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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

martes, 22 de diciembre de 2015

Perros de paja (2011). Rod Lurie.




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Ficha técnica:

Título original: Straw Dogs.
País: Estados Unidos.
Año: 2011.
Duración: 122 minutos.

Dirección: Rod Lurie.
Guión: Rod Lurie, basado en una novela de Gordon Williams.
Casting: Sharon Bialy, Sherry Thomas.
Dirección de Fotografía: Alik Shakarov.
Música: Larry Groupé.
Edición: Sarah Boyd.
Director artístico: John P.Goldsmith.
Decoración del set: Kristin Bicksler.

Diseño de Vestuario: Lynn Falconer.
Responsable de maquillaje: Kimberly Amacker.
Responsable de peluquería: Lotus Seki.

Productor: Marc Frydman.
Productor asociado: George Flynn.
Productor ejecutivo: Gilbert Dumontet, Beau Marks.
Diseño de producción: Tony Fanning.
Compañías. Productora: Battleplan Productions.

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Intérpretes:

James Marsden : David Sumner,
Kate Bosworth : Amy Sumner,
Alexander Skarsgård : Charlie,
James Woods : Tom Heddon,
Dominic Purcell : Jeremy Niles,
Rhys Coiro : Norman,
Billy Lush : Chris,
Laz Alonso : John Burke,
Willa Holland :  Janice Heddon,
Walton Goggins : Daniel Niles,
Anson Mount :  Coach Milkens,
Drew Powell : Bic,
Kristen Shaw :Abb,
el resto de créditos en Imdb.

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Sinopsis:

Remake del clásico de 1971 dirigido por Sam Peckinpah. El guionista de Hollywood David Sumner y su mujer Amy se mudan al pueblo natal de ésta en el sureste de Estados Unidos, después de la muerte del padre de Amy. Su plan es reparar y vender la casa de la familia mientras que David aprovecha la tranquilidad del lugar para terminar el guion en el que está trabajando. Pero no todo es tan bucólico como parece en Blackwater (Mississippi) y la llegada de los Sumner despierta antiguos resentimientos. Además, la pareja pasa por una crisis y la tensión va haciendo mella en su matrimonio, al tiempo que surgen viejos conflictos con algunos habitantes, sobre todo con el ex novio de Amy, Charlie, quien junto con sus amigos del pueblo acaba cruzando los límites de la tolerancia de David y del matrimonio Sumner.

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Comentario:

Hacer un remake de un film como 'Perros de paja', que reunió a un equipo directivo de excepción, dirigido por Sam Peckinpah e interpretado en sus papeles principales por actores tan carismáticos como Dustin Hoffman y la sensual y perturbadora Susan George, una actriz con un toque salvaje, una 'chav' como las de su pueblo que, gracias a su atractivo físico había formado pareja con un profesor universitario de naturaleza pacífica, derivada de su carácter reflexivo, una cualidad qwue con frecuencia se confunde con la debilidad. David Sumner se había retirado complacido al pueblo en el que había nacido, huyendo de la violencia de las ciudades, y se encuentra con la crueldad innata del hombre que se hace más evidente cuando no existe una patina de cultura,- hipocresía dirán otros-, bajo la que se esconden las pasiones más fuertes que dominan a los hombres. Este hecho ha sido denunciado en las pantallas no sólo por los maestros del terror,- Wes Craven, John Carpenter o David Cronenberg en sus ficciones de pesadilla, protagonizadas por sociópatas-, sino por otros realizadores como John Boorman, que nos hace temblar con un miedo real en Deliverance (1970), o Alejandro Amenabar en su último film 'Regression', por el que ha tenido que pagar una cara factura.

El film de Rod Lurie se muestra desde las primeras líneas más terrorífico y deshumanizado que u referente, entre otras razones por el diseño del personaje femenino, el catalizador de la liberación de toda la brutalidad contenida y larvada en esta reducida colectividad. Kate Bosworth es una actriz cuya imagen enlaza mejor con una urbanita, lo que añade mayor violencia a la historia, porque a los rencores de quienes creen que un intruso les ha quitado algo que consideran suyo, se une una sensación de humillación ante una mujer de costumbres más refinadas, que hace footing por el pueblo y se muestra arrogante, como si formara parte de una clase superior, una chica que procediendo del mismo lugar que sus futuros agresores ha perdido todos los vestigios macarras del personaje que creó Gordon Williams. Perdidas todas estas connotaciones sobre algo tan antiguo como el binomio debilidad/fortaleza, generalmente asociado al de cultura/irreflexión, que lleva a un profesor, ahora guionista, a un retiro que imagina idílico, queda una inquietante historia de violencia casi gratuita. La reflexión es tan antigua como la que hace  Julio César en su 'Guerra de las Galias', quien al describir a los pueblos que habitaban las tierras que hoy ocupa la actual Francia señalaba a los belgas como los más fuertes, porque eran los menos civilizados, lo que los hacía más aptos para la guerra.

Si eliminamos este elemento del background el resultado es un film de una violencia irracional insoportable, una película más centrada en una descripción de la tortura física asociada a la pornografía, al deseo carnal que despierta una mujer que se desnuda delante de los obreros del pueblo que arreglan su casa y que parece ser totalmente inconsciente del efecto que produce en ellos, lo que augura un tipo de relato no llamado a perdurar y que se adecua a la crítica de Dennis Hopper que afirmaba que si una historia se presenta desnuda, sin más motivo que mostrar al hombre como un ser violento por excelencia, con el tiempo pierde todo significado y sólo queda eso: la descripción de la brutalidad y la ferocidad del ser humano. Tras el planteamiento y la presentación de los personajes, de una película sin pretensiones de innovación, queda claro que la confrontación con la supuesta realidad de que habla Daniel Tubau (1) se adivina como poco apta para los espectadores más sensibles, ya que pocos desconocen el  terrible argumento de este film de culto.

Muchos han querido ver en la secuencia de la violación una denuncia de la violencia de género y un desafío por parte de la la mujer a la sociedad patriarcal, y entre ellos ni más ni menos que  Molly Haskell, una de las fundadoras del pensamiento feminista y de la crítica fílmica en torno al papel que la mujer desarrolla en el cine, que ha visto en la secuencia de la violación el paradigma en el que se sustenta el constructo de género, que también abarca a aquellos hombres a los que la reflexión vuelve más débiles.  Pero en este caso el discurso queda matizado y menos reivindicativo, como ya hemos dicho antes, al presentar a una mujer que poco o nada tiene que ver con el personaje que encarnaba Susan George, más cercana a sus convecinos, que actuaba con menos premeditación que lo hace Kate Bosworth, en especial  en la secuencia en la que se desnuda ante la ventana con el único objetivo de provocar los celos de su marido ante el deseo y el goce de la pulsión escópica que despierta en los demás hombres. . 

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