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viernes, 22 de julio de 2016

El bosque de los suicidios. Jason Zada. Comentario.




Carteles, ficha técnica, sinopsis, trailer. (pinchad aquí) 


Comentario:



El hecho de que exista un bosque al que recurran los suicidas para poner fin a su existencia, es de por sí sumamente inquietante, y el que un paraje tan espectacularmente verde y protegido, el bosque a Aokigahara a los pies del 'Monte Fuji', un lugar elegido por Doris Dörrie, a los pies del mismo monte que casi nunca se deja ver, para poner fin a la vida de Rudi, vestido con las ropas de su difunta esposa Trudi en 'Cerezos en flor' ,  haya sido elegido por jóvenes japoneses para tan siniestro fin debiera ser objeto de reflexión. El debutante Jason Zada desnuda de todo ornamento y poesía su relato, y al adentrarnos en el bosque maldito favorece encuentros espeluznantes ya que la principal causa de muerte entre los 20 y los 44 son las crisis económicas y sus derivadas: el desempleo y la presión social por parte de aquellos que disfrutan de la práctica totalidad del ocio mundial, basada en la sobreexplotación y el sobretrabajo de aquellos a los que expulsa de la actividad económica, en todos sus sectores a causa de la sobreproducción, según afirmaba con bastante ingenuidad Paul Lafargue, aunque, en el fondo,no le faltaba razón. (1) Cuando estallan las sucesivas burbujas que constituyen la base del capitalismo (la humanidad está aprendiendo esto a marchas forzadas), no se reparte el ocio, sino que se bajan los precios para atrapar consumidores y se incremente la sobreexplotación  de los trabajadores, que, en la mayoría de los casos, también son consumidores. Pero más inquietante aún que estas tragedias es la comprobación constativa del suicidio de adolescentes, que fue objeto de una película tremenda de Lee Su-jin , Princesa (2013), que informa al espectador de que los suicidas dejan, con frecuencia, una señal para que quien vea sus cuerpos todavía vivos las ayuden a retornar o, bien, en otras como este título de Jason Zada se adentran en el bosque infernal con una tienda de campaña para poder sobrevivir, si se arrepienten. Esta trágica evidencia empaña la  prosperidad de un país que comenzó en la Era Meijí, y que suponen una denuncia muy seria del fracaso de uno de los sistemas educativos del mundo, un hecho que explica por qué con frecuencia los niños protagonizan películas de miedo, y el 'bosque de los suicidios' está muy frecuentado por escolares de uniforme.



Este sistema educativo, carente de formación humanística,  provoca que los más jóvenes cometan todo tipo de excesos entre los que se hallan, con demasiada frecuencia, violaciones en las que participan bandas de adolescentes que ejercen su violencia sobre una o dos chicas inocentes y desprevenidas, a las que se acusa de fomentar estos actos por sus contactos indiscriminados realizados por internet, sin control de los adultos. La protagonista del filma de Lee Su-jin, Gong-Hu, fue violada, junto con una compañera por 43 jóvenes, un hecho que vuelve a repetirse y que carga a la sociedad con sentimientos de  culpa, remordimientos, miedos y complejos. Del mismo modo que esta joven tiene la obsesión de aprender a nadar por si decide suicidarse tirándose al caudaloso río que atraviesa su ciudad, los jóvenes que se adentran en el bello y tenebroso bosque de Jason Zada llevan consigo tiendas de campaña y cualquier otra instrumento que les permita recapacitar y salir de este maldito lugar.

Este largo preámbulo nos ayuda a comprender que gran parte del mal rollo y el yu-yu que nos acompaña cuando nos disponemos a ver este film en una habitación oscura son absolutamente extradiegéticas. Mas en el momento en que arranca la historia y tras la presentación de los personajes, comienza un relato nada convincente que nos obliga, incluso, a renunciar a lo que vemos en la pantalla, un recurso nada desdeñable si se hubiera utilizado bien. Una trama demasiado convencional con el diseño de unos personajes muy manidos que logran disipar cualquier empatía del público, especialmente con el que representa Natalie Dormen, la doble protagonista Sara/Jess Price, una americana empeñada en meterse en líos, que desconfía hasta de las piedras. Las apariciones, entre las que impresionan las de escolares pre-adolescentes apenas impresionan y el público está tan advertido desde el principio de lo que le espera, que el cacareado giro final, del que se han hecho múltiples adelantos, impresiona por la chapuza que antecede a un congelado inenarrable. En la mala espina que augura esta película  la mayor parte depende de la voluntad y los temores de los espectadores, que conocen bien la naturaleza de la muerte y la temen. Muchos no se adentrarían en el 'bosque de los suicidios' ni de día, con guía y un sol brillante.


(1) El derecho a la pobreza. Paul Lafargue. Maia Ediciones. 2013.




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