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domingo, 11 de octubre de 2015

Van Gogh (Vincent & Theo). Robert Altman




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Ficha técnica:

Título original: Van Gogh (Vincent & Theo)
País: Co-producción: Holanda, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia.
Año: 1990.
Diración: 134 minutos.

Dirección: Robert Altman.
Guión: Julian Mitchell.
Casting. Francia: Nathalie Cheron y Françoise Combadiere; Holanda: Hans Kemma.
Director de Fotografía: Jean Lépine.
Música: Gabriel Yared.
Edición: Françoise Coispeau, Geraldine Peroni.
Directores artísticos. Francia: Dominique Douret; Holanda: Ben Van Os, Jan Roelfs.
Decorador del set: Pierre Sicre.

Diseño de Vestuario: Scott Bushnell. Modista: Kristine Flones.
Maquillaje y peluquería: Jeff Simons.

Productor: Ludi Boeken, Emma Hayter.
Productor ejecutivo: David Conroy, Ted Childs
Productores asociados: Harry Prins, Jacques Fanstens.
Productor Manager: Eric Dussart.
Diseño de producción: Stephen Altman.
Compañías. Productoras: Belbo Films, asociada con Arena Films.29 escalones

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Intérpretes:

Tim Roth: Vincent Van Gogh,
Paul Rhys: Theo Van Gogh,
Adrian Brine: Tio Cent,
Jean-François Perrir: León Boussod, 
Peter Tuinman: Anton Mauve,
Hans Kesting: Andres Bonger,
Wladimir Yordanoff: Paul Gauguin,
Johana Ter Steece : Jo Bonger,
Jip Wijngaarden: Sien Hoornik,
Bernardette Giraud: Marguerite Gachet,
Jean Pierre Cassel: Dr. Paul  Gachet.


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Sinopsis:

Robert Altman (M.A.S.H., El juego de Hollywood


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Comentario:

Son frecuente Las biografías de hombres y mujeres que han sobresalido en el mundo de las artes, la ciencia o la moda (Miguel Ánel, Caravaggio, Gustav Klimt, Camille Claudel, Verlaine, Rimbaud, Ives Saint Laurent, Coco Chanel y otros tantos, cuya vida ha sido más o menos tormentosa, un hecho que inspira historias románticas de un gran dramatismo. Altman abordó en primer lugar este proyecto en torno a Vicent Van Gogh y su hermano Theo, uno de los personajes que más ha interesado al público, (El loco del pelo rojo, Vincente Minnelli, 1956;  Van Gogh, Maurice Pialat, 1991; Vincent: The Life and Death, Paul Cox, 1987; Van Gogh: Painted With Words, Andrew Hutton, 2010), en forma de miniserie televisiva de cuatro capítulos, de una duración aproximada de unos cincuenta minutos de duración cada uno. Una co-producción de GB/Holanda/Francia/Italia/Alemania. En la película Altman ha hecho desaparecer cualquier resto de la familia, a excepción de Theo, a la que el pintor desprecia profundamente.

Según Christian Aguilera la elección para la miniserie del personaje "no era baladí, admitiendo quizás desde su subconsciente que la falta de reconocimiento en vida del artista del artista holandés casaba con su propio sentir. Altman se sabía un cuerpo extraño en la industria cinematográfica estadounidense, que seguía más su propio instinto que las ordenanzas de un mercado cautivo de las modas(...) prefirió adecuarse a un modelo que excluyera la voz en off,  disponendo al espectador a una experiencia más sensorial que dialogada." Altman  demuestra que  el cine es un arte nuevo, pero arte al fín y al cabo, y que puede generar belleza por sí solo, sin tener que recurrir de forma reiterada a la literatura o la pintura para hablar de Van Gogh; todos los recursos audiovisuales, imagen, sonido, música, se ponen al servicio de la construcción de una diégesis que lucha por hacer realidad el mito de Frankenstein y volvernos a traer de nuevo al pintor y su paternal hermano, llegando a lo sublime en algunas escenas, como las del entierro de ambos. El hombre es lo que hace y no se puede separar un ámbito de otro, el ser y la forma de realizarse como tal; Van Gogh jamás hubiera sido el que fue, si hubiera sido una persona distinta. Para bien o para mal.

No suelen ser de mi agrado lo biopics de pintores, la imagen visual traslada al movimiento, un plano fijo, uno solo, trasladado a la pantalla, intentando recrear las emociones que llevaron al artista a materializar sus sentimientos en un lienzo, y la conmoción que supuso para los modos de representación dominantes hasta el momento  la aparición de la fotografía y el cinematógrafo, que les empujo a crear una realidad nueva, no a imitar la que podían observar cada  momento del día; captar impresiones visuales, expresar lo que sentían, analizar y descomponer los objetos según la noción cartesiana que de ellos tenemos.., Quizá el mayor mérito de Altman ha sido la desacralización del artista mediante la contraposición de lo que se paga en una subasta, -en concreto la más prestigiosa del mundo, la Christie de Londres-, y el costo humano del nacimiento y sustento del artista, el sufrimiento personal y el de los allegados, familiares o amigos, que de verdad los quieren y los apoyan hasta la misma muerte.

El director de Kansas City (Missouri) hace un retrato demoledor del ser humano que fue Van Gogh y de algunos pintores sobresalientes de cualquiera de los -istmos que florecían en París a principios delsiglo XX, (impresionismo, expresionismos, cubismo, puntillismo...), que creían que para poder pintar había que ser pobre. Eran los auténticos bohemios, que vivían como podían, bien realizando cualquier tipo de trabajo, bien de ayudas familiares como el pintor holandés que pudo realizar su trabajo gracias a las rentas que le proporcionaba su hermano Theo, enfermo de sífilis, que tuvo la deferencia de morir un año después que el artista, víctima también de la locura, agravada por su enfermedad, que llevaba arrastrando algunos años. Una vez más, como destaca Altman en la primera secuencia, los ricos recogen el producto del esfuerzo y del sufrimiento de los pobres, cuyas obras, si son cuadros como en este caso, no cuelgan de las paredes, sino que reposan en sus cajas fuertes. Las cartas a su hermano constituyen la fuente más consultada para realizar sus biografías.

"Todos los artistas están locos" dice Gauguin,- y no le falta razón -, en una secuencia que sugiere una atracción de Van Gogh por el pintor de Haiti, con algún gesto que es difícil interpretar si es objeto de la pasión o de la rabia, una manifestación de un sentimiento de venganza, una reacción hacia un hombre que no tolera sus excesos, como hace Theo, que  lo cuidó, lo mimó y lo protegió hasta el final de su vida, gracias a cuya veneración y apoyo la humanidad puede disfrutar del arte de un hombre cuya obra sirve a algunos para poner en valor la locura y su relación con el arte.

Altman se interesa sobre todo por el hombre y su penetración psicológica; la secuencia que precede a la auto-mutilación de la oreja, nos muestra al pintor ante un espejo que le devuelve una imagen de si mismo absolutamente fragmentada, la de un individuo que ha perdido ya todo contacto con la realidad, tras fracasar en sus relaciones sentimentales con las mujeres y su intento de aproximación a los del mismo sexo. Una desorientación que lo llevó al Hospital de Sam Remy, un manicomio  de la época, para ser tratado de un mal que en aquella época era incurable. Un film a tener en cuenta, incluso por aquellos que no son muy aficionados a las biografías.






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