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martes, 10 de noviembre de 2015

Una pastelería en Tokio. Naomi Kawase.





Ficha técnica:


Título original: An.
País: coproducción: Japón-Francia-Alemania.
Año: 2015.
Duración: 97 minutos.

Dirección: Naomi Kawase.
Guión: Naomi Kawase, según la novela de Durian Sukegawa.
Dirección de Fotografía: Shigeki Akiyama. Color.
Música: David Hadjadj.
Edición: Tina Baz y Naomi Kawase.
Dirección artística:  Kyoko Heya.
Sonido: Eiji Mori, Roman Dimni, Boris Chapelle & Olivier Gonard.
Iluminación: Yasuhiro Ohta.

Productores: Naomi Kawase, Masa Sawada, Anne Pernod y Thanassis Karathanos.
Diseño de producción: Sigheki Akiyama.
Compañías: Kumie, NBN, Comme des Cinémas, Nagoya Broadcasting Network,en asociación con Twenty Twenty Vision Filmproduktion, Aeon Entertainment, Poplar Publishing, Hakuhodo, Elephant House, The Ashai Shimbaum Company, Zof Arte & Mam, colaboración de Aux Cinemas Du Monde & Medienboard Berlin Brandenburg & The Agency For Cultural Affaris, Japan.




Intérpretes:


Kirin Kiki: Tokue,
Nasatoshi Nagase: Sentaron,
Kyara Uchida: Wakana,
Kazue  Tsunogae: la madre de Sentaro,
Miki Mizuno: la madre de Wakana




Sinopsis:


Sentaro, el gerente de una pastelería en el centro de Tokio, se enfrenta a una simpática pero extraña anciana en busca de trabajo llamada Tokue. Tokue se ofrece a ayudar a Santaro, ya que tiene una habilidad especial para hacer dorayakis (pastelitos rellenos de salsa de frijoles rojos dulces llamados "an"). Gracias a su receta secreta, el pequeño negocio comienza a prosperar. Con el tiempo iniciarán una relación basada en mucho más que la comida de la calle y no dudarán en abrir su corazones y mostrar sus viejas heridas. El filme, que dura 113 min, está dirigido y escrito por Naomi Kawase, basado en la novela super ventas de Durian Sukegawa y protagonizado por Kirin Kiki, Miyoko Asada y Etsuko Ichihara.



LO QUE SE DICE:




Óscar Brox hace un buena semblanza del cine de la joven japonesa (El bosque de luto, Genpin, Aguas tranquilas...) en la entradilla de su artículo en 'Dirigido por..." : "Tras una carrera marcada por su acercamiento lírico y documental al cine, Naomi Kawase culmina en  'Una pastelería en Tokio' (An, 2015) su transición hacia el terreno de la ficción. Retrato delicado del Japón costumbrista, la película aborda desde la mirada sensible de sus personajes la soledad en el marco de las sociedades contemporáneas y la búsqueda de una identidad familiar." Más adelante  sigue su narración confesando que "le resulta interesante observar hasta qué punto se adueña de un relato que no le pertenece  para detectar en él los rasgos que definen su estilo: el ciclo vital como metáfora de una historia de búsqueda y de comprensión; la fragilidad de las estructuras familiares, con esa figura materna prácticamente ausente; o la intimidad de un mundo fraguado en las pequeñas cosas, en el canto de las aves, el color de los cerezos en flor o la preparación de los dulces artesanales. Todo ello arropado por el paisaje de una ciudad cálida, alejada de la megalópolis febril a la que nos han acostumbrado las representaciones visuales del Japón moderno. (Un soplo de vida.Óscar Brox, Dirigido por..., Noviembre de 2015, págs. 40 y 41).




Naomi Kawase es una cineasta dotada de una enorme sensibilidad, y una gran humanidad, pero al mismo tiempo su expresión artística está impregnada de la idiosincrasia del Japón milenario y transmite una gran dureza, no por solapada menos violenta, que no da mucho margen para un análisis profundo desde nuestros lares; el más atrevido sólo osa a introducir algún matiz, como hace Sergi Sánchez en el  diario 'La Razón': En «An» Naomi Kawase también está dispuesta a filmar para tocar la fibra sensible sin dejar aparcados sus rasgos de estilo. Al contrario, lo que quiere decirnos es que su estilo –con sus panteístas panorámicas por los cerezos en flor o los planos de la luna en cuarto creciente– ES para todos los públicos.(...) Sin embargo, cuando Kawase se siente obligada a revelar los traumas del pasado de sus criaturas en busca de un conflicto clásico, lo hace de un modo tan convencional como obvio, poniendo su visión budista de la vida en boca de aquellos que, antes, llegaban al corazón de sus carencias en silencio, mientras cocinaban. Es como si la directora de «Aguas tranquilas» no confiara lo suficiente en su mirada. Quizás debería volver a rodar documentales para enderezar su camino." (Festival de Cannes. diario 'La Razón', 15 de mayo de 2015).






Jordi Costa se apoya en un argumento de autoridad, la advertencia de Paul Schrader de que "sólo se puede extraer una obra de una cultura hasta cierto punto", consciente de la tendencia que tienen algunos de intentar interpretar la espiritualidad de un pueblo como el japonés con paradigmas del crisitanismo occidental, pretendiendo analizar las singularidades de la espiritualidad de Ozu  con las modulaciones de la espiritualidad de Dreyer o Bresson (hace falto algo más que leer sobre el tema para establecer estas relaciones). Por esta razón intentar encuadrar a Naomi Kawase en la New Age es un ejercicio  vacuo, advierte el crítico de 'El País', para quien "en realidad, lo suyo tiene bastante más que ver con la continuidad –sumada a una modulación personal- de la mirada zen: sus personajes forman parte –si bien contingente, frágil y minúscula- del orden natural y saben que la trascendencia nunca está más allá, sino más acá, en la aceptación serena de un lugar en el mundo. Si homologar el sentido místico de su cine a lo new age es, por tanto, un síntoma de jet lag cultural, también implicaría caer en un error de bulto emparentar este último trabajo con la trivial obsesión contemporánea –y occidental- por el fenómeno de la street food. Una pastelería en Tokio apunta más alto y cala más hondo.(Serenidad y trascendencia. Diario 'El País' 5 de Noviembre de 2015).





El  cine de Naomi Kawase no es placentero en el sentido de una feel good movie, como algunos sectores de público podrían creer, atraídos por tanto cine cuyo objetivo es trasladar a las masas el sentido del bien vivir. Nadie mejor que la propia directora para dar sentido a su propio lenguaje, en el que están presentes ciertas carencias, muy universales por cierto, a pesar de que la forma de reaccionar responda al misticismo y la espiritualidad propia de cada cultura. Si tenéis curiosidad por conocer a esta directora podéis ver el siguiente vídeo:






Alberto Bermejo también quiere poner su grano de arena para la mejor comprensión del cine de Naomi Kawase: "Inspirándose en una novela, aunque íntimamente ligada, como de costumbre, a su propia biografía, la japonesa Naomi Kawase cuenta una pequeña historia sobre tres personajes frágiles, solitarios y marginales; el encargado de un puesto de pasteles populares, una adolescente desvinculada de su familia en crisis y una anciana que logra escapar momentáneamente a la exclusión social a la que le ha condenado su terrible enfermedad trabajando temporalmente en el modesto establecimiento, aportando sus infalibles recetas. (Marginales entrañables. Diario 'El Mundo', 5 de Noviembre de 2015).




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