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sábado, 26 de diciembre de 2015

Guerra de novias. Gary Winick.





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Ficha técnica:

Título original: Bride Wars.
País: Estados Unidos.
Año: 2009.
Duración: 85 minutos.

Dirección: Gary Winick.
Guión: Greg Depaul y Casey Wilson & June Diane Raphael.
Casting: Jennifer Euston & Marcia Debonis.
Director de Fotografía: Frederick Elmes,a.s.c.
Música: Edward Shearmur; supervisor: Linda Cohen.
Edición: Susan Littenberg Hagler.
Director artístico: James Donahue.
Decorador del set: Ron Von Blomberg.

Diseño de Vestuario: Karen Patch.
Jefe de Departamento de maquillaje: Trish Seeney.
Jefe de Departamento de peluquería: Frank Barbosa.


Productores: Julie Yorn, Kate Hudson, Alan Riche.
Productores ejecutivos: Arnon Milchan, Tony Ludwig, Jonathan Filley,Jay Cohen,Matt Luber.
Diseño de producción: Dan Leigh.
Compañías: 20th Cebtury Fox, Regency Enterprises presentan a New Gegency/Birdie/Riche Luswig Production.

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Intérpretes:

Kate Hudson: Liv,
Anne Hathaway: Emma,
Kristen Johnston: Deb
Bryan Greenberg: Nat,
Chris Pratt: Fletcher,
Steve Howey: Daniel,
Candice Bergen.: Marion, organizadora de bodas.
John Pankow; John,
Michael Arden: Kevin,
June Diane Raphael:
Casey Wilson: Stacy,
Lauren Bittner: Amie,
Hetienne Park: Marissa,
Bruce AltmanS Simmons.


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Sinopsis:

Liv (Kate Hudson) y Emma (Anne Hathaway), amigas de toda la vida, se apoyan en los buenos y malos momentos. Ambas planean sus bodas en el mejor establecimiento de New York, el Hotel Plaza. Sin embargo un error administrativo hace que les coincidan las bodas y como consecuencia la rivalidad competitiva entre las dos novias desemboca en una guerra civil.

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Comentario:

Si hemos prestado atención a esta película, una comedia brillante, televisiva y glamurosa, es porque hemos querido entender por qué razón un joven cineasta que luchaba contra un cáncer cerebral  que acabó venciéndolo en febrero de 2011 pudo hacerla mientras combatía con la muerte. Dos películas como 'Guerra de novias' en 2009 y 'Cartas a Julieta' en 2010 son dos cintas mundanas, triviales, rebosantes de fantasías quiméricas que contagian a tantas y tantas personas ávidas de vivir una experiencia que sólo puede ser vicaria. Pocos de los que los imitan pueden  llevar los bolsos de diseño, comprar las joyas en Tiffanis  de que disfrutan las protagonistas, o lucir un traje de novia de Vera Wang, como el que lleva Kate Hudson, que hace soñar a tantas mujeres en introducirse en uno igual una vez en la vida y que las fotografías las acompañen el resto de su vida, y que, por lo tanto, consideran un aguafiestas a quien se le ocurre apagar las luces, distorsionar los planos e introducir una nota distópica en tanta felicidad, jaleados por más de un crítico.

Trajes de boda de Vera Wang

Pero lo cierto es que tampoco les gusta a los que realizan las críticas que se haga una exhibición tan abierta de superficialidad, y que se retrate a una sociedad tan banal que cree que es obligación de 'otros' solucionar sus problemas, mientras que su único deber como ciudadano es criticar a quien cuestiona este funcionamiento de la sociedad. Y no tiene ninguna razón Alberto Luchini cuando afirma que: " Se supone que ésta es una comedia destinada mayoritariamente al público femenino, algo que resulta difícil de entender, toda vez que se trata de un producto retrógrado y vejatorio para las mujeres (sin importar su clase social, sus estudios o sus trabajos), a las que se presenta como unos seres básicos cuya única preocupación desde que nacen hasta que lo consiguen es que alguien les regale un anillo para así poder celebrar por todo lo alto el único momento importante de sus vidas: la boda." (Sublimación de la estupidez. El mundo, es, 20 de enero de 2009). Pero cualquiera que haya visto la película sabe que Winick sí tiene en cuenta la clase social que está analizando; una de las chicas es la mejor abogado de un despacho de mucho prestigio, y la otra, algo que se repite hasta la saciedad, se ha quedado en profesora de primaria, pero ambas pueden permitirse el lujo de contratar a una organizadora de bodas, interpretada por Candice Bergen, y realizar la ceremonia y la fiesta subsiguiente en el hotel más selecto de New York, especializado en este tipo de eventos: el Plaza. No hay que ser muy espabilado para entender que este festín no está al alcance de todas las mujeres, y que la mayoría se contentan con sucedáneos mucho más cutres, y emulan con torpeza las grandes marcas que usan las mujeres que les sirven de modelo.


Gary Winick


Gary Winick convierte a sus mujeres, todas de clase media alta, en princesas, incluso las de edad muy avanzada, cuyos amantes reaparecen en sus vidas tras cincuenta años de ausencia, a la grupa de caballos blancos en casas solariegas de lugares mágicos como 'La Toscana', (Cartas a Julieta). Cuando escribimos sobre la película que dirigió David Frankel, 'El diablo se viste de Prada' (2006), afirmábamos algo que también es adecuado a este film de Winick. En aquella historia creíamos ver claro que el poder rechaza e inhibe la feminidad como valor y ello se reflejaba en las relaciones afectivas y en los principios dominantes en los sistemas de liderazgo y gestión políticos, sociales, económicos y culturales, que Winick trata de rectificar colocando a una mujer en un bufete de abogados neoyorquino de prestigio, que no es cualquier cosa, calificándola como la mejor profesional del equipo. En los hombres se penaliza, sin embargo, la carencia de aptitudes para imponer los principios patriarcales basados en la rivalidad, la competencia y el no cuidado del otro. El perfil del hombre-hombre, blanco occidental por supuesto, con dinero, rodeado de alguna belleza, de mediana edad (en esta película los hombres son todavía demasiado jóvenes para presentar este perfil y luchan por conseguir el estatus que creen que merecen), representa el modelo al que todos debemos aspirar, y "crecemos con el miedo y la angustia de no cumplirlo, puesto que además somos penalizados de diversas formas por no hacerlo. "(Marcela Lagarde 2005). Gastamos millones en consumir elementos que nos acerquen a ese modelo ideal y quien no lo cumple lo tiene más difícil en nuestra sociedad. Se nos castiga y premia. desde que nacemos para que cumplamos la norma social establecida, coartando la propia identidad y, en definitiva la Libertad. El modelo impuesto y el culto al modelo nos aparta de la realización de nuestro propio Ser. Nacemos con un potencial infinito de creación que va siendo minado (desempoderado) conforme crecemos y somos aculturados. (Maite Sarrió Catalá).

Por tanto choca que Roger Ebert del Chicago-Sun Times afirme que los personajes no tienen personalidad ni profundidad, ni complicación, ni conversación. ¿Acaso no tiene en su círculo personas así? Decía el protagonista de 'La Gran Belleza' de Paolo Sorrentino que sin pretenderlo se había convertido en el rey de la mundaneidad. La diferencia entre unos personajes y otros radica en que los norteamericanos nos muestran aquello de lo que se sienten más orgullosos: su dominio de los negocios y su control de los tribunales de justicia, quea pesar de la formación de la que presumen han provocado las dos grandes crisis bursátiles y la ruina mundial; Italia, un país importante de la vieja Europa, está dominada por la gerontocracia, que se estira la piel como su líder y baila con las belinas al ritmo de la música de Rafaela Carrà, rodeados de las ruinas que favorecieron el renacimiento de la cultura greco-latina adaptada a los nuevos tiempos. Pero unos y otros son igual de superficiales, y a unos y otros los imitan las masas, que salen perdiendo en la comparación. ¿Alguien recuerda haber visto una simple secretaria? Pues la verdad es que aparece una mujer madura con la cajita de cartón que incluye una plata medio mustia, que ha sido despedida por cometer un error que afecta a la 'niñatas'. Como ocurría en las series que se incluían en el soap de la década de los 80 del siglo XIX, (Falcon, década de los 80; Los Colbys o Dinastía) en las que el pueblo llano brilla por su ausencia.

Entonces volvemos al principio y nos hacemos la pregunta que nos hicimos cuando salimos a buscar esta película por las tiendas especializadas, al conocer la dura travesía que estaba realizando el cineasta cuando la hizo, una circunstancia que la espiritualidad del barroco señalaban como una oportunidad para revisar nuestros valores y hacer análisis de conciencia antes de iniciar el tránsito hacia lo desconocido. Por el contrario Winick  parecía fascinado por el glamour de las mujeres de la clase alta, sus tacones, sus bolsos, sus vestidos, sus casas, sus salones..., o por lo menos era capaz de transmitirlo en sus películas acusadas de superficialidad.


Vera Wang

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