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lunes, 15 de agosto de 2016

Cazafantasmas. Ivan Reitman. (1984)










Ficha técnica: 


Título original: GhostBusters.
País: USA.
Año: 1984.
Duración: 105 minutos.

Dirección: Ivan Reitman (padre de Jason Reitman, director de Up in the air)
Guión: Dan Aykroid y Harold Ramis; performance de Ray Parker Jr.
Casting: Karen Rea.
Director de Fotografía: Laszlo Kovacs, A.S.C.
Edición: Sheldon Kahn, A.C.E,  David Blewit, A.C.E.
Música: Elmer Bernstein
Efectos visuales: Richard Edlund, A.S.C

 Vestuario: Theoni V. Aldredge.

Productor: Ivan Reitman.
Productor ejecutivo: Bernie Brillstein.
Productores asociados: Joe Medjuck y Michael C. Gross.
Diseño de producción: John de Cuir.
Compañías: Columbia Pictures.Sony Pictures Home Entertainment.

Intérpretes: 


Bill Murray:  Peter Venkman,
Dan Aykroyd: Ray Stantz,
Sigourney Weaver: Dana Barrett,
Harold Ramis: Egon Splenger,
Rick Moranis:  Louis Tully,
Annie Potts: Janine Melnitz, ,
William Atherton: Walter Peck,
Ernie Hudson: Winston Zeddemore.


Sinopsis. 


Peter Wenkman (Bill Murray), Raymond Stantz (Dan Aykroyd) y Egon Spengler (Harold Ramis), son tres simpáticos parasícologos que estudian fantasmas y otros fenómenos sobrenaturales. Expulsados de la Universidad por sus procedimientos poco ortodoxos, montan su propio negocio, y, aunque la gente es reacia a utilizar sus servicios, ante la proliferación de fantasmas, no tienen más remedio que llamarlos. Su primera cliente es Dana Barret (Sigourney Weaber), que tiene problemas en su nevera.

Comentario. 


Si comparamos las películas del padre, Ivan Reitman, con la del hijo, Jason Reitman, podemos comprobar el cambio que se ha producido en las conciencias en los más de veinte años transcurridos entre Gohst Busters y Up in the air. El trabajo del padre es un gamberrada totalmente ácrata, fruto de un momento en el que el hombre creía en un crecimiento sostenible y podía poner en cuestión cualquier cosa; el hijo se ha topado con una crisis sin precedentes y hace una comedia triste, casi una tragedia contada de forma relajada, sobre despidos por Internet.

Ghost Busters, cuyo logotipo está incrustado en la memoria colectiva, es una obra absolutamente original, irreverente, producto de la imaginación de sus creadores; tres hombres no muy formados, se convierten en estrellas mediáticas de publicaciones de gran tirada y de televisiones, cazando fantasmas que almacenan en contenedores ingeniados por ellos. Armados con sus mochilas y sus surtidores que emiten rayos, acaban enfrentándose al peor de todos los monstruos; política,religión, medioambiente y sexo forman un revuelto que mueve constantemente a la carcajada. La primera cliente, una músico atacada por los fantasmas, Dana, se transforma en una sex-symbol perversa, en una perra malvada, salvada por los rayos que emite su enamorado Peter Wenkman con su instrumento; en la batalla final, que se produce en los áticos de un enorme rascacielos, construido por un rico arquitecto que practicaba el ocultismo, los cascotes caen a una calle llena de público, sin que milagrosamente muera nadie, como si de un cómic se tratara .

Los ecologistas salen mal parados en su defensa del medio ambiente y son, en cierta medida responsables del desastre que origina su representante, un funcionario con cartera, al destruir el recipiente donde se almacenan los ectoplasmas atrapados; pero no salen mejor parados los representantes de la iglesia que intentan aprovechar el asunto para reforzar las creencias, congregándose entre el público todo tipo de religiosos (católicos, judíos...) que rezan por el triunfo de su dios sobre el diablo. Ni los políticos o jefes de policía, que buscan a las estrellas del momento para distraer a la población. Pero la crítica no tiene carga negativa, sólo pretende divertir. El éxito es de los destarifados y modestos cazafantasmas, que hipotecan la vivienda de uno de ellos, Ray Stanz, para montar su estrafalario negocio. Lo mejor es la cantidad de fantasmas que pululan por la ciudad, sin que hasta el momento en que estos jóvenes deciden abrir su negocio alguien se hubiera percatado. En resumen, Ivan Reitman realiza una comedia fantástica, sin precedentes, con algún toque de ciencia-ficción: estamos en la década de los 80 y más de una generación no había conocido una crisis tan profunda como la del 29 ni como la que se inicia en 2008, con la caída de Lehman Brothers, de la que todavía no vemos la luz al final del túnel, por más que se empeñen algunos.


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