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miércoles, 6 de enero de 2016

Karate Kid (El momento de la verdad).John G.Avildsen.







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Ficha técnica:

Título original: The Karate Kid.
País: Estados Unidos.
Año: 1984
Duración: 121 minutos.

Dirección: John G.Avildsen.
Guión: Robert Mark Kamen.
Casting: Caro Jones, Pennie Dupont, Bonnie Timmerman,
Dirección de Fotografía: James Crabe, a.s.c.
Música: Bill Conti
Edición: Bud Smith, Walt Mulconery, John G. Avildsen.
Decorador del set: John Anderson.
Diseño del set: Bill Matthews.
Coordinador de especialistas: Alan Oliney.

Maquillaje: Tom Case,
Peluquería: Cheri Ruff.
Vestuario Hombres: Richard Bruno; Vestuario mujeres: Aida Swinson.

Productor: Jerry Weintraub.
Productor ejecutivo: R.J.Louis.
Productores asociados asociado: Bud Smith, David Yorkin, Kimberly Sizemore, Robbie Walnum
Diseño de producción: William J.Cassidy.
Compañías.Productoras: Columbia Pictures.

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Intérpretes:

Ralph Macchio: Daniel,
Noriyuki "Pat" Morita: Miyagi,
Elisabeth Shue: Ali,
William Zabka: Johnny,
Ron Thomas: Bobby,
Robb Garrison: Tommy,
Chad McQueen: Dutch,
Tony O'Dell: Jimmy,
Israel  Juarbe: Freddy,
William Bassett: Mr. Mills,
Larry B.Scott: Jerry,
Juli Fields: Susan,
Dana Andersen: Barbara,
Frank Burt Avalon: Chucky,
Jeff Fishman: Billy,
Ken Daly: Chris,
Tom Fridley: Alan,
Martin Kove: Kreese,
Randee Heller: Lucille,


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Sinopsis:

Daniel (Ralph Macchio) llega a Los Ángeles procedente de la costa Este de Estados Unidos y tiene por delante la difícil tarea de hacer nuevos amigos. Sin embargo se convierte en el blanco de los ataques de los 'Cobras', un hostil grupo de estudiantes de Karate, cuando  comienza a salir con Ali (Elisabeth Shue), la antigua novia del cabecilla del grupo.

Daniel pide ayuda a Miyagi (Noriyuki "Pat" Morita), un maestro de artes marciales, para que le enseñe Karate. Bajo la tutela de Miyagi, Daniel desarrolla no solo sus aptitudes físicas, sino también la seguridad en sí mismo que necesita para sobreponerse a todos los obstáculos.

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Comentario:

Karate Kid (El momento de la verdad) es la primera de una serie de películas que la siguieron como consecuencia del éxito de un film dirigido a adolescentes que se sintieron redimidos vicariamente por el protagonista del título, un joven delgaducho, recién llegado a un suburbio de la ciudad de Los Ángeles, que reunía todas las condiciones para convertirse en el objeto de la persecución y el maltrato de un grupo de chulos de la clase alta, que convivían en las aulas con gente más modesta como Daniel., cuyos padres compartían salones en el Club de Campo de la colectividad. A este título siguieron otros, ( Karate Kid II, Karate Kid III, El nuevo Karate Kid y ya en el siglo XXI The Karate Kid (2010), las dos primeras dirigidas por John G.Avildsen, y las siguientes por Christopher Caine y Harald Zwart. Todas ellas tomaban como base el cuento de Kenzaburo Oe 'A veces el corazón de la totuga'.

Al frente del proyecto se sitúa John G.Avildsen, un especialista en cine de acción, ganador del Óscar a la mejor dirección en 1976 por Rocky, que se formó en las diferentes actividades  que contribuyen a que una película se convierta en realidad: productor, asistente de dirección o director de fotografía, antes de graduarse como director a finales de la década de los 60, un periodo en el que realizó películas de la categoría de 'Salvad al tigre' (1973), protagonizada por Jack Lemon, un trabajo por el que obtuvo un Óscar. Es difícil de olvidar un título que denunciaba la precaria situación que vivían los emigrantes en el floreciente país formado por los Estados Unidos de América, sometidos a una semi-esclavitud en empresas que funcionaban en el amplio sector, que hoy corre el riesgo de convertirse en sistémico, de la economía sumergida.

En esta ocasión, a pesar del gran atractivo poético y literario del personaje de Daniel, interpretado por Ralph Macchio, no desprecia contextualizar su historia en la situación laboral de los trabajadores a sueldo y el sacrificio que supone para muchos de ellos la movilidad laboral, como la madre del joven que debe trasladarse desde el extremo este del continente al fin del mundo en el lejano Oeste, de Nueva Jersey, al lado de Nueva York, a California, atravesando paisajes desérticos e internándose en el Gran Cañón para llegar a su destino, por unos pocos dólares que apenas les permitían pagar un pequeño apartamento con una piscina ridícula donde refrescarse y poder aguantar la canícula. 

La primera secuencia describe las condiciones de vida de estos trabajadores obligados a emigrar y dejar atrás a sus amigos y familiares: un travelling vertical recorre de arriba abajo las casas alineadas en las que vivían Daniel y su madre, delante de las cuales descansan los coches de sus vecinos, a excepción del de esta pequeña familia que abandona para siempre el lugar, en un coche, seguido por los amigos del chico, como esos que hemos visto comprar y vender en cientos de películas norteamericanas y pagar en el acto al vendedor. Grandes, abollados, con dificultades para arrancar. Cuando el vehículo se pone en marcha viene otro de frente, que debe cederle el paso subiendo a la acera, porque ambos coches no caben en la calzada que queda libre para la circulación. Un depósito de agua elevado, que generalmente forma parte del skyline de estos barrios o pequeñas villages, preside el paisaje que madre e hijo dejan para siempre.

La historia que se desarrolla en su nuevo lugar de residencia no es muy original, pero el modo de combatir el rechazo del inmigrante pobre si lo es, en una sociedad en ocasiones embrutecida como la nuestra. Está basada, como hemos dicho en un cuento de Kenzaburo Oe, el segundo japonés galardonado con el Premio Nobel de Literatura, en 1994, cuyo hijo Hikari Oe padece una deficiencia mental, una situación que lo animó a escribir relatos para él (Una cuestión personal; Dinos cómo sobrevivir a nuestra locura, El grito silencioso o ¡Despertad, oh jóvenes de la nueva era!, que giran en torno al problema de su hijo. un niño autista ). Su imagen de grulla con la pata levantada dispuesto para el ataque, un ejercicio que forma parte del duro entrenamiento realizado con trabajos de limpieza y bricolage, que le adiestran para concentrar toda su fuerza corporal en el punto que ha de golpear, pertenece ya al imaginario colectivo de los jóvenes de todo el mundo, con independencia de su lugar de nacimiento, de su raza y condición, porque Avildsen supo crear un prototipo de muchacho universal que reúne en su imagen iconos de las diferentes culturas, que lo definen como un chico frágil con la flexibilidad y la resistencia del bambú, un perdedor de clase baja que puede conseguir lo que se proponga a costa de su propio esfuerzo y su férrea voluntad. Una idea que forma parte no sólo del sueño americano, sino del sueño de cada uno de nosotros hasta que la vida se encarga de demostrar que, por muy injusto que nos parezca, hay bastiones muy difíciles de derribar. Sólo unos pocos aguantan y consiguen hacer realidad sus fantasías. Una razón por la que todos los demás los ven como sus héroes.

Es difícil que todavía quede alguien que no haya visto estas películas o se las haya hecho ver a sus hijos e incluso a sus nietos ( ya han pasado más de 30 años desde su estreno). Hoy los periódicos la lanzan de nuevo al mercado para los cinéfilos, los nostálgicos y auqellos que no han tenido la oportunidad de disfrutar de esta historia todavía. No obstante el film suma algunos elementos que hoy serían calificados como políticamente incorrectos, como el hecho de que Miyagi, un hombre perdedor, se emborrache delante del adolescente, o incluso que se defienda la idea de que hay que 'hacer la guerra para evitar la guerra' y que la única forma de lograr que te respeten es haciendo uso de la fuerza bruta.




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