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miércoles, 20 de enero de 2016

Terminator. James Cameron. Comentario





Comentario:

La salida al mercado de la mano de la prensa que ya lleva muchos años en horas bajas ha devuelto a la actualidad el film de James Cameron, que tiene como protagonista a un policía-cyborg, una visión preñada de interés, un nuevo constructo al servicio del deleite masculino, en el que se potencian todos aquellos rasgos del ser humano que caracterizan al hombre, con independencia de su orientación sexual. Dicho lo cual, en absoluto pretendemos sentenciar que todos los hombres se adaptan al modelo propuesto por Cameron para el agente encargado de hacer cumplir la ley, ni física ni intelectualmente.


Si en el pasado Villiers imaginó a la Eva del futuro como una especie de Cyborg (mezcla de máquina y organismo humano) para el placer del hombre, lo cierto es que las primeras representaciones cinematográficas de este constructo relevantes han sido concebidas para el género masculino. El hecho de que el hombre haya dominado el ámbito público, lo que le ha capacitado mejor para la acción, ha sido determinante. Donna Haraway, teórica universitaria del feminismo,  ha elaborado en el marco acdémico  un Manifiesto ciborg  para ayudar a la  comprensión de la mujer del futuro.

A esta primera entrega de  Terminator  le sucederán varias secuelas, en las que se presenta a la mujer en proceso de transformación y en el camino de la transición desde el espacio privado al público, desde las tareas del cuidado a las de la acción. Al principio de la película Sarah Connor trabaja fuera de casa, pero su empleo supone una continuación de las labores domésticas, como camarera en un restaurante. Aunque este empleo le proporciona independencia económica, no supone un cambio de actividad respecto al hogar; sigue con el delantal puesto y cuidando a los clientes como lo haría con su familia. Pero un hecho inaudito cambiará su perspectiva de vida.

En la ciudad de Los Ángeles, tomada muy frecuentemente como escenario de todo tipo de películas y especialmente de las que auguran una catástrofe para la humanidad, dos hombres , procedentes de 2029 (fecha muy próxima a la imaginada para su hecatombe por Fritz Lang enMetrópolis), aparecen desnudos, como recién nacidos y sintiendo lo mismo que un bebé al nacer, como afirma Kyle Reese (Michael Biehn): dolor y aprehensión de la luz. Pero ellos vienen desde el futuro, en el que se ha producido una guerra con las máquinas gobernadas por una empresa Skynet, que ha ganado la resistencia humana, y amanecen a finales del siglo XX con un propósito: la industria ha enviado a uno de sus prototipos, un infiltrador, un cyborg diseñado para exterminar, cuyo modelo es un T-800, Cyber-Din 101, (Arnold Schwarzenegger), con el objetivo de provocar un aborto retroactivo, e impedir que nazca el lider de la resistencia John Connor. Pero la oposición manda a uno de los suyos, un humano, para impedir que este propósito se cumpla. La sociedad no entiende la ola de delincuencia que se desata y no puede comprender el discurso del hombre del futuro, al que el psicólogo de la policia define como una ilusión paranoide brillante, que no precisa ser probada.

En esta ficción diseñada por Cameron, (cosa que algunos discutirán), Kyle Reese se enamora de Sarah Connor (Linda Hamilton) y acaba por convertirse en el padre de su compañero de armas y su lider. Siempre había estado enamorado de una mujer que había adiestrado y forjado un rebelde como John Connor y de la que posee una fotografía. Ella cuestiona el papel tan destacado que le adjudica en la lucha contra la dominación de las máquinas y le pregunta cómo serán las mujeres del futuro; él responde: luchadoras.

En la lucha contra el cyborg se irá produciendo la transformación de Sarah, que se irá convirtiendo en una combatiente, que roba coches, lanza explosivos, lucha, y al final, muerto Lyle, acaba definmitivamente y sola con el Terminator. En los sucesivos enfrentamientos, en los que la máquina se conduce con total frialdad en el cumplimiento de su misión, va perdiendo su envoltura humana,y va emergiendo su endoesqueleto mecánico, hasta quedar totalmente al descubierto, sin ningún tipo de simulación. En la acción se destruyen varios camiones, vehículo en el que James Cameron ejerció como proletario en la vida real, y al que tiene un especial rencor.

 Ante el aumento de la delincuencia los hombres se han tenido que refugiar en un mundo subterráneo, en el que han desaparecido las naciones y sólo ha quedado lo genérico. Todo su bienestar ha desaparecido, e incluso los artilugios que hoy nos producen placer están convertidos en chatarra; en el exterior el dominio es de las máquinas espías y destructoras. Pero la caída del muro no ha contribuido a mejorar la esperanza del hombre, pues el surgimiento de un mundo global ha producido una gran crisis, de la que de momento no se sabe cómo se va a salir, y que está inspirando a los nuevos cineastas.

Sarah Connor huye de Los Ángeles, donde se está gestando el mundo que desembocará en el que su hijo liderará la resistencia, y la vemos en otro menos desarrollado como Méjico. Ella todavía cumple un papel de reproductora, de receptáculo del Mesías, peo en el asiento del co-piloto lleva un arma. Para defender a su retoño está dispuesta a usar cualquier método, sin excluir la lucha armada. Quizás lo importante no es que el paso lo ha dado desde su condición de mujer, como madre y como compañera de un hombre, sino que al fin lo ha dado y como Norma Rae, en el proceso se ha producido una transformación ideológica, de la que ha surgido una nueva mujer; en el proyecto de Cameron no está dotada de la cualidad de sermiradaidad, lo que la dispone de unos rasgos más adecuados para su futura evolución.




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