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domingo, 25 de octubre de 2015

Nueva York bajo el terror de loz zombies




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Ficha técnica:

Título original: Zombie Flesh-Eaters
País: Italia.
Año: 1979.
Duración: 91 minutos.

Dirección: Lucio Fulci.
Guión: Elisa Briganti.
Dirección de Fotografía: Sergio Salvati.
Operador de cámara; Franco Bruni.
Música: Fabio Frizzi y Giorgio Tucci.
Edición: Vincenzo Tomassi.
Construcción del set: Giovanni Corridori.
Atrezzo del set: Carlo Ferri.
Efectos especiales y supervisor de maquillaje: Giannetto De Rossi.

Maquillaje: Maurizio Tranu,
Peluquería: Mireilla Sforza.

Productores: Ugo Tucci y Fabrizio De Angelis, para Variety Films
Productor asociado: Gian Franco, Couyoumdjian.
Productor manager: Antonio Mazza.
Diseñode producción: Walter Patriarca.


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Intérpretes: 

Tisa Farrow
Ian McCulloch
Richard Johnson
Al Cliver
Auretta Gay
Stefania d'Amario,
Olga Karlatos

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Sinopsis:

En la ciudad de Nueva York aparece un barco sin rumbo, la policía lo registra y en su interior encuentra a un zombie. En ese momento la hija del dueño del barco, con la ayuda de una periodista, decide ir a una isla en usca de su padre y luchar contra una enfermedad mortal que hace andar a los muertos. Secuela de "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y dirigida por Lucio Fulci.


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Comentario:

Nos preparamos para una noche, la de Halloween, excitante, llena de emociones entre las que se incluye el terror, para algunos, el asco y la aprensión para  otros, y mucho divertimento para la mayoría. Optamos por cambiar el tercio y nos dirigidos hacia Italia, la cuna del giallo que inspiró el slasher y el splater americano, y un de Lucio Fulci, que aprovechando la ocasión ofrecen unos grandes almacenes de implantación nacional en una oferta de 2  X 1 realizar una buena sesión de cuchillos y vómitos de todos los colores. Una película que muchos han considerado una secuela de Dawn of the Dead  de  George A.Romero (1978).

A quien opte por este film de Fulci, un licenciado en medicina, al que debieron dejar cao las sesiones de anatomía. una disciplina que, al haberla superado, supone que había visto unos cuantos muertos antes de iniciar su carrera cinematográfica, le espera una noche intensa. Fulci se decantó por el thriller más violento y sangriento de muertos vivientes, los zombies, a los que hizo famosos. Sus películas han sido catalogadas por algunos críticos como las más violentas y gore de la historia, algo que contradice alguna cinta, como 'Terroríficamente muertos' (1987),  de Sam Raimi o Braindead, tu madre se ha comido a mi perro de Peter Jackson (tan sólo por poner algún ejemplo).

Pero la película de Lucio Fulci tiene su encanto. Las mujeres son bellísimas y exhibidas casi desnudas, sin mucho artificio, mujeres de aspecto muy parecido a las que veremos en las películas de Brian de Palma, entre ellas su propia mujer: ojos claros, cabellos rubios aparentemente desordenados, zombies ridículos, cuya ropa y encarnadura se deshilacha y se desprende (incluso veremos a uno peleando con un tiburón y mordiéndolo desesperadamente, lo que nos hace preguntarnos si el animal se convertirá también en un no-muerto), y sobre todo estos seres que pueden morir dos veces, devoran, ante nuestros ojos las vísceras y la carne, de cualquier parte del cuerpo de sus víctimas, mientras desprenden fluídos de todos los colores por la boca. La 'sangre' fluye a raudales, y a medida que van acabando con la población de unas islas paradisíacas, se dirigen en manada a la ciudad de New York, en la que sólo obtiene una instantánea en el puente de Brooklyn. El espectador imagina lo demás.

Fulci nos da una explicación de la exhumación de tanto ser privado de vida, nada usual en las películas del género, en las que estos muertos-vivientes, la morralla de los no-muertos, caminan en grupo como pollo sin cabeza, a diferencia de la elegancia de los nobles vampiros, que viven en castillos y duermen en lujosos sarcófagos, despiertan individualmente y hacen sus conquistas por la noche, como casi todos los que buscan una persona con la que pasar la noche practicando el sexo. La tierra, cansada de albergar tanto cadáver, y con la ayuda de los practicantes de vudú, expulsa a unos cuantos de estos carroñeros, que a su vez se deshacen de otros tantos millones de seres vivientes, que al parecer sobran, y se los llevan consigo al mundo de las tinieblas. Los zombies quieren vivir, y sólo se les pude asesinar disparándolos en la cabeza, mientras que a los aristocráticos chupa-sangre, que sólo pueden ser extinguidos si se les clava una estaca de madera en el corazón; ek retablo de San Bonifacio Ferrer, que se conserva en el Museo San Pio V de Valencia, muestra cómo se acaba con la vida del primer hombre que pobló la Tierra, Adán, con una de estas estacas hecha con una rama de un árbol que se plantó en el Huerto de Getsemaní.

Lucio Fulci construye, pues, una terrible metáfora, muy divertida y apta solo para aquello que sepan distinguir la salsa de tomate y el sirope de pera de otros fluídos corporales y se hallan preguntado alguna vez el verdadero significado del  zombie en los relatos







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