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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cleopatra de Joseph L.Mankiewicz y otros errores e imposturas.





Mankiewicz realizó Cleopatra, que si bien, para ser honestos, hay que reconocer abiertamente que fue un fracaso de taquilla, nos disgusta por razones de respeto a la historia y una dirección artística deplorable, basada en una puesta en escena de cartón piedra,  cabalgatas populares, maquillaje y vestuario ad usum de la diva, entre otras garruladas. Pero lo más grave de esta versión de la historia de la reina egipcia y sus amoríos con el mayor estadista de todos los tiempos, al que envidió y emuló el propio Napoleón, fue el deseo de halagar la experiencia vicaria de un pueblo alienado, elevando, a quien no lo necesitaba, a la categoría de rey, vestido de púrpura, el color de los monarcas, con un cetro en la mano, un auténtico atentado a la Historia con mayúsculas. Si algo así hubiera ocurrido en Roma en aquel momento, César hubiera durado menos que un caramelo en la puerta de una escuela; el propio Mankiewicz, cuando rememora aquel idus de marzo del año 44 antes de nuestra era, en la inolvidable traslación a la pantalla de 'Julio César' de William Shakespeare, interpretada por Marlon Brando, en el papel de Marco Antonio, y James Mason en el de Bruto, en la que éste último da como justificación del magnicidio el que, aunque su tribuno Marco Antonio le había ofrecido por tres veces la corona de rey y éste la había rechazado, en el fondo perseguía el poder omnimodo de esta institución. "Yo no he matado a César -dice Bruto- porque amaba a César menos, sino porque amaba a Roma más."




Se entenderá que esta fotografía repugna la realidad.


Mas, si estas desviaciones de la realidad tenían como objeto el entretenimiento de la población, buscando la complacencