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viernes, 1 de enero de 2016

A pleno sol. René Clément.





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Ficha técnica:

Título original: Plein Soleil.
País: Francia.
Año: 1960.
Duración: 118 minutos.

Dirección: Rençe Clément.
Guión: sdsptación de la novela de Patricia Highsmith "Monsieur Ripley", realizada por René Clément y Paul Gegauff.
Dirección de Fotografía: Henri Decae. Color: Eastmancolor.
Música: Nino Rotta; dirección de orquesta: Jacques Metehen; edición: Mondiamusic Imperia.
Edición: Françoise Javet.
Puesta en escena: Jean Guelis.
Jefe de decoración: Paul Bertrand. Asistentes: Bruno Avesani y Eugène Roman.
Ingeniero de sonido: Jean-Claude Marchetti.

Diseño de vestuario: Bella Clément.
Maquillaje: Louis Bonnemaison

Productores: Robert y Raymond Hakim.
Administrador de producción: Pierre Cocco, Alfred Savatti.
Co-producciónv Paris Film Production/Titanu Rome.

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Intérpretes:

Añain Delon: Tom Ripley.
Marie Laforet:  Marge Duval.
Maurice Ronet: Philippe Greenleaf,
Erno Crisa: Riccordi,
Frank Latimore: O.Brien,
Bill Kearns : Freddy Miles
Ave Ninchi : Señora Gianna,
Viviane Chantel :  señora belga,
Nerio Bernardi : Director de Agencia.
Barbel Fanger:
Lily Romanelli: trabajadora doméstica,
Nicolas Petrov: Boris,
Elvire Popesco: Mrs. Popova.


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Sinopsis:

Tom Ripley, un cazafortunas, es enviado a Europa por el señor Greenleaf para buscar a su hijo Philip, un playboy mimado, y llevarlo de vuelta a Estados Unidos. A cambio recibirá 5000 dólares. Philip engaña a Tom fingiendo que está decidido a volver, pero no tiene ninguna intención de dejar a su prometida ni de cumplir los deseos de su padre.

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Comentario:

Réne Clément, como muchos críticos y cineastas de la primera mitad del siglo XX, incorporados al sistema cuando el cine comenzaba a independizarse de la industria e iniciar su andadura hacia el séptimo lugar entre las denominadas bellas artes, fue un realizador autodidacta, un arquitecto que se aficionó al nuevo 'ingenio' de la ciencia y la tecnología. Se formó realizando cortometrajes de dibujos animados y documentales, lo que le acercó a personajes como Jacques Tati. La escasez de recursos explica la relación que se ha establecido entre su forma de hacer y el neorrealismo italiano, una precariedad que lo obligaba a filmar partes de sus películas con una textura documentalista. Trabajó con Cocteau en la dirección de 'La bella y la bestia' y obtuvo el León de Oro de la Mostra de Venecia y el Óscar a la Mejor Película Extranjera por 'Juegos prohibidos' (1952). Más tarde se interesó por las adaptaciones de obras literarias y es precisamente en este campo en el que realizó su obra maestra 'A pleno sol' (Plein Soleil), una película representativa del cine polar francés, protagonizada por Alain Delon que ha trabajado para grandes directores ( Henri Verneuil: Gran jugada en la Costa Azul,  El Clan de los Sicilianos; Jean-Pierre Melville: Crónica negra o El silencio de un hombre ...), en una serie de títulos que lo convirtieron no sólo en el símbolo sexual de su país, sino en uno de los actores más sólidos de su tiempo. "Delon no interpreta, existe," dice de él Jacques Deray (La piscina). "Tras un primer contacto difícil (porque es misterioso, vulnerable), -continúa -, y pasado el estado de desconfianza, de inquietud, llega a ser fascinante para un realizador" (1) 

El éxito en la adaptación de la novela de Patricia Highsmith, que inicia una serie de películas (El amigo americano, 1977, Wim Wenders; El talento de Mr. Ripley, 1999, Anthony Minghella; El juego de Ripley,2002,  Liliana Cavani...)  que tienen a Ripley como protagonista, hará de René Clément un cineasta inmortal, un hecho al que colaboró sin duda la elección para el papel protagonista de un actor que ha encarnado de forma inmejorable la figura del superviviente, del arribista. De aquel que, en medio del caos, encuentra la manera de medrar, pero cubriéndose, eso sí, muy bien las espaldas" (Ibid). A diferencia de las  versiones de la novela negra de la norteamericana que vendrán después, la del realizador francés es tan clásica como el joven hermoso y trágico, (Javier Menéndez Flores) que la protagoniza e infinitamente más oscura. y determinista. El amor y el deseo son los forjadores de un triángulo amoroso de pasiones abiertas, que ensombrecen  el apetito, la ambición y el deseo sofocados por las barreras que levanta entre los individuos la pertenencia a una clase social determinada, que se percibe en las maldiciones y miradas amenazantes de los lugareños y en la verdadera razón que impulsa a Tom a cruzar una línea roja y convertirse en un asesino: el deseo irrefrenable de revancha, manifestado con silencios más elocuentes que las propias expresiones que en alguna ocasión salen de su boca. No quiere el dinero de Dickie, quiere  lo mejor, todo lo que aquel tiene: su casa, su amante, su vida entera, y se lo va a tomar. Pero ambos hombres cometen sendos errores por los que van a pagar un alto precio, unas equivocaciones que derivan de su condición social: el hombre rico no se toma suficientemente en serio al pringado que ha enviado su padre para sacarlo de la vida muelle que lleva en Italia, y el pobre no ha tenido en cuenta el peso de ciertas costumbres de los ricos que considera banales: Tom no sabe pilotar un barco y le da miedo el agua, lo que será utilizado de la forma más cruel e irreflexiva por Dic.

Dice Ernesto Castro, autor del libro titulado 'Contra la posmodernidad', al ser preguntado en una entrevista por la razón que le ha llevado a realizar una diatriba contra la posmodernidad que "el mundo editorial posee razones que la razón ignora.' (2) Esta misma reflexión me induce a plantearme por qué las compañías que lanzan DVDs y  Blu-ray al mercado realizan sinopsis que no se ajustan al contenido de la historia que venden. Si bien es cierto que el film comienza in medias res, sin interesarse en absoluto  por dónde, cómo y por qué el padre de Dickie reclutó a Tom para llevar a cabo este trabajo, si parece quedar claro que lo único que mueve a este joven de nulla fortuna es conseguir la recompensa de 5000 dólares por tan penoso encargo, pero no es ni un cazafortunas ni un arribista, ni está penado por la ley convencer a otro joven para que vuelva a casa. Es la convivencia con el millonario, su arrogancia y altivez, así como las humillaciones a que lo somete  por una sola razón, porque puede, la que despertará en el los peores instintos de la especie humana y lo empujará al lado oscuro, guiado por el resentimiento.

Los primeros fotogramas del film aportan una información en torno a la cual se va a nuclear la historia: un primer plano de una mesa de un bar con dos cervezas y las manos de un hombre firmando una hoja que descansa sobre un montón de fotografías y postales de Roma y unos  papeles que llevan impresa la marca de la reiteración de un ejercicio, una imagen que habla por sí sola del aprendizaje a que el señorito americano somete a un enviado de su padre, un pobre chico, para rescatarlo y devolverlo a Estados Unidos, con el objetivo de ahorrarse el más mínimo esfuerzo. La siguiente secuencia introduce a otro personaje, otro ocioso importante, Freddy, acompañado de dos  bellas mujeres, una de las cuales es Romy Schneider, la famosa protagonista de la saga de Sissi, a la sazón novia de Alain Delon, con el que formaba la pareja cinematográfica más guapa del momento. Javier Menéndez Flores se refiere al actor galo como 'la sublime belleza del hielo', 'la cara masculina más bella que haya dado Francia - y quizás el mundo - durante las décadas de los 60 y 70 "' (Opus cit.) el máximo representante de la tobelookedatness (sermiradaidad) de que habla Laura Mulvey, refiriéndose a la utilización de la mujer como icono sexual, exhibida como leitmotif del espectáculo erótico, que combinado con la narración configura el cine convencional (3). No es casual, ni en absoluto inocente, la elección de dos hombres dotados de esta cualidad, que funcionan como objeto erótico para los personajes de la historia y para el espectador en la sala, un show que permite la unificación de las dos miradas sin ruptura aparente de la diégesis y que el impacto sexual sitúa, en este caso a los dos hombres, en un no man's land o tierra  de nadie, fuera de su espacio y tiempo. La teórica feminista da un paso más y asevera que una parte del cuerpo fragmentada adquiere la calidad de recortable o icono, rompiendo la ilusión de profundidad, el espacio renacentista de la verosimilitud. Frecuentes imágenes del film de René Clément se convierten en un paradigma de las doctrinas de género, incidiendo en la puesta dentro de foco de los atributos sexuales masculinos, llegando al climax en la secuencia en la que Ripley habla a su alter ego, al que llega a besar, delante de un espejo, a través del cual se advierte la presencia de Dickie Greenleaf.

Pero la dureza, el hieratismo de Alain Delon no es aprendido, es autobiográfico; la imagen del bello depauperado, débil por su escasez de recursos, de mente ágil lo capacita para aprender rápido, a excepción de ciertos tics atávicos que domina la clase alta, unas maneras y conocimientos simples cuya destreza se adquiere con la repetición más que con la agudeza intelectual y cuya carencia será la causa de su desgracia.  Otra anécdota que ejemplifica esta visión del mundo es la lección que  Dickie da a Tom, 'por su bien', sobre la forma en que una persona distinguida come pescado, convirtiendo una norma burguesa en una categoría que define al hombre superior y lo aleja de las masas. La inteligencia emocional  necesaria para la supervivencia, una aptitud que convierte a Delon en el actor idóneo, se confronta durante toda la parte central del film con los hábitos que adquiere la aristocracia en su dolce far niente que entretiene con actividades deportivas relacionadas con el ocio; el paseo de Ripley por un mercado en el que los peces han sido transformados en pescados, gracias a la habilidad del pescador, lo hace sentirse como un triunfador que ha vencido a un poderoso adversario en el mar, a pleno sol. No tardará en descubrir lo equivocado que está; no es tan fácil derribar al que lo posee todo, desde la carencia más absoluta.



(1) Guapos de Leyenda. Javier Menéndez Flores, Ediciones B. Colección No ficción/Crónica.
(2) Contra la posmodernidad. Ernesto Castro. www.academia editorial.com)
(3) Laura Mulvey. Placer visual y cine narrativo.




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