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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

sábado, 19 de marzo de 2016

Un regalo para papá. Richard Benjamin





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Ficha técnica:

Título original: Milk Money.
País: Estados Unidos.
Año: 1994.
Duración: 114 minutos.

Dirección: Richard Benjamin.
Guión: John Mattson.
Casting: Mary Goldberg, Amy Lippens.
Director de Fotografía: David Watkin.
Música: Michael Convertino
Editora: Jacqueline Cambas.

Diseño de Vestuario: Theoni V.Aldredge.

Productores: Kathleen Kennedy   y Frank Marshall Production.
Productores ejecutivos: Patrick Palmer, Michael Finnell.
Diseño de producción: Paul Sylbert.
Compañías. Productoras: Paramount.

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Intérpretes:

Melanie Griffith: V,
Ed Harris: Padre,
Michael Patrick Carter: Frank,
Malcolm McDowell: Waltzer,
Anne Heche: Betty,
Casey Siemaszko: Cash,
Philip Bosco: Jerry "El Pope"
Brian Christopher: Kevin,
...


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Sinopsis:

Frank, un adolescente cuya única obsesión son las mujeres, conoce un día a V. una prostituta de gran corazón, a la que considera la novia perfecta para su padre viudo.


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Comentario.

Ya es extraño  que Katleen Kennedy y  Frank Marshall, productores de Spielberg y ahora propietarios de Lucasfilm, empresa que dirige la mujer desde septiembre de 2012, financien una tontería inocua, y no un film que haga saltar los fusibles de los individuos más progres, no sólo de Norteamérica, sino de un viejo país como España, a los que les 'ponen' películas de Torrente sólo porque lleva calzoncillos sucios y los enseña. Los primeros minutos de esta película demuestran ya que la cosa es un poco más escabrosa de lo que anuncia el título español (Milk Money, ¿dinero de la leche?). Por mucho que esta película la proyecten el día de San José, la fecha elegida por los grandes comercios para fomentar el consumo apelando a los sentimientos fraternales, el film que dirige Richard Benjamin poco tiene que ver con estas espurias intenciones. Es poco correcto políticamente a un lado y otro del Atlántico que unos niños reúnan sus ahorros, vendan sus películas y revistas guarras para ver a una prostituta desnuda, y menos aún pensar en ella para hacer feliz al padre de uno de ellos, Frank.

¿Alguien duda de que esto haría felices a más de un pre-adolescente que intenta descubrir lo que siente por primera vez? Pero Richard Benjamín hace algo más: los coloca bajo la ventana del piso que ocupan las prostitutas, refugiándose en la entrada de un local que anuncia: Live Action: Peep Show XXX, totalmente ignorantes de lo que se vende en este establecimiento. Estos niños notan el cambio hormonal que están experimentando, pero son absolutamente inocentes y puros y precisamente por ello actúan de esta manera. Y son tan inocentes y puros que no ven ningún problema en que un padre se enamore de una mujer que se dedica a negociar con su cuerpo. 'Parece una película', dice ella, cuando lleva a uno de los niños a su hogar que comparte con su progenitor, ubicada en un suburbio de casas exentas, rodeada de jardín, un habitat habitual de la clase media americana. El primer encuentro con el padre del niño, interpretado por Ed Harris, da lugar a malentendidos, que no se producen entre las compañeras de clase de los tres pre-adolescentes que protagonizan este título, pues a la misma edad biológica, están mucho más evolucionadas intelectualmente y dejan traslucir un poco más de malicia. El personaje peor diseñado es precisamente el de Ed Harris, el  padre de Frank, sin nombre en la película, que si viviera en nuestro país sería denominado 'optimista antropológico', un título que se concedió sin ningún pudor a uno de los presidentes de la nación por quienes se consideraban mucho más listos que él.

La moralina imperante en las clases medias le valió a esta película un premio Razzie al Peor Guión en 1994, aunque, curiosamente a Luís Martínez, el crítico del diario 'El País' le pareció blanda  y cargante, aunque también simpática. Algunos la ven como una Pretty Woman infantil, lo que no es poca cosa, aunque, puestos a poner etiquetas, si es algo es mucho más decente que las películas que se hacían en las dictaduras en las que los niños se desfogan con las chicas de servicio. ¿La historia es increíble? Si ¿La actitud de los niños también? Si uno lee los comentarios de algunos espectadores entiende el trabajo que queda por hacer en lo que se refiere a la igualdad de hombres y mujeres, porque algunos son francamente irrepetibles y más con niños por medio.

Richard Benjamin mezcla diferente géneros: ¿familiar?, social e incluso la acción, y el hecho de  que la película pueda ser vista como una provocación importante permite suponer la razón por la que actores como  Ed Harris o Malcolm McDowell hayan aceptado representar sus respectivos papeles en esta historia, que, ciertamente, no es muy creíble, porque el hombre hace tiempo que abandonó las utopías, y no es precisamente el hecho de que una prostituta sepa o no matemáticas, ya que no son pocas las estudiantes de todo el mundo que se financian de este modo sus estudios. La verdadera protagonista de esta película es la edad de la inocencia, del despertar de los primeros instintos sexuales que, hasta el momento, cada uno ha resuelto a su manera. Un niño siente placer al ver a una mujer desnuda, y si le gusta no es extraño que piense que lo que es bueno para él también lo es para su padre, excepto que haya recibido una educación que demoniza el sexo, salvo que lo practique 'para aprender', con las criadas, pobre chicas de los pueblos llegadas en busca de un futuro mejor que dejarse manosear por los señoritos. Algo que el público español ha visto con cierta complacencia durante décadas.

La película hace bueno el lema feminista de que 'el hombre es lo que hace', y no existe la dicotomía entre lo que hace y lo que es. El film es ingenuo, en eso tienen razón los que ven la película  como un cuento de hadas, porque siempre y en cualquier situación distinguen entre 'el ser' y 'el deber ser', y las cosas son como son y no como debieran ser. Aunque parece un trabalenguas representa la triste realidad: la pérdida de la inocencia de unos niños que descubren que la maldad reside en la cabeza de sus mayores que han perdido toda la esperanza en un mundo mejor. El hijo de Ed Harris, al despertar de su sueño infantil,  tira a la basura una caja en la que los tres amigos habían introducido tres objetos cuya utilidad desconocían todavía: un diafragma, una rizador de pestañas y una fotografía de la madre muerta. Pero también un camafeo sin fotografías, porque V no tiene a quien poner dentro y Frank tampoco, y que ha funcionado para el niño como un fetiche de su madre muerta.

A pesar de que todos estén dispuestos a aceptar la regeneración de la mujer, el pasado sale a su encuentro y los gángsteres que controlan a las de su sexo que se prostituyen no las dejan escapar con facilidad, lo que da pie a la entrada de la acción en el film, las peleas, las persecuciones de coches, que los niños siguen con  gran entusiasmo, porque les permiten gritar, desenfrenarse sin padecer la censura de sus mayores y participar en aventuras de adultos inimaginables. Un happy end forzado que permite que la película se mantenga en el clima de comedia fantástica y no termine de la forma trágica a la que parecían abocar los acontecimientos. Un buen argumento para los detractores del film que no son conscientes de que abriéndose a las masas el discurso llega mucho más lejos aunque rebaje su dureza y la calidad de la denuncia.



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