Páginas vistas en total

sábado, 23 de enero de 2016

La gran apuesta. Adam McKay






Críticas y comentario:

Quienes formaban parte de la clase media, con un sueldo aceptable, superior a los dos mil euros mensuales, eran perfectamente conscientes de que se estaba generando una burbuja financiera de grandes dimensiones, cuando sólo se tenía que hacer un ejercicio sencillo para observarla: mirar, Como advierte Adam McKay, curiosamente un realizador de comedias, que no abandona este tono en 'La gran apuesta'. No era posible  que ciudadanos con unos ingresos muy inferiores tuvieran acceso a hipotecas multimillonarias, dispusieran de segunda vivienda y coches de gama alta, si no era a cambio de hipotecas que los ataban a los bancos durante medio siglo, un tiempo tan dilatado que la imprevisibilidad de contingencias adversas (enfermedad, paro...) era tan grande que resultaba imposible que sesudos banqueros y economistas no tuvieran en cuenta estos riesgos; a ello se unía el temor que sentían amplias capas de la población, que invertían sus ahorros en planes de pensiones, más o menos modestos y eran conscientes de que sus pequeñas aportaciones se invertían en esos famosos paquetes, CDO los llaman en el film, que integraban bonos-basura, generalmente procedentes de las famosas subprime. Por esta razón no puedo estar de acuerdo con Ismael Marinero cuando afirma que :"Sin embargo, no fueron muchos los que se dieron cuenta de que algo olía a podrido en el sistema financiero mundial. O sí los había, pero no consiguieron el altavoz necesario para advertir la que se nos venía encima. Los protagonistas de La gran apuesta, corredores de bolsa más avispados que el resto, fueron capaces de ver el pozo sin fondo que suponía la burbuja inmobiliaria, y quisieron sacar tajada de la debacle. No fueron los únicos." (1)






Otra cosa bien diferente es que, fuera del medio financiero, alguien ajeno al mundo de la especulación en bolsa fuera consciente del fraude que se estaba gestando en grandes empresas del ramo, a pesar de que muchos cineastas norteamericanos han hecho grandes esfuerzos por explicar a la población lo que estaba ocurriendo, desde todos los géneros: documental (Malas noticias de Curtis Hanson, 2011; Enron, los tipos que estafaron a América,2006; In Side Job de  Charles Ferguson de 2010; The Sleepwalkers de la revista The Economist ), thriller (Cosmópolis de David Cronenberg 2012; Asalto a Walls Street, Uwe Boll, 2013; El año más violento de J.C.Chandor de 2014); comedia (El lobo de Wall Street de Martin Scorsese, 2013; Up in the air de Jason Reitman, 2009); drama (El poder del dinero de Robert Luketic de 2013; La gran estafa americana de David O.Russell. 2013; The Girlfriend experience de Steven Soderbergh de 2009:La pesca de salmón en Yemen de Lasse Hällsttrom de 2011; El quinto poder de Bill Condon de 2013; El capital de Costa Gavras de 2010 y la más estupenda de todas: Magin Call de J.C.Chandor que narra el inicio oficial de la crisis con la caída de Lehman Brothers el 13 de septiembre de 2008). Todas estas películas y muchas más se enmarcan en las dos grandes aportaciones de Oliver Stone, que vio venir mucho antes que todos este momento y que ha merecido que su empresario Gordon Gekko sea tomado como modelo por la prensa salmón. Nos referimos a Wall Street 1 de 1987, y Wall Street 2, el dinero nunca duerme  de 2010.



El cine ha abordado el tema desde todas las caras del prima: el impacto en el mundo de las finanzas y la caída de la bolsa neoyorkina, el papel de las strippers y sus pérdidas económicas, la irrupción de las nuevas tecnologías que conlleva la destrucción de millones de trabajos convencionales en todo el mundo, las iniciativas e inversiones absurdas en aeropuertos sin aviones o haciendo nadar a los salmones en el desierto de Yemen contra corriente, la delincuencia...Adam McKay se pregunta si en el mundo del dinero primaba la ignorancia, y acaba contestándose esta pregunta retórica: lo que imperaba era la mala fe, la delincuencia y la falta de ética, que según denuncian los medios americanos se ha trasladado a las escuelas de negocios. Esta conclusión se asienta en el hecho de que los grandes prohombres de las finanzas eran conscientes de que tenían cogido al poder por donde más duele y de que, tarde o temprano, los gobiernos tendrían que salir al rescate, con los impuestos de los ciudadanos, de una banca que los había esquilmado. El film hace referencia explícita, a través de Ben Hockett, un alto ejecutivo de Cornwall Capital interpretado por Brad Pitt. (uno de los productores del film), a cómo afectó este latrocinio a España sin que el organismo encargado de dar la voz de alarma, el Fondo Monetario Internacional, a la sazón dirigido por un español. Rodrigo Rato, Director Gerente del organismo entre 2004 y 2007, advirtiera a los poderes públicos del país de la crisis que estaba a punto de estallar y dimitiera de su cargo por motivos personales en junio de 2007, Los gestores de este organismo vivían en una burbuja de optimismo mientras se gestaba la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1929. (Wikipedia). 




Desde luego quien no había tenido alguna premonición tras ver las películas de Oliver Stone es, o porque era muy tonto, como apunta McKay o por razones difíciles de entender y que él apunta al final de la película, al tiempo que advierte a los inversores de que se están vendiendo nuevas CDO. La diferencia con otros filmes anteriores, más descriptivos es que 'La gran apuesta' opta por la denuncia moral y la falta de ética de los protagonistas, una postura que matiza con el tono de comedia que utiliza, que hace sonreír al público a pesar de la gravedad del tema que plantea y de que los actores de este enorme latrocinio no han sido condenados, al menos por la gran estafa que denuncia David O.Russell. A esto se añade el hecho de que haya quien, como Oti Rodriguez, Marchante incide en el propio titular de su artículo para ABC en el oscurantismo del film que lo hace de difícil entendimiento para un público que apenas comprende el meollo de la cuestión, por el uso de la jerga económica, sin descender jamás. al menos en el doblaje, a un vocabulario específico ininteligible para el gran público, que sólo reía ante los gags más idiotas: .Rodriguez Marchante, tras señalar el papel didáctico que ha realizado el cine en la explicación de esta crisis da su opinión sobre 'La Gran apuesta':"Hay una posición moral clara en la película: casi todos son desaprensivos, incluidos los héroes de ella, los que apostaron su fortuna a favor de la quiebra global (tal vez las dudas del personaje de Steve Carell o la filosofía del que interpreta Brad Pitt tienen algún brochazo de ética), pero las motivaciones generales tienden a la falta de escrúpulos. Y hay una posición narrativa también clara: no se escabulle de la complejidad económica de la trama, y recurre a la jerga de términos y conceptos de ese mundo selvático, lo cual produce una ansiedad añadida en el espectador, un poco a la defensiva como si le hablara su asesor fiscal o su farmacéutico; pero McKay tiene el acierto de combinar explicación con ironía y sentido del humor mediante las apariciones, sin venir a cuento, de rostros famosos para aclarar mirando a cámara las entretelas del asunto (2).




No le falta razón a Boyero cuando, tras reconocer abiertamente que la sociedad que se está gestando no le importa una higa, ya que no tiene siquiera ordenador, declara, sin complejos, que  tiene un problema con esta inteligente y acerada película." Y es que me pierdo continuamente ante la catarata de términos y conceptos económicos. Aunque desde hace poco tiempo leo con interés a Krugman, señor que hace comprensible para los profanos un mundo y unos tecnicismos que antes nos resultaban indescifrables, sigo sin enterarme o me hago una vaga idea de las cosas que hablan los personajes de la película. Sé lo que suponen los bonos-basura y los fondos buitres, pero poco más. Me ocurrió lo mismo con Steve Jobs. Me abrumaba el continuo protagonismo de las nuevas tecnologías, me resultaba todo marciano. La culpa es mía y no de la película..." (3)

McKay señala claramente las causas de la crisis, en las que, acunadas en la avaricia, crecieron las malas prácticas bursátiles, los intereses variables, las operaciones a corto o futuros y la expansión de los CDO (Collateralized Debt Ogligation o paquetes de deuda que incluían desde hipotecas sin riesgo hasta la subprime) y CDS (Credit Default Swaps), un variedad de los derivados, un conjunto de instrumentos que sirve para cubrir el denominado riesgo de crédito. Este contrato es similar a una fianza en donde una de las partes compra protección frente a un riesgo, durante un determinado periodo de tiempo, a cambio de un pago periódico. De otra parte el vendedor de protección se compromete a realizar un determinado pago acordado ante el supuesto de que  se produzca cualquier evento sobre el activo de referencia; si no ocurriera este evento la entidad vendedora de protección no realizaría ningún pago. (4) . Se ha acusado a Michael Burry (Scion Capital) de laborar contra la economía americana al poner en duda la firmeza de los valores hipotecarios, que contaban con el valor seguro de los inmuebles que los respaldaban, o al menos eso parecían creer todos, o no les importaban los riesgos que conllevaba la enorme cantidad de subprime que circulaban por los mercados y que daban mayor rendimiento económico que cualquier otro bono, ya que, cuanto más precaria es la situación del que pide un préstamo más alto es el interés del capital prestado.

¿Cómo puso en duda la salud de las finanzas americanas Burry? Al negociar con Goldman Sachs CDS o swaps de incumplimiento de crédito contra ofertas subprime y al operar a corto. Con estas acciones, transmitió entre los inversores el rumor de que estos valores no eran tan seguros y provocó con sus movimientos una retirada del capital hacia refugios más seguros. Steve Eisman, responsable de FrontPoint Partners LLC, una división de Morgan Stanley, saltó a la fama por su denuncia de estas prácticas ilícitas; en el libro de Lewis se cambia su nombre por el de Marcos Baum y fue interpretado por Steve Carrell.




La película calificada por Peter Travers (The Rolling Stone) de tragedia slapstick, es formalmente tan oscura como discursivamente, y consigue el aire de comedia mediante la contextualización de los hechos en el tiempo en el que se produjeron, recurriendo a todo tipo de texturas, montajes rápidos de imágenes de famosos por cualquier razón (actores, deportistas, políticos...): canciones, espectáculos costumbres, etc. que se suceden rápidamente ante nuestros ojos, seguidas de una fragmentación de inspiración goddariana, a veces brusca, de la imagen, la música o el lenguaje, una prosa audiovisul que mezcla sin pudor los congelados, los barridos, las ralentizaciones, las apelaciones al público a través del diálogo unilateral que Ryan Goslyn establece con los espectadores y la mezcla de otros recursos de la imagen. Una película que ha tenido el mérito de conectar con la 'gente' al incidir en la responsabilidad ética y moral de los responsables de esta crisis que ha incrementado el paro mundial (cada vez que sube un punto el paro mueren 40.000 personas, recuerda el personaje que interpreta Brad Pitt a unos jóvenes y brokers despreocupados), y que aproxima estéticamente el film a las comedias de su director Adam McKay que ha interpuesto, no obstante, entre su público y su obra un elemento muy duro de extrañamiento: una jerga financiera incomprensible para la mayoría de los espectadores. Parece que quien se resistió a darse por avisado con las películas de Oliver Stone (Wall Street I y II) ya no puede mirar hacia otra parte en una ocasión en que algunos actores de esta gran comedia humana están entrando en la cárcel, aunque sea por spin-offs de la trama principal.  No queremos pensar que lo que ha gustado es la trivilaización del tema al tratarlo de forma distendida en una comedia.






)1) La crisis como carcajada. Luís Martínez. Diario El Mundo, 15 de enero de 2016.
(2) Crítica de "La gran apuesta": Jerga económica y ritmo de películas de atracos. Diario ABC, 21 de enero de 2016).
(3) Y todos en la calle., Carlos Boyero. Diario 'El Pais'. 23 de enero de 2016,
(4) Ignacio López Dominguez, Credit Default Swaps. Diario 'Expansión',






No hay comentarios:

Publicar un comentario