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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cómo perder a un chico en diez días.Donald Petries.





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Ficha técnica:

Título original: How to lose a guy in 10 days.
País: Estados Unidos.
Año: 2003.
Duración: 110 minutos.

Dirección: Donald Petries.
Guión: Kristen Buckley, Jonan Regan y Burr Steers. basado en la novela de Michele Alexander y Jeannie Long.
Casting: Gail Levin y Andrew S.Brown.
Dirección de fotografía: John Bailey, a.s.c.
Música:David Newman.; supervisor: Dana Millman-Dufine.
Edición: Debra Neil-.Fisher., a.c.e.
Diseño de producción: Thérèse DePrez.

Diseño de Vestuario: Karen Patch.

Productores: Lynda Obst, Robert Evans y Christine Peters.
Productor ejecutivo: Richard Vane.
Fox TV.

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Interpretes:


Matthew McConaughey: Ben Barry,
Bebe Neuwirth: Andie Anderson,
Kathryn Hann: Michelle Rueben,
Michael Michele: Judie Spears,
Shalom Harlow Judy Green,
Robert Klein: Philip Warren,
Thomas Lennon: Thayer,
Celia Weston: Glenda,
Annie Parisse: Janine,
Adam Goldberg: Tony,



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Sinopsis:

Andie debe terminar un trabajo poso usual. . Debe escribir sobre todas las cosas que deben hacer las mujeres para alejar a los hombres sin querer. Debe tenerlo listo en  diez días. con lo que no cuenta es con el hecho de que puede haber otra apuesta en juego.

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Comentario:

Ignoramos por qué razón algunas películas romanticonas  se abren paso con facilidad y otras reciben un varapalo de los mismos e incoherentes críticos, que no contentos con machacar un film en el que Matthew McConaughey luce prominentes pectorales y se erige en representante del sex-symbol publicitario por excelencia, creen mantener su prestigio machacándolo a él o a una realidad  pre-crisis que se imponía a principios del siglo XXI. No hace falta citar imágenes como aquella en la que, descuidadamente, cambia su sudada camiseta por otra limpia sin bajar las persianas de su despacho, lo que provoca el entusiasmo y la admiración de sus compañeras ante un cuerpo esculpido en el gimnasio. Pero lo que resulta difícilmente soportable es que algunos 'periodistas'' como Peter Traves de Rolling Stone comiencen su valoración arrinconando la cinta con la denostada y peyorativa etiqueta de película para chicas. Se sorprendería si tuviera la posibilidad de comprobar, como ocurre con los docentes, la cantidad de chicos que disfrutan con estas historias de amor, en las que a la belleza física, que no depende del individuo, se suma el éxito profesional como publicista de una empresa que vende brillantes, una situación personal que reúne en torno al hombre a las mujeres más espectaculares del mundo, imitadas por las jóvenes hasta la enfermedad. La protagonista se convierte en un icono de una fémina que puede lucir un traje largo amarillo, sin llevar ropa interior debajo o a lo sumo un reducido tanga. En este contexto, cuando Andie se siente decepcionada por el hecho de que no se le da la oportunidad de escribir de economía o de política, no resulte creíble.

Es más sincero Michael O'Sullyvan cuando, de acuerdo al menos con su propio sentido de la vida, nos guste más o menos, considera la película  un 'paseo agradable' con gente atractiva y buenas conversaciones. Es una visión muy relativa que apenas tiene relación con los gags más divertidos del film, que tienen mucho más que ver con las condiciones laborales de los dos protagonistas, que logran en algún que otro momento la carcajada de los espectadores. Entiendo que pueda molestar la ridiculización de una mujer envolvente, sobreprotectora de su pareja hasta el extremo de elegirle la ropa interior, inmiscuirse en las reuniones de amigotes que fuman puros y juegan a las cartas un día a la semana, reuniones de las que están excluidas las mujeres, un símbolo muy casposo de la sociedad patriarcal, o se comportan como auténticas marujas. Pero lo hace en tono  irónico, de farsa, en el que lo que a uno y otro les parece importar de verdad es su futuro profesional, lo que aleja, aunque sea un poco, la película de los cánones del género de comedia romántica, en la que si de momento no hay sexo es algo que no tiene que ver con la moral que impone la sociedad blanca y patriarcal, sino por un juego malicioso de Andie, que pretende aburrir a su amante  e impedir que la relación supere los diez dias.

Hecha en 2003 nos muestra al prototipo de hombre actual de cierta clase social, un yuppie, un representante del paradigma masculino,  que cuida su aspecto,  que compite laboralmente con unas mujeres mucho más sexistas que él por un puesto determinado, que es flexible y creativo, que cuida la propia apariencia sin que ello amenace su masculinidad, que no reprime sus emociones, escucha a su madre, es capaz de cambiar los pañales de sus sobrino y si le apuran, incluso de llorar. En definitiva, prioriza el bienestar de su familia, pero valora su cuidado personal y su apariencia, sin, perder de vista su desarrollo futuro. Ben Barry es pues el hombre 'metrosexual' por excelencia. Andie, sin violentar la realidad actual, tiene que seguir luchando por que se la respete y dar el salto a un programa de noticias, como periodista, una inquietud que no parece dominar al hombre, más cómodo con su  situación laboral más vistosa que comprometida que  acabará arrastrando a la mujer a la vida que él ha elegido. Por mucho que nos espante esta era la idiosincrasia de principios del siglo XXI en época de vacas gordas y antes de que los hombres llenaran sus cultivados cuerpos de imaginativos tatuajes que adquieren un significado diferente según la parte del cuerpo elegida para incrustarlos y cuyos orígenes son más oscuros que en la actualidad. Nadie era capaz de imaginar entonces la depresiñon que se avecinaba, aunque algo debió presentir Oliver Stone cuando hizo Wall Street en 1987.

Ben y Andie,como los protagonistas de comedias como 'Sexo en Nueva York' y todas las bodas de los mejores amigos, las mejores amigas y otras del orden, son el testimonio de una época de esplendor, que simboliza el cartel del film, en el que el color dorado del vestido y los diamantes que lucen sin complejos las mujeres son una clara evidencia de lo desprevenidos que pillan a todos las crisis. Si hacemos un esfuerzo y nos colocomas en 2003 la película que dirige Donald Petries






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