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sábado, 9 de enero de 2016

Joy.David O. Russell. Comentario




Ficha técnica, sinopsis, críticas. (Pinchad aquí).



Comentario:


David O. Russell, el cineasta que encandiló al mundo con 'El lado bueno de las cosas', un proyecto que dedicó a su hijo que padecía un trastorno similar al de sus protagonistas, para hacerle sentirse bien con una palabra que figura en el emblema del escudo y la bandera de New York, ''Excelsior', que funciona como lema que significa 'siempre hacia arriba'; un film que consiguió un Óscar para su protagonista, Jennifer Lawrence, y los galardones de los certámenes más importantes y de la crítica que otorgan instituciones de carácter anglosajón a un lado y otro del Atlántico, vuelve con 'Joy', tras haber sentido conmiseración por pequeños políticos que se ven atrapados en redes de corrupción por gángsters de oficio, por su interés de favorecer a sus pequeñas comunidades en 'La gran estafa americana', la gran derrotada, junto a "El lobo de Wall Street" de Martin Scorsese en su aspiración a lograr la anhelada estatuilla de oro que concede la Academia, ante 'Gravity' de  Alfonso Quaron, 'Doce años de esclavitud' de Steve McQueen, o 'Dallas Buyers Club' de Marc Vallée',  que se repartieron los premios más importantes de la cita de 2013. Y como hiciera Tim Burton con aquel extraño biopic, cuya protagonista era una célebre y cotizada pintora de unos horribles cuadros, unos retratos en los que los representados eran inolvidables por sus grandes ojos (Big Eyes, 2014),- cuadros que cuelgan en las paredes de películas que entretuvieron al público de la década de los 60 , entre ellas 'Cómo matar a la propia esposa'  de Richard Quine.  1965-, irrumpe con la biografía de la inventora de un producto ridículo y torpe, el blasón del ama de casa, la reina del ámbito privado del hogar, que acabó convirtiéndose en la máxima representante de esos programas tan espeluznantes que son las teletiendas. Pero las condiciones particulares de esta mujer, interpretada por Jennifer Lawrence, apoyada por su ilustre partner, Bradley Cooper, cuya aparición en escena es de lo más particular, la convierten en una firme candidata a la protección de la divisa del sueño americano, 'Excelsior', que conlleva un apoyo al ciudadano del que carecen muchos soñadores como Joy, que llega a maldecir a su país, que no solo no favorece, sino que incluso niega y destruye a quienes como ella, se atreven a soñar. Russell acaba reconociendo, como hiciera Brad Bird en su famosa película de animación, 'Ratatouille',( entre otros títulos) , junto con el exigente crítico culinario que 'si bien no todo el mundo podía convertirse en un gran artista, un gran artista podía provenir de cualquier lugar, incluido el hogar en el que amas de casa como Joy, que paradójicamente significa 'alegría', inventan artilugios como la famosa fregona, cepillos de bolso, perchas forradas de terciopelo, que compiten dignamente con los collares que hacen los hombres que combinan, de forma grotesca e irrisoria, con faldas y blusas y nadie los cuestiona.

La crítica española se ha ubicado en un no man's land  o tierra de nadie de la crítica, en la que ni sus responsables se hacen cómplices ni se tiran al cuello de David O.Russell ante una película en la que el cineasta  consolida una forma de hacer propia que lo diferencia del resto de directores que opta por la comedia para narrar una historia más o menos trascendente. Desde su primera película, toma como protagonistas a personajes unas veces reales y otras ficticios, contrariados, engañados, despreciados,destinados a cumplir la irónica y triste reflexión de Groucho Marx que reza: "Partiendo de la nada he llegado a alcanzar las más altas cotas de la miseria", ya se trate de jóvenes enfermos, políticos bisoños que caen en manos de estafadores, o mujeres víctimas de su familia y de la sociedad, al tiempo que parece empeñado en demostrarnos que, a pesar de los grandes obstáculos que impiden a estos hombres y mujeres alcanzar el manido sueño americano, siempre queda un resquicio, un pequeño espacio en el que aquellos que luchan contra la injusticia, el fraude y la adversidad puedan encontrar un pequeños lugar en el que jueguen un papel decisivo la voluntad del individuo y su disposición para emprender una lucha sin cuartel con los poderes fácticos y las envidias y puntapiés de los más próximos; el hecho de que el caso que plantea sea la biografía de Joy Monagan, un personaje real que alcanzó su meta en su país en la década de los 90, quita argumentos a quien pueda pensar que la película de Russell está inspirada en el deseo de hacer propaganda de la sociedad capitalista que impera en su país (y ahora en medio mundo) y demuestra que, al fin no han entendido nada.Cuando uno deja de creer que con su esfuerzo puede lograr lo que se propone, es porque su mente se ha doblegado y ha perdido no sólo su batalla con la vida, sino la juventud y la inocencia.

