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viernes, 20 de mayo de 2016

La noche que mi madre mató a mi padre. Inés París







Cartel, ficha técnica, sinopsis. críticas, trailer. (Pinchad aquí).


Comentario:


España goza en su haber de buenos cineastas, algunos que practican la política de autor, tan buenos como Pedro Almodóvar y en especial  Alejandro Amenabar, y otros formados en las escuelas de cine catalanas que se han inclinado por el cine de género y que están siendo recibidos y puestos al frente de magnos proyectos en la meca del cine o siendo objeto de constantes remakes, una larga lista en la que figuran Jaume Collet-Serra, los Hermanos Pastor, Jaume Balagueró, Guillem Morales, y algunos más. Por desgracia abunda el cine casposo, amante de lo irreverente y cutre, kitsch y complaciente con la ignorancia de que hacen gala algunos sectores y de la que se ríen los que se creen más listos, que provoca la indignación del espectador respetuoso e inteligente.

Hoy he decidido ver la película que ha estrenado recientemente Inés París, hija de un profesor de filosofía de Valencia  muy apreciado por sus alumnos, a quien dedica esta película, formada en estética e historia del arte, que, afortunadamente se aleja del patrón descrito, a pesar de que ha habido ciertas concesiones innecesarias al público, estimulando en alguna ocasión su risa fácil, como el robo de un autobús, una acción sin pies ni cabeza, o la puesta en escena teatral, una sensación inevitable al ubicar la mayor parte de la acción en una gran estancia de una villa situada lejos de cualquier centro urbano, así como el respeto escrupuloso a las tres unidades de  espacio, tiempo y acción de que hablan críticos como Francisco Marinero y Salvador Llopart.

Pero sobre todo nos ha llamado la atención la destreza con la que Inés París ha manejado el metalenguaje cinematográfico, la radiografía que ha realizado del hecho cinematográfico y de la función que desempeña la imaginación, la capacidad de fascinar, seducir y engañar del lenguaje de ficción, ya se trate de un texto,simplemente escrito, o audiovisual, en el que entran en juego no sólo la imagen, sino también el sonido, que incluye el lenguaje verbal. Al final el espectador descubre que ha sido engañado a lo largo de los 90 minutos que dura el film constantemente, en una historia que en realidad se está filmando dentro de la que él cree que le están contando.

La primera secuencia, en la que Belén Esteban se esfuerza por representar ante un exigente dramaturgo el personaje de Camile Claudel, es , en realidad, el preámbulo de la mentira continuada, que como un bucle infinito se retuerce para volverse a torcer cuando parece que camina en la dirección correcta, una maniobra en la que la cineasta hace cómplice en todo momento a los espectadores, que, como observadores objetivos, pueden disfrutar con las maniobras que se ven obligados a realizar cada uno de los personajes para salir airosos de las situaciones más rocambolescas, en las que se estancan aquellos que debieran dominar mejor el suspense y los recursos que producen la tensión de un relato, en especial el encargado de realizar los guiones de las películas.

Los actores salen más que airosos del reto, demostrándose una vez más de qué son capaces con una buena dirección de estar a la altura que se espera de ellos. Belén Esteban abre y cierra el film y, en ambas ocasiones, a pesar de que algunos críticos observan en ella (y en los demás)  el paso del tiempo, está magnífica y proporciona bellas imágenes al cine español. El resto del reparto esta igualmente muy a la altura de las circunstancias. Un film muy recomendable.






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