven como descuidadas, con poca cultura dietética, aunque se deslice entre ellas alguna que otra más rellenita, de clase social inferior. una obrera que ahorra dinero para sentirse diosa por un tiempo, una actitud que satisface al amante del buen vivir; en las películas del austriaco las mujeres son directamente orondas, y los jóvenes son perfectamente conscientes de su prostitución y cobran caras sus caricias. Este desprecio de todo artificio le costó caro a Siedl, que recibió críticas tan furibundas que arrinconaron sus películas y las colocaron en un espacio sólo apto para cinéfilos sin prejuicios. En estos paraísos, los turistas no son nada más que eso, gente que llega a descansar y deja en sus países de origen sus esfuerzos para ganarse la vida, sus prejuicios, más difíciles de desintegrar que un átomo, ( Albert Einstein ), y sus pretensiones de superioridad. La rica como la pobre admiten que nunca tomarían una copa con un negro en Manhattan, aunque fuera compañero de trabajo.

Laurent Cantet escogió Haiti para hacer un relato  de contrastes, según el mismo confiesa en los materiales adicionales del film. En primer lugar entre el interior de un pequeño hotel, 'Petite Anse', en el que reina la tranquilidad y se hospeda incluso el aburrimiento la mayor parte del tiempo, una sensación que intenta trasladar al público mediante la utilización de planos fijos y encuadres bastante equilibrados que le hagan preguntarse qué hacen allí los clientes, y el exterior, que ha querido describir con toda su viveza, con toda su crudeza, por medio del ruido, las calles populosas en las que se mueve la gente en todas las direcciones. Más que una 'puesta en escena, afirma,  ha querido hacer "una puesta en su lugar". La acción se sitúa en la década de los 70 en la época de Duvalier, en un momento en que el ejército tiene un inmenso poder y las fuerzas revolucionarias apenas se perciben, hasta el extremo de que las mujeres extranjeras preguntan a sus amantes negros si son conscientes de cómo los pisotean. Claro que la propia película invita al espectador a plantearse si el turista es consciente de los regímenes que apoya cuando elige sus lugares de destino; no parecen sentirse a disgusto las mujeres que ocupan las habitaciones del 'PetiteAnse', hasta que la porquería llega a las puertas de sus habitaciones.

Legba, el protagonista, lleva el nombre de un dios que en el panteón vudú corresponde a la primera divinidad que se invoca al principio de la ceremonia  para abrir la puerta a los espíritus y se convierte en el cruce entre dos mundos, el de los vivos y el de los muertos y es quien deja pasar de un mundo a otro a los unos y a los otros; el chico introduce a las mujeres en su universo, como su guía, su protector. Cantet nos cuenta una anécdota interesante: en 1975, cuando se proponía este papel en el casting a los jóvenes, les daba miedo el nombre de Legba, que el realizador conservó con permiso de Laferrière.  El personaje era, además, una especie de dios, casi panteista, que tenía una gracia natural que hacía de él un gran seductor, aunque necesitaba una estrategia, el silencio, que le daba un aire misterioso, que se oponía al parloteo de alguna de sus clientas.

El escritor puso una única condición, que se entiende muy bien desde el comienzo de la película en la negativa de 'Albert' (en su monólogo se describe como nacionalista) de ayudar a una madre en el aeropuerto que le ruega que salve a su niña, que ha tenido la desgracia de nacer pobre y bonita en un país como Haiti; al negarse ella le responde  con tristeza que vaya con cuidado pues las buenas máscaras se mezclan con las malas y todos llevamos una. Cantet no quería que se distinguiera, por imposición del autor del texto, entre ricos y pobres,  entre explotadores y explotados o marginados sometidos por los poderosos norteamericanos que los oprimen, sino concienciar a los espectadores de que es la condición del hombre la que gesta las tragedias, mediante el uso de un lenguaje universal que pone en el primer plano las pasiones de los hombres, (la soledad, el amor, los celos, el sentimiento de posesión...), evitando, al menos en apariencia, el compromiso social como lo hemos entendido hasta ahora e incidiendo en la doble faz de la explotación:  la que ejerce directamente el dinero y la sexual y afectiva que practican las americanas, en las que también está presente el dinero, aunque mediatizado por sentimientos como la soledad, presente en los dos grupos, que los convierte en aliados naturales. La visita de Legba a su madre es una trampa emocional que rompe la racionalidad del discurso.

Pero el aspecto más destacable, el que incide en la forma y en el fondo del discursos audiovisual y marca la diferencia es el empeño de Cantet en expulsar de su  película el sentimiento de compasión , algo que gustó de hecho a los haitianos que viven en Francia. La caridad, el buenismo, las buenas intenciones occidentales nunca ha llevado a ninguna parte a este pueblo, a no ser a la humillación constante. Un aspecto que dota de gran interés a la película. No es una historia de máscaras, en la que hay personajes dobles que se esconden tras ellas; todos, como hemos dicho llevan la suya y, algunos tienen la desgracia de nacer guapos y pobres en países como el Haiti de la década de los 70, lo que los convierte en víctimas de los poderosos de dentro y fuera del país. Brenda, la mujer a la que va a recoger al aeropuerto Albert en la primera secuencia, y Ellen, de la que se despide casi en la última, no han jugado el papel que ellas creen en la desgracia de Legba, cuyo nombre parece haber marcado definitivamente su destino. Un film interesante al que vale la pena dedicarle una parte de nuestro tiempo. (Entrevista de Quim Crusellas).



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