A mayor abundamiento, su película demuestra que en una sociedad blanca y patriarcal, existen pequeñas células de matriarcado, en las que mujeres silenciosas y abnegadas desempeñan las tareas que se le atribuyeron en la primitiva división del trabajo, la que se produjo en la revolución urbana, en la que , en el reparto de roles, le tocó ser recluida en el ámbito sagrado del hogar (un espacio político para los caucus feministas) y dedicarse al cuidado de su familia; a ello añade la protagonista, por su carácter y condiciones singulares, el cuidado en solitario de la educación de sus hijos y el mantenimiento de una familia extensa ( padres separados, ex-marido, abuela e hijos) a los que no sólo mantiene, sino que se convierte en depositaria de sus inseguridades y resentimientos que se tornan en envidias, rencores y puntapiés que conducen a su ruina, tan pronto logra hacer realidad su sueños, por muy vulgares que parezcan a algunos que no vacilan a la hora de colocarse teóricamente como defensores del 'sexo débil', sin percatarse que quien desprecia a una mujer emprendedora que ingenia utensilios que hagan más llevaderas sus tareas domésticas, desprecia a las mujeres mismas. Este es el ejercicio que realiza Todd MacCarthy (The Hollywood Reporter) que la ridiculiza porque alcanzó la fama con un éxito torpe, la invención de una peculiar fregona 'milagro', un utensilio útil para las personas de su sexo y condición ( de ama de casa). que vendía personalmente en la red de televenta QVC en la década de 1990 y que le sirvió de plataforma para erigirse en la inventora y estrella de la teletienda,lo que no parece hacerla merecedora de semejante homenaje, un film que lleva su nombre realizado por un cineasta multipremiado como Russell. Pero el gran mérito para MacCarthy reside en saber derivar su historia hacia la comedia humana, para representar la caleidoscópica naturaleza del esfuerzo humano, y los elementos que entran en juego de una existencia feliz y satisfactoria en medio de la tragicomedia de una vida desordenada y desastrada. Quien siendo una niña confiesa que no necesita a un príncipe, tiene que soportar que pululen a su alrededor su padre, bastante deshonesto con ella en los momentos de dificultad, y su ex-marido un cantante venezolano que emula a Tom Jones.. El resultado es una emotiva comedia sobre la ascensión de una mujer, abriéndose camino en el implacable mundo de los negocios, poniendo orden en el caos familiar y encontrando la felicidad en la recompensa de los esfuerzos hercúleos y los desengaños que la han animado a no cejar en su empeño, reinventándose cada día.

