Páginas vistas en total

martes, 14 de junio de 2016

Meteletsa; el infierno de los muertos. Nikolai Pigarev.















Ficha técnica:


Título original: Zim Mertvetsov Metelitsa.
País: Ruisa.
Año: 2016.
Duración: 87 minutos.

Director: Nickolai Pigarev.
Guionistas: Nikolai Pigarev, Michael Borzenkov.
Casting: Violetta Rudneva.
Directores de Fotografía: Vlad Aravenkov, Ivan Egorov.
Música: Benjamin Garden.
Director artístico: Eugenij Gitcigrat.
Decorador del set: Vadim Shafrans.
Diseño de sonido: Bret King.

Supervisor de Vestuario: Natalya Pankova.
Jefe de maquillaje: Violetta Selivanva

Efectos especiales de maquillaje: Violetta Selivanova.
Productores ejecutivos: Wayne Duband., Igor Pjath.
Productor ejecutivo: Pete Ford. Wayne Duband. Igor Pjathy.
Diseño de producción: Irina Surikova.
Compañías: Resolution  Independent presenta a Red Spy Productions


Intérpretes:


Michael Borzenkov: Constantine.
Tatiana Zevnova: Iskra,
Sergei Shirochin: Khan,
Aleksandr Abramovich: Padre Michael,
Dmitry Kozhuro: Igor Zniazev.
Aleksandr Bisjukpv: Anatoly Vasdevich,
Sergej Zygmantovich: Lekha,
Andrej Karako: Serega.


Sinopsis:


El invierno llega a Rusia en pleno julio,,  mientras una plaga inmensa de muertos vivientes llega desafiando la tormenta de hielo.Es un zombie ruso sin sentido ni piedad, al que se enfrentarán, un periodista, un capitán del ejército,  una mujer que huye de su marido y un cámara.



Comentario:


Entre el documental y el metraje encontrado (found foutage). Nikolai Pigarev se suma a la moda catastrofista americana que  lidera Roland Emmerich, y se mete de lleno en  el terreno de las hecatombes, en las que la población reacciona como si fueran zombis que se agreden unos a otros y se desplazan  como pollo sin cabeza, poco antes de que ésta sea separada del cuerpo con un simple disparo de escopeta. Los motivos no quedan claros: coincidiendo con  una potente manifestación no se sabe contra qué ni contra quién, comienza una  tormenta de nieve y , entre copo y copo, se empiezan a vislumbrar grupos de personas que destrozan todo lo que se mueve. Si estamos ante la metáfora de un movimiento social y la gente reacciona ante una chica con apariencia de escolar, mochila de colorines a la espalda, que se desplaza encima de unos patines, acompañada de un periodista sin cámara, porque se supone que la tiene  su equipo apostado en el lugar de concentración, podemos admitir, sin temor a la exageración que es un traslado del lenguaje zafio en extremo.

La fotografía es tan  insípida y grisácea  como el turbio discurso que intenta transmitir, que nos sitúa ante el enemigo público por excelencia de esas masas zombizadas, cuyas probables víctimas se refugian en los lugares que consideran más seguros: los bancos. Pero hay algo tosco en la imagen, la decoración del set, el atrezzo que evidencia  que, a pesar de los intentos de emular cierto cine más comercial  norteamericano, que en estos lares se etiqueta como mainstream, no acaban de conseguirlo., a pesar de los intentos de sumarse a la modernidad, a la aparente pobreza de medios y la improvisación, con producciones huérfanas de un background interesante.

Una tormenta de verano desencadena una contaminación de los que acuden a una gran concentración y acaba poniendo en las manos de un pacífico periodista un kalashnikov con el que se enfrenta a masas de zombis con pancartas ¿? Las imágenes están tomadas por cámaras cuyos portadores están claramente en riesgo medio de una batalla campal con esta multitud que avanza lenta pero segura hacia sus víctimas, una metamorfosis que no se justifica con un fenómeno atmosférico como una tormenta de nieve. Una guerra en la que los vivos matan sin compasión y sin proporción alguna en el uso de armamento, pero en la que también se nos muestra la sociedad que surgió tras la caída del muro de Berlín, que abrió la brecha social y permitió que, mientras la sociedad se depauperaba y descendía por debajo de todos los umbrales de pobreza,  emergía una nueva clase capitalista salvaje.

Al fin se habla de un arma biológica creada por el régimen comunista en sus últimos tiempos, para matar a los enemigos a manos de su propia población, una creencia que pone en evidencia que cada pueblo tiene sus propios fantasmas.  otros creen que es un arma secreta norteamericana, o un instrumento en manos de terroristas como Bin Laden. No importa demasiado ante una conclusión que no se entiende, en la que un cura ortodoxo se une a las masas que acaba de descuartizar, y se habla de una tormenta que todavía no se había producido.Un caos absoluto.




No hay comentarios:

Publicar un comentario