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viernes, 18 de marzo de 2016

La modista. Jocelyn Moorhouse. Comentario.





Ficha técnica, sinopsis, críticas, trailer. (Pinchad aquí)


Comentario:

Este año hemos asistido al estreno de diferentes películas en las que la mujer de los años 50, la época del glamour, los sombreros y los casquetes, los altos tacones y los guantes, en ocasiones por encima del codo, servían de modelo a millares de otras que soñaban con enfundarse en ropas parecidas, confeccionadas por ellas mismas o por otras que se hacían llamar modistas; también hemos visto a hombres que les gustaba vestirse de mujeres (Glen or Glenda de Ed Wood, 1953), pero lo que no habíamos visto todavía era a esta misma mujer, convertida en una heroína en busca de venganza o justicia, según se mire. Y esta viene de la mano de otra mujer, Jocelyn Moorhouse, que repitiendo el esquema del western clásico llega a un pueblo, si se puede llamar de este modo a cuatro casas en medio de un desierto polvoriento, cuyo acercamiento en autobús es contemplado por la cámara con un plano cenital, tomado desde un helicóptero. El resultado de su aventura no es precisamente optimista con el género humano, por lo que, cumplido su objetivo, se marcha por donde ha llegado y montada en la serpiente de hierro, el ferrocarril que sustituyó al caballo a finales del siglo XVIII o principios del XIX e hizo menos penoso el trayecto por estos desierto inhóspitos, la lleva a Melbourne, el lugar donde nació Jocelyn Moorhouse, para después dirigirse de nuevo a Paris. Quien llegó al lugar en el que nació con el objetivo de hacerse querer por todos llevándoles su creatividad y haciéndoles felices con sus modelos, le ocurre como al mariachi de Roberto Rodriguez: no le permiten ser buena.




Jocelyn no es una directora muy prolija, y tan solo ha hecho tres películas antes que 'La modista': Prueba (1991),  Cómo reside el amor (1995) y A Thousand Acres  (1997). Desde entonces, aunque ha producido películas de su marido, P.J.Hogan, entre ellas La boda de Muriel (1994), Amor incondicional (2002) y Mental (2012), no ha presentado actuvidad cinematográfica alguna. Ahora vuelve con un film que ya está dando qué hablar, un western femenino incruento, en el que todas las muertes son accidentales e incluso jocosas, y en las que una mujer puede ejercer su venganza con su creatividad, agujas, hilo...y alguna lata de gasolina.


     Algunas páginas como videodromo.es establecen estas acertadas comparaciones.


'Un hurra por las películas raras', dice Andrea G.Bermejo para Cinemanía. Pero ¿rara, por qué?  , sencillamente porque es un western clásico australiano y multirreferencial, hecho por una mujer. Aconsejamos abstenerse a todos aquellos que se sientan tentados a echarle una polvera a todos los chicos guapos, tan guapos como Liam Hemsworth (Los juegos del hambre), hermano de Chris, al que se hace una referencia indirecta en la película. Un chico tan bien hecho que Mirtle (Kate Winslet ) y su madre Molly (Judy Davis), le hacen desnudarse y le toman las medidas del tórax. Un western en el que la heroína llega al pequeño poblado perdido en el desierto, en un lugar que tan solo hay polvo y en el que parece imposible que puedan sobrevivir hombres o animales, hace lo que para unos es justicia y para otros venganza y se va por donde ha venido, como ya hemos dicho.










Jocelyn une al relato la fantasía y el contraste combinados con toques de realismo mágico. La mujer llega  acompañada de una máquina de coser SINGER y una maleta que recuerda la de Mary Poppins, por la cantidad de telas, patrones y otros instrumentos básicos para la alta costura, con los que puede confeccionar ropa para las diez o doce mujeres de una concentración de casa que apenas de puede denominar aldea. Cameos de películas norteamericanas de todas las épocas y estilos van construyendo un metalenguaje que homenajea al propio cine, desde el propio cine: Leonardo Di Caprio en la única película en la que había sido nominado a un Oscar, siendo adolescente, (¿A quién ama Gilbert Grapes? de Lasse Hallström), Ryta Hayworth en  Hilda , dirigida por Cherles Vidor, Kill Bill de Quentin Tarantino, y tantas otras, de tal forma que roza todos los géneros, incluido el slapstick. Todas estas circunstancias hacen de la película de Jocelyn Moorhouse una película diferente, que, sin la menor duda, mantiene pendiente al espectador de lo que ocurre en la pantalla y de conocer por qué la protagonista tuvo que salir de este pequeño núcleo, por qué ha vuelto y por qué se empeña en convertir a las mujeres de las cuatro casas en modelos de alta costura, que conviven con hombres que, a excepción del protagonista, sólo les falta andar a cuatro patas. Tan sólo en los partidos de rugby se puede ver una concentraciones de chicos australianos de buen ver.





A pesar de la espectacularidad de su héroe femenina, siempre enfundada en trajes espectaculares, Jocelyn rebaja el aura de la mujer al contextualizarla con sus zapatos forrados de tela, de altos tacones y colores brillantes, en un suelo en el que, como mucho, se puede ir con zuecos, levantando el mismo polvo que las pezuñas de los toros, a quienes imitan algunos niños en sus juegos, como el malhadado y  fallecido poreadolescente. La heroina de Jocelyn no es  como la de Sam Raimi en 'Rápida y mortal' (1995). No usa pistolas (estamos ya en la época del ferrocarril), sino tijeras, agujas, hilos y telas, pero eso no la hace más inocente, ni le tiembla el pulso a la hora de cumplir sus objetivos. Es una nueva mirada, una mirada femenina, que a muchos les parecerá extraviada.







Alberto Bermejo hace una crítica que tampoco aporta mucho : "En los primeros minutos puede parecer un spaghetti western, con la llegada de una sofisticada mujer a un pueblo perdido en medio de la nada australiana en busca de venganza. Pero, rápidamente, empieza a dar giros inesperados, en realidad tumbos, pasando por el drama familiar, la comedia sórdida, el melodrama romántico o el humor surrealista, sin que nunca llegue a saberse hacia dónde quiere ir para escenificar el arreglo de cuentas de esa retornada de complejo pasado, arrastrando la culpabilidad de un accidente infantil, cuidadosamente enterrado por la hipocresía de una comunidad plagada de esperpentos." (Surrealismo a la australiana, 17 de marzo de 2016).










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