Tras una presentación de los personajes, vistos por la abuela que narra la historia en off visual cuando ya está muerta, como ocurre con 'Sunset Boulevard' (El crepúsculo de los dioses) de Billy Wilder (1950), o 'American Beauty' de Sam Mendes, (1999), películas en las que se cuestiona a Estados Unidos como tierra de las oportunidades, una ficción en la que los protagonistas acaban bastante peor que Joy, (sólo en una secuencia, que se sitúa en tiempo 'real' cambia el punto de vista, y un narrador objetivo, la propia protagonista, reconoce que ignora cuál va a ser su futuro), en la que se recurre a constantes flashbacks en los que esta mujer muestra su cualidad creativa desde niña, comienza el desarrollo de una historia dividida en tres actos, en los que vemos cómo evoluciona una mujer que comparte el trabajo en una empresa con sus labores domésticas, rodeada de parásitos que no se levantan del sillón o la cama ni para coger el teléfono; el despertar de una conciencia que ha aparcado durante más de quince años sus sueños de salir de la miseria haciendo 'cosas' sin parar y su entrada en contacto con una importante cadena de televisión, de cuyo departamento de publicidad se encarga Bradley Cooper, su fracaso y por último su reacción que descansa en algo más usual de lo que parece: una actividad intensa en todos los frentes, incluído el de la sustitución de abogados venales que trabajan para la competencia, en la que se encuentran algunos de sus familiares, incluido su propio padre y hermanastra. El giro definitivo de su suerte nos conduce a un happy end de los americanos y el bien content de los franceses, en el que Joy cede ante las exigencias de la sociedad y cambia su camisa y sus pantalones,  así como su pelo largo y desenfadado por ropa más marujona y recargada, joyas y otros complementos y un discreto moño que le concede una apariencia de autoridad; Russell, a pesar del panegírico a la mujer emprendedora, no oculta que contrata a chicanos con la colaboración de un cura bienpensante, que milita en el populismo que defiende que hay que atender a las necesidades más inmediatas, aunque estas maniobras sean tan solo parches que perpetúan un sistema basado en la desigualdad.Pero Russell "también consideró JOY como la oportunidad de contar un tipo diferente de historia sobre la consecución de riqueza: la historia del surgimiento de una magnate de los negocios a partir de un mundo doméstico asociado a la clase trabajadora y, a menudo, todavía ignorado por la épica cinematográfica. un largo camino hacia el autococimiento que adquirirá en su lucha particular contra todo y contra todos.


Desde la primera imagen queda de manifiesto que Russell está dispuesto a utilizar la mezcla de texturas, -especialmente televisiva y cinematográfica-, que usa para establecer una clara diferencia entre la mujer luchadora, (espectacular momento en el que Joy protagoniza un anuncio en el que su figura y la de Bradley Cooper se recortan sobre el fondo de una cocina blanquísima, el típico anuncio con el que se interrumpen las series, sudamericanas y norteamericanas de género ´soap', para demostrar lo feliz que es la mujer que consigue que brille su casa y que sigue con fruición, año tras año, su propia madre), y las mujeres desengañadas que se recluyen en una habitación y viven de forma vicaria la vida de las protagonistas de las telenovelas. En este punto Russell muestra cierto pesimismo ante el avance en la toma de conciencia por parte de la sociedad de la igualdad de sexos, ya que la misma historia se mantiene en la pantalla a pesar de los cambios que van mejorando el soporte (introducción del color, mejora de la representación...), una actitud que iguala a la fascinada madre de Joy con Louis de Ponte de Lac, interpretado por Brad Pitt en 'Entrevista con el vampiro' de Neil Jordan,(1994), que comprueba maravillado cómo evoluciona el hombre en la construcción cinematográfica del mito de Frankensteín, de que habla Noël Burch en 'El tragaluz del infinito'.mientras él sigue en su condición de muerto viviente, como Terry, que apenas ve otra luz que la que ilumina su habitación. Pero además Russell se siente atraído por estos relatos, y lo verbaliza de manera emotiva, implicándose en su propia historia: “En el mundo de la telenovela están todos esos grandiosos elementos góticos y melodramáticos. Sus personajes hablan constantemente de deslealtad, traición, riqueza y muerte; de manera que sus tramas parecen escritas por Gogol, Tolstoi o Dostoievski. Pero las telenovelas también tratan a menudo sobre ambición y mujeres valientes, y por eso tocan la fibra sensible de la gente”.

Se han puesto objeciones a la música creada y seleccionada porWest Dylan y Thordson y David Campbell, que intenta tocar la fibra sensible del espectador, un ejercicio que han realizado otros grandes cineastas como Kubrick al elegir la obra de Strauss para su célebre '2001: una odisea del espacio' o Lars Von Trier al introducir su 'Melancolía' con el bellísimo leitmotif de Tristan e Isolda de Wagner, una elección que le garantizaba la belleza de la introducción de su película. Otros señalan como una evidencia de los problemas con los que se ha encontrado el cineasta la presencia de cuatro editores, los creadores, en el fondo, de sentido: Alan Baumgarten, Jay Cassidi, Tom Cross, Christopher Tellefsen, una colaboración que parece ser habitual en las películas del director, que, en definitiva imprime un estilo propio porque el equipo se pliega ante el talento de quien ha cosechado en poco tiempo 25 nominaciones a los Óscar.

