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domingo, 1 de noviembre de 2015

Dos hombres contra el oeste. Blake Edwards







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Comentario:


Este fin de semana los periódicos nos han hecho el mejor regalo regalo en estos momentos de desilusión y falta de esperanza generalizada: una bellísima película de Blake Edwards, un western, el género que mejor representa la epopeya épica americana  de colonización de las tierras desérticas del oeste americano, que realizaron hombres como los que, de la forma más poética, nos muestra el film, endurecidos en duras jornadas de trabajo; un género en el que los mejores cineastas han decidido jugarse el tipo y dejar el mejor testimonio de capacidad para dejar el legado de una obra que se recuerde no sólo por lo que cuenta sino por cómo lo hace. Desde que aúlla el lobo y sale el sol, hasta que se pone al atardecer, las cámaras siguen a estos trabajadores al servicio de ganaderos y agricultores, que se enfrentan por unos palmos de terreno, a la vez que amplía el ángulo para mostrar al público la dura competencia que se establece por el agua y los pastos que convierte en fieros enemigos también a los propietarios de ganado mayor o bovino y menor u ovino, que se odian hasta la muerte. Edwards realiza este homenaje utilizando los recursos lingüísticos capaces de despertar las emociones de su público: largos planos-secuencia, fundidos encadenados, cámaras lentas, velados y suaves filtros para embriagar al espectador con la evolución de la luz a través de estas largas jornadas en las que los hombres conducen el ganado, lo alimentan, lo llevan al agua, juegan a las cartas, descansan, y al retirarse al rancho para descansar, terminada  su extensa jornada, alguno de ellos muere aplastado por su caballo. 

Ross Bodine (William Holden) y Frank Post (Ryan O'Neil), un hombre de 45 años y un adorable joven de 20, son los encargados de llevar al compañero fallecido al pueblo, y  gestionar un honroso entierro, en el mismo carro en el que transportan los aperos. Durante el trayecto mantienen una conversación en torno a la vida y la muerte, el carpe diem clásico, el deseo de una buena muerte, mientras se lamentan de la miseria que acompaña a los jornaleros a lo largo de su vida, que en las puertas de la madurez sólo disponen de unas monedas para tomarse unas cervezas en el bar del pueblo. También se lamentan de la desproporción de las leyes, que invitan a los desahuciados a delinquir, ya que se cuelga, realizado un simulacro de juicio sumarísimo, a un hombre por robar un caballo en una economía prácticamente de subsistencia en la que este animal es un instrumento necesario para poder alimentar a la familia, una pena capital que no se aplica a quienes roban un banco. Una circunstancia que debe ser objeto de una profunda reflexión.

Blake Edwards realizó una de los westerns más humanos de la historia del género americano por antonomasia, una buddy movie, por poner una etiqueta, que narra la historia de un hombre joven que comienza a vivir la vida y un vaquero cansado  que se encamina cansado el ocaso de la suya y deciden iniciar un camino juntos tras robar el modesto banco de su localidad. Uns pobres y depauperados jornaleros sueñan montar un negocio con el botín, una granja en México, donde al fin podrán vivir de acuerdo con su condición de hombres libres y no sujetos a un triste salario. Blake Edwars no trata a Post y Bodine como a dos delincuentes, sino como a dos seres humanos cansados de la miseria, que sueñan con una vida mejor en este mundo. Post ama a los animales, es cariñoso con las personas y no es nada violento. Ambos serán perseguidos por los dos hijos del patrón, John y Paul Buckman , que cumplen con mayor o menor entusiasmo la orden de su padre; de los dos, el más intransigente,  Paul, se toma la captura de sus empleados y antiguos compañeros de trabajo como una cuestión personal, un empecinamiento en el que se quedará al fin solo. La última imagen del film es un congelado de los dos bandoleros ocasionales en el único momento en que fueron felices tras cometer el único delito de su vida, en su frustrado viaje en busca de una ilusión.

Viendo este film de 1971 una se pregunta de dónde habrán salido los actuales liberales, viniendo de padres tan sensibles con el sufrimiento humano como Blake Edwards. La forma y el discurso de la película está dotada de un halo de romanticismo sin melodrama ni sensiblerías, que eleva a la categoría de héroes a dos hombres corrientes, dos jornaleros que no se resignan con su condición y que pagan su sueño con la muerte; fundidos y superposiciones impresionistas, que captan la luz de los diferentes paisajes por los que deambulan a diferentes horas del día durante su travesía, congelados, tratamiento fílmico de fenómenos como la nieve o el polvo del desierto, son el marco onírico en el que estos dos hombres fueron felices por un breve espacio de tiempo. Muchos directores quieren tener su western, como ahora Tarantino, pero creo que pocos lograrán transmitirnos la fiereza de un mundo tan inhóspito como el de los primeros pobladores del oeste, contra los que Post y Bodine emprendieron una lucha en solitario, con escasas probabilidades de éxito. Otros como el director del banco y su familia se aprovecharon de la situación y de la escasa credibilidad que tienen los ladrones para quedarse con el jornal de los trabajadores de la granja que le dejaron los cacos, pero al fin, como canta Bodine, malvados y chanchulleros, honrados y ladrones, tendrán el mismo destino. Triste consuelo del desgraciado. Film imprescindible en una videoteca,



 

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