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viernes, 8 de julio de 2016

La costa los mosquitos. Peter Wier.



LA REVOLUCIÓN QUE DEVORA A SUS PROPIOS HIJOS.



Ficha técnica


Título original: The Mosquito Coast.
País: Estados Unidos.
Año: 1986.
Duración: 118 minutos.

Dirección: Peter Weir.
Guión: Paul Schrader,  basado en la novela de Paul Theroux
Casting: Dianne Crittenden;  América Central: Sue Parker; México: Alejandra Hernández.
Dirección de Fotografía: John Seale, A.C.S.
Música: Maurice Jarre; Electronic Ensemble; supervisión: Maurice Jarre.
Edición: Thom Noble.
Director artístico: John Wingrove.
Decorador del set: John Anderson.

Diseño de Vestuario: Gary Jones.
Jefe de maquillaje y peluquería: Judy Lovell.

Productor: Jerome Hellman.
Productor asociado: Neville Thompson.
Productor ejecutivo: Saul Zaentz.
Diseño de producción: John Stoddart.
Compañías: The Saul Zaentz Company, Jerome Hellman Production


Intérpretes:


Harrison Ford: Allie Fox,
Helen Mirren: Madre,
River Phoenix: Charlie,
Jadrien Steele: Jerry,
Hilary Gordon: Clover,
Jason Alexander: Clerk,
Dick O'Neill : Mr. Polski,
Alice Sneed: Mrs.Polski,
Tiger Haynes: Mr. Semper,
William Newman: Capitán Smalls,
Andre Gregory: Reverendo Spellgood,
Melanie Bolland: Mrs. Spellgood,
Martha Plimpton: Emilly Spellgood.
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Sinopsis:


Un brillante inventor (Harrison Ford), hastiado del consumismo de la sociedad moderna, decide alejarse de la civilización con su familia y emprender una nueva vida en plena jungla. Bajo su guía, su nuevo hogar se convierte en un paraíso gracias a sus inventos, pero pronto su mente comienza a desmoronarse.`

Comentario:


Hace alguna semana, de forma muy oportuna, un periódico de tirada nacional  lanzó al mercado esta película, cuyo protagonista principal es el populismo de tinte izquierdista y revolucionario, que ignora la condición humana, egoísta y voraz e incapaz de unirse para defender sus propios intereses, sin mezclar connotaciones de cualquier otro tipo. Decía la canción de Los Amerindios, Ni pocos ni muchos: "Hay pocos que tienen mucho, /hay muchos que tienen poco, /hay pocos que roban mucho,/ hay muchos que comen poco.(...) Los pocos que saben mucho son pocos trabajan poco..." Pero esto que parece tan claro y pristino se enturbia en la realidad cotidiana. Desde las 'Rebeliones de la Europa moderna' de que habla Eric John Ernest Hobsbawm, pasando por la Revolución Francesa, que elevó al poder a la nueva clase ascendente, la burguesía, y dejó en la cuneta a los sans culottes (los que llevaban pantalones y no calzones como los nobles y sus competidores burgueses), después de servirse de ellos para alcanzar sus objetivos, hasta los últimos movimientos populistas actuales, transversales ideológicamente, han utilizado y siguen utilizando a los más débiles y menos formados intelectualmente para sus propósitos, y, como ocurriera con Robespierre y con el personaje que encarna Harrison Ford, acaban víctima de la guillotina que ello mismos crearon y cometiendo las mismas tropelías que denunciaron, incluido el deterioro ambiental de la selva virgen.



Allie Fox es una especie de bakuninista, un anarquista subversivo que busca un lugar para ubicarse con su familia que no esté señalado en ningún mapa, y reproduce para su pequeño grupo, formado por su mujer, dos hijos pre-adolescentes y dos gemelas pequeñas en el que se integran algunos lugareños fieles,, una imagen idílica de la selva, de la costa de los mosquitos, un locus amoenus que sólo reside en su imaginación. El inventor, con todo el bagaje cultural que ha adquirido en su demoníaca y maldita patria, los Estados Unidos, vuelve al campo como los nobles del  rococó, o los artistas de finales del siglo XIX y principios del XX, como Gaugin, cargado de todos los utensilios de que carecen los primitivos panameños de la selva (sierras mecánicas, sopletes, tiendas de campaña...). El film esta estructurado en forma de un gran racconto, un flaschback en el que Charlie (River Phoenix), narrador de esta historia, evoca la imagen de su padre: " Me marché de Harvard para lograr una educación". El joven creció convencido de que todo lo que decía su progenitor era verdad y de que el mundo le pertenecía.



Pero al igual que ocurre en 'Caballero sin espada' de Frank Capra, (1939 ), tan pronto como se pone un dedo en un mapa, se pasa de la teoría a la praxis, del discurso de la decadencia del sueño americano (al que no le falta razón), que arrastra a los pueblos al consumismo, pero también a la xenofobia, que ofusca a este'intelectual' hasta el punto de confundir al maleante con el extranjero, convertir en eje de su penamiento la condena de la corrupción y el crimen organizado, la exención de impuestos y un largo etcétera, en resumen una expresión de la transversalidad que une a un izquierdista con un racista bajo un lema muy simple: el país es un auténtico estercolero (imagen de la carretera atravesando un bosque de anuncios) en el que reina la podredumbre, la drogadicción, el miedo, los carroñeros rabiosos, los millonarios criminales y  los soplones sin escrúpulos, que compran productos made in Japón o China...y otras expresiones que hacen estremecer de escalofrío a los trabajadores de los almacenes de bricolage, en los que se sirve de lo que necesita para realizar sus inventos. En este terreno, el  hombre comete un error de bulto, imposible en un hombre de su creatividad y capacitación.




Con una imagen ochentera y el uso de un lenguaje cinematográfico que discurre con facilidad y envuelve al espectador en un discurso que fluye sin interrupción, Peter Wier nos muestra cómo se produce la vuelta a la naturaleza de este hombre paternal y populista, un lugar idílico, con una gran riqueza en su subsuelo que los nativos no saben extraer  y que carece de la ruindad del primer mundo. Se instala  en un lugar de la costa de 'Mosquitia' (La Costa de los Mosquitos' en Panamá), en medio de la selva, y construye el lugar de sus sueños, pero tiene una carencia fundamental: no dispone de una superestructura que facilite las comunicaciones, algo que no parece importarle demasiado, ni que garantice la protección de su familia en los lugares en los que suelen ocultarse los prófugos de la justicia, ni políticos en los que descargar su conciencia. Unas deficiencias estructurales que deberá sustituir tomándose la justicia por su propia mano y haciendo cómplices de sus crímenes a sus propios hijos En el viaje de ida conoce a un misionero que también está instalado en la selva, pero que goza de la financiación y protección  de un estado temporal de carácter mundial: la iglesia de Cristo, en cualquiera de sus desviaciones de la ortodoxia, lo que despertará su rencor y su resentimiento.




El inventor no puede soportar la comparación entre la ruina de sus esfuerzos y la prosperidad religiosa, y se convertirá pronto en el protagonista de todos los excesos que critica.. Derrotado, sólo le preocupa una cosa: si su barca sigue yendo río arriba, avanzando contra corriente. Un film interesante que, a pesar de las críticas que recibió de todos aquellos que se sintieron tocados, mueve a una reflexión más que interesante, necesaria.




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