El guionista y director, con el apoyo de Annie Mumolo crea una serie de personajes peculiares, no exentos de interés y algunos de ellos incluso entrañables, a pesar de su desidia y vampirización de la mujer protagonista: Rudy, el padre que tiene hijos de diferentes matrimonios, interpretado por Robert De Niro, en un papel cómico-serio, un pequeño empresario, de clase trabajadora, propietario de un pequeño taller, con un terrible carácter, que todavía aspira a encontrar un nuevo amor, aunque sea apoyándose en su propia hija; Tony, (interpretado por Edgar Ramirez), el ex-marido, un cantante soñador venezolano, vive también de Joy y ocupa el sótano de la casa que deberá compartir con Rudy, una situación que apenas tiene presencia en el cine de cualquier tiempo; Terry, la madre, interpretada por Virginia Madsen, una mujer que, en su soledad como divorciada, se ha refugiado en su habitación, pegada al televisor que emite sin parar historias de mujeres fuertes que imita en su imaginación; Neil Walker, interpretado por el actor fetiche de David O.Russell, Bradley Cooper, su mayor aliado y su mayor competidor fuera del ámbito del hogar. En el lado opuesto Peggy, la hermanastra de Joy, (Elizabeth Rohn), y sustentando a la 'cabeza de familia' de su particular matriarcado (más usual de lo que parece y más doloroso para quien tiene que ejercerlo ante la férrea censura y los reiterados esfuerzos por provocar su fracaso de una sociedad dominada por el hombre), Mimi, (Diane Ladd), la abuela-narradora, la inspiradora de los sueños de su nieta porque conoce el poder de su imaginación y la fuerza de su voluntad y la única que ayuda a esta mujer acosada por su propia familia., en el límite de sus fuerzas físicas.

El cineasta, conocido por su afición al diseño y a los escenarios imaginativos, prepara con su director de fotografía Linus Sandgren (La gran estafa americana) las tomas estilizadas de la vida moderna hasta la fecha, "que captan no solo el salón de la familia y el apelmazado garaje, sino un universo de telenovela intensificado, una fábrica de sueños de televisión y la salvaje imaginación de una mujer a la que le encanta pensar soluciones ingeniosas a los problemas diarios . La idea era ver  la vida contemporánea a través de la lente del cine clásico y dejar que colisionaran entre ellas (notas de producción). Para lograrlo recurrieron al trabajo de profesionales de la cámara, como el primer fotógrafo en color de América, los cuadros de Edward Hopper y Andrew Wyeth, así como las películas clásicas de George Stevens y Frank Capra,y ambos trabajaron en gran parte con siluetas y las sombras, que les permitieron entrar en el interior de las personas, y una paleta monocromática que transportan al espectador a un mundo en el que se mezcla la realidad y el encantamiento, sin impedirle un alejamiento de las emociones de Joy.

Una buena película que aborda de un modo diferente y actual la lucha de muchas mujeres que sostienen familias monoparentales, en las que no se da siempre el mismo abuso que gobernó la vida y las emociones de Joy, pero mucho más usual de lo que parece, ya que son muchas las mujeres que trabajan fuera y dentro de casa, y que a la vez sueñan con salir de esata amarga cotidianeidad y poder ver realizados los sueños que alimentaron cuando eran niñas y que la vida las obligó a dejar aparcados durante toda su juventud. Algunos como Joy Mangano consiguieron el éxito, partiendo del universo de los tabajadores, disfrazados de los empleados autónomos, disfrazados de pequeños empresarios, que se ven obligados a compartir un sótano para no convertirse definitivamente en callejeros. Una nueva oportunidad para adherirnos al cine de David O.Russell, que se encarga de poner de relieve en cada nueva película 'el lado bueno de las cosas', que convive en cada uno de nosotros con ese 'lado oscuro' de que tanto se habla. El éxito de Joy es solo el reconocimiento de la sociedad a una de tantas mujeres que trabajan dentro y fuera de casa y no están dispuestas a renunciar a aquello que hace al hombre diferente del resto de los animales: la creatividad, aunque sea de una fregona.

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