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domingo, 31 de enero de 2016

El hijo de Saul László Nemes.



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Ficha técnica:

Título original: Son of Saul.
País: Hungria.
Año: 2015.
Duración: 107 minutos.

Dirección:Lászlo Nemes.
Guión: Clara Royer y László Nemes.
Dirección de Fotografía: Mátyás Erdély..Color.
Música: László Melis.
Edición: Matthew Taponier.
Dirección artística: Laszlo Rajk.


Productores: Gábor Sipos o Gabor Rajna.
Productor ejecutivo: Lászlo Rajk.
Diseño de producción: Tamás Zányi.
Compañías. Productoras: Sony Pictures Classics Release, Laokoon Filmgroup. presenta, con el  de apoyo  de Hungarian National Film Fund  y de Claims Conference.


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Intérpretes:

Géza Röhrig : Saul Ausländer,
Urs Rechn : Oberkapo Biederman,
Levente Molnár: Abraham Warszawski,
Todd Charmont : Prisionero,
Sándor Zsótér : Doctor.


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Sinopsis:

El director László Nemes, debuta en la dirección de largometrajes con 'El hijo de Saul', ganadora del Premio FIPRESCI y del Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes 2015, y protagonizada por Géza Röhrig (Saul), Levente Molnár (Abraham) y Urs Rechn (Oberkapo Biederman). Esta película nos traslada a la ciudad de Auschwitz durante el 1944, concretamente un campo de concentración, donde Saul Auslander, un prisionero húngaro trabaja en un horno crematorio siendo obligado a quemar los cadáveres de los suyos, de los demás prisioneros con los que comparte el horror que se está viviendo. Sin embargo, intentando hacer uso de su moral, se empeñará en salvar la vida a un niño que encuentra entre las llamas, ya que cree que se trata de su hijo, y que necesita encontrar un rabino que pueda ofrecerle una verdadera sepultura, y así enterrarlo ¿decentemente?

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Críticas:

Cuando George Stevens entró con su cámara en Dahau, creyendo que iba a filmar las cruentas imágenes que produce una guerra, se encontró con el holocausto, un genocidio de tal magnitud que le impidió volver a realizar una comedia en su vida, cuya visión hizo arrepentirse a Charles Chaplin de haberse tomado a broma en 'El Gran Dictador'' el horror al que el nazismo sometió a las poblaciones sometidas. El cine se ha encargado de divulgar entre la población lo que el cineasta americano vio, y posteriores realizaciones, ahora la del húngaro Lászlò Nemes aporta su grano de arena para hacernos entender el grado de locura que invadió a opresores y oprimidos.

Imágenes de George Stevens tomadas en Dahau





Dirigido por... ha puesto a su mejor pluma, Antonio José Navarro, a escribir en torno al relato del director húngaro en  'El hijo de Saúl', un film que obtuvo el Gran Premio del Jurado en el último festival de Cannes, una cinta que ha suscitado todo tipo de  polémicas y comentarios. Muchos intentarán evadirse de la denuncia de  la crueldad que las clases  altas y en teoría cultivadas, amantes de la altisonante música de los grandes compositores alemanes, pero que llevaron a cabo la célebre quema de libros, recurriendo a un planteamiento universal: la crueldad del ser humano, que hace honor al letrero que cuelga del cuello de un indio que se ha suicidado. en el film de Alejandro González Iñarritu, 'El Renacido',  y que reza que todos somos unos salvajes. La historia demuestra, no obstante que este planteamiento no es tan universal como parece. Antonio José Navarro afirma con tristeza que si bien ha habido otros escenarios en los que el hombre ha puesto en escena su crueldad, como Sobibor, Trebinka o Majdanek en la  propia Alemania de Hitler, pero también en la actualidad, en la Guerra de los Balcanes (1991-1999), los 'Puntos Negros' de la CIA tras el 11-S, los campos de ISIS, etc., por poner solo algunos ejemplos.



Pero  Auschwitz tiene el espantoso mérito de haber montado la técnica  industrial del asesinato en masa y de haber conseguido una alta productividad en su función, llegando a asesinar a  casi un millón y medio de personas entre 1942-1945 en este lugar, de las cuales, alrededor del 90% eran judíos, a los que hay que añadir miles de prisioneros de guerra soviéticos, disidentes polacos, gitanos, testigos de Gehová, homosexuales..., en el marco de la llamada "Solución final". "Por eso, afirma Antonio José Navarro,  el cine comprometido con el Holocausto debe renunciar a toda pretensión de explicación abstracta y buscar la presencialización del sufrimiento y la barbarie." Y esto es lo que hace László Nemes, cuyo protagonista, un miembro de los Sonderkommandos o unidades de trabajo formadas por judíos y no judíos, se encargaban de echar a los hornos crematorios los cuerpos de sus camaradas, cuyas cenizas esparcían posteriormente en los ríos; además de este aterrador trabajo, se encargaban de examinar los orificios naturales (ano, vagina) en busca de piezas de valor ocultas, arrancarles los dientes de oro y al fin incinerarlos en hornos o fosas crematorias." "El horror, para conocerlo, para combatirlo, debe mirarse de frente."(El infierno en abstracto. Dirigido por..., enero de 2016)

Javier Ocaña se enreda en un planteamiento diametralmente opuesto, enredándose en diatribas filosóficas sobre "el órdago a la cuestión del travelling como cuestión moral de Godard, un antídoto a la teoría de la abyección de Rivette, un listísimo anzuelo a los tabúes de representación de Lanzmann", que lo coloca en las antípodas de Antonio José Navarro, concluyendo con un argumento, como mínimo ininteligible, cuando de lo que se trata es de las formas que algunos hombres tienen de imponer sus ideas a los demás: "Las críticas morales desde el sofá de casa son fáciles. Lo terrible es estar ahí y tener que actuar, que tomar decisiones. Y eso es lo que presenta la película, lo que te hace sentir más que ver: el martirio físico y mental de habitar el infierno y querer mantenerte en pie." (A un metro del infierno. Diario 'El País', 15 de enero de 2015).






Luís Martínez introduce otra polémica, apoyándose en Adorno: la imposibilidad de hacer poesía, y por tanto cine, tras conocer la magnitud del holocausto: " La cuestión, comenta didáctico Alejandro Baer, siempre es cómo representar el horror absoluto del Holocausto en cuanto suceso límite. Relatar algo es siempre estetizar y, por eso, la negativa de Lanzmann a introducir un solo plano de ficción o documental de archivo a la propia tensión de la memoria, del relato". Y sigue: "En cualquier caso, igual de relevante es el contexto de recepción. Pienso en una serie de televisión de los años 70 Holocausto. Pese a todo, pese a lo rudimentario de su narración, sirvió para abrir los ojos al gran público". (El Hijo de Saul: Miedo a mirar'. Diario 'El Mundo', 15 de enero de 2015).




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