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miércoles, 8 de junio de 2016

No way Jose. Adam Goldberg.








Ficha técnica:


Título original:  No way Jose.
País: Estados Unidos.
Año: 2015.
Duración: 94 minutos.

Dirección: Adam Goldberg.
Guión: Adam Goldberg y Sarah Katelevi.
Casting: Sophie Assa.
Director de fotografía: Mark Putman.
Música: Adam Goldberg, Sarah Kate Levy.
Edición: Ivan Andrijanic, Adam Goldberg.
Decorador del set: Madelym  Kyme.
Diseñador del set: Tom Larea.

Diseño de Vestuario: Sophie Assa.
Responsable de maquillaje y peluquería: Prescilla Jean Olay

Productores: Tara L.Craig, Adam Goldberg, Paul Straw.
Productores ejecutivos: Tommy Levin, Alan Poe.
Diseño de producción: Adrina Rose Garibian.
Compañías: Destination Films en asociación con Tunnel Productions.

Intérpretes:



Gillian Jacobs : Penny,
Emily Osment : Summer,
Adam Goldberg : Jose,
Anna Belknap : Kate,
Brendan Hines : Dr. Steve,
Ahna O'Reilly : Dusty,
Pat Healy : Lawrence,
Eric Siegel : Gabe,
Kit Willesee :   Shy Performer,
Yousef Abu-Taleb : Oficial: Reilly,
Greg Pritikin : Mickey


Sinopsis:


Adam Goldberg dirige esta obra de "cuasi-madurez' en la que Goldberg interpreta a José Stern, un músico de indice-rock, al que sólo contratan para fiestas infantiles. Está a punto de cubrir los 40  y en una encrucijada en su relación. Cuando la novia de José descubre un oscuro secreto, lo echa de casa. Acaba en el sofá de su amigo, casado con hijos, que está en medio de su propia crisis de los 40. José reflexiona sobre su pasado mientras busca conssejo de sus amigos amargados, su familia disfuncional y una ex novia nerviosa, para encontrarse a sí mismo y quizás al amor de su vida. Con música de artistas como de  The Beach Boys, Three Dog Night y Harri Nilsson, además de canciones originales de Adam Goldberg.


Comentario:


Se ha querido ver la influencia de Woody Allen en el film de Adam Goldberg, sin percatarse de que se está insistiendo en lo que los une, en especial el tratamiento de temas universales como el avance imparable del tiempo, imposible de asir y detener,  y la llegada a uno de las primeros obstáculos mentales e intelectuales que el hombre debe salvar en el decurso de su propia vida, el más duro, porque hasta ese momento no había tenido que saltar ninguna valla que le  impidiera seguir avanzando, en términos generales, que es la crisis de los 40 ( luego vendrán la de los 50, 60 , 70 y para los que tienen más suerte de llegar en buenas condiciones, las siguientes). El protagonista es también judío, hipocondríaco y aprensivo, unas características que permiten establecer conexiones con el respetado neoyorquino. Si, además, tenemos en cuenta que ambos proceden de familias de origen judío que emigraron desde Europa al nuevo mundo, da la impresión de que los lazos se refuerzan. Pero hay diferencias importantes entre ambos.Woody Allen, nació, creció y se desarrolló en el barrio de Brooklyn, y durante mucho tiempo vivió con el nombre de Allan Stewart Königsberg, en el seno de una familia ruso-austriaca. Adam Goldberg nació en Santa Mónica (California), fue educado en Miami Beach,y era hijo de padre judio, Earl Goldberg, y madre católica, apostólica y romana, de ascendencia irlandesa, alemana y francesa. La formación, los gustos musicales, la sensibilidad y la alegría de vivir de uno y el gesto amargo e inexpresivo de otro muestran sensibilidades opuestas: Allen,  que nadó entre Focault, Lacan o MacLuhan, no hubiera comprado con facilidad la aseveración de que Marx y Engels eran socialdemócratas. Amante del swing  e intérprete  del clarinete en un grupo de jazz, The New Orleans Band Jazz,  está dispuesto a entregar a su público hasta el último hálito de su vida mientras sea capaz de hacerlo.




Adam Goldberg es un hipster de manual, un pesimista sin magia, inexpresivo, pijo, que mete la pata sin ser plenamente consciente de ello, pero para el que quedarse en  la calle no parece ser un grave problema, porque él y su guitarra tienen un hueco en casas estupendas con piscina, una de las cuales la ha podido adquirir su hermanastra con los beneficios de un blog de cosmética (es difícil entender cómo). Un Peter-Pan  que se ha  visto reducido a tocar en fiestas infantiles con un grupo cuyos componentes están hechos polvo a los cuarenta años. Pero  que nadie piense que se desenvuelven en ambientes sórdidos; son tratados y se comportan como niños con la autocomplacencia de quienes los rodean, sin demostrar excesivo apasionamiento ni dramatizar  nada de lo que sucede, una traslación a la imagen en movimiento del espíritu que impregna a los protagonistas que ilustran el cartel de la película. Todo lo que sucede se neutraliza se somete a una tratamiento visual que lo uniformiza  y convierte la narración en un relato plano, tanto como los inexpresivos personajes que lo pueblan. Es difícil calificar el film, no sabemos si estamos ante un drama de un cuarentón con el cuerpo lleno de tatuajes, con collarín, que ronca, algo que evidencia el apósito que lleva en la nariz, y que tiene un pasado oscuro, más a causa de su pardilla confianza que a su maldad, o ante una comedia basada en la autocrítica.





Un film tan indie como el cartel que lo anuncia: la música que escuchamos y la forma de moverse y representar de los actores, así como un final lamentable, desapasionado y carente de interés, propio de quien cree que la inexpresividad es una marca de distinción, ponen un broche de hojalata a esta película.  El concierto de rock indie es la mejor crítica que se puede hacer de este tipo de música y la borrachera indescriptible del guitarrista solista, padre de los niños homenajeados, golpeando con furia su instrumento que emite  un sonido plano y estridente que sólo hace mover ligeramente el cuerpo a sus amigos, ante un montón de niños que va a la suya y a los que les importa una higa, lo mismo que a sus padres, lo que estos músicos, rodeados de columnas de amplificadores Marshall, están haciendo, es un buen retrato de una música tan desangelada como sus autores. Si alguien desconoce todavía ese movimiento que se ha dado en llamar indie (que no es lo mismo que independiente en el sentido literal del término), se hará un favor a sí mismo 'disfrutando' de ella. Le despejará todas las dudas, aunque seguirá sin entender cómo un bloque de hielo puede desprender 'tanto calor'. Al parecer las masas ignorantes le han vuelto la espalda.




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