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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

sábado, 27 de febrero de 2016

Cerezos en flor. Doris Dörrie.









Comentario:


Doris Dörrie aborda la cuestión de la marginación de que es víctima la vejez, ese tipo de violencia cultural que se denomina edadismo; envejecer y morir , como decía el poeta Gil de Biedma, es el único argumento de la obra. Otro pensador ilustre, Enrique Tierno Galván, advertía de que el hombre vive como si fuera inmortal, como si esta realidad no le fuera a alcanzar nunca. Sólo Trudi sabe que Rudi, su marido, sufre una enfermedad terminal y, decidida a no contárselo y a llevar ella sola la carga de la tragedia, lo convence para que vayan a visitar a sus hijos y nietos a Berlín, pensando que le hará feliz volver a ver a sus seres queridos. Allí se encuentran con una fría acogida de éstos, metidos de forma egoísta en sus propias vidas y para los que la presencia de unos padres mayores es un estorbo insoportable. Ellos lo comprenden y se marchan inmediatamente a descansar en el Báltico, donde Trudi muere inesperadamente.

La propia hija, mujer progresista que convive con su compañera, desea vivamente que se vayan, para poder reanudar su rutina. Los nietos sufren la incomodidad de albergar a sus abuelos en sus habitaciones. En fin, es mejor para todos restablecer el ritmo cotidiano de sus vidas. Nadie advierte la tristeza heroica de la madre. Tras la muerte de Trudi, una mujer admirable, el marido descubre todo lo que ella ha dejado en la cuneta para hacer felices a todos. Su mayor ilusión había sido visitar Japón, y practicar sus danzas tradicionales; el marido, triste y solo, decide viajar a Tokio, y vestido con la ropa de la única mujer de su vida, pasear por aquellos lugares en los que a ella le hubiera gustado estar y donde vive su hijo preferido. Muere ante la vista del Fuji un día que, como dice una joven vagabunda que le acompaña y le da todo el amor que sus hijos le niegan, el monte, que es muy tímido y que suele estar escondido detrás de las nubes, se deja ver.

Igual que Rudi llega a Tokio en plena celebración del Festival de los cerezos en flor, un canto a la belleza, la transitoriedad (la flor solo dura un día) y los nuevos comienzos, una reflexión profunda sobre estos términos nos conduce a una nueva actitud favorecedora de mayor bienestar y felicidad, sin dejar que nos invada el pesimismo de Shopenhauer que constata una realidad:  las cosas no mejoran con el tiempo, sino que simplemente cambian. Un film al  que se ha acusado de blanco y melodramático por quien todavía ve muy lejos el momento en que la debilidad se apodere de él, no porque lo desee, sino porque no tiene otra alternativa. La relación fraternal entre el viejo y la adolescente, que han perdido a sus seres más queridos, es contemplada por la mirada de una mujer como Doris Dörrie, que se enfrenta  sin complejos y con una fina ironía a las relaciones entre los hombres, con independencia de su  sexo, su edad o su situación económica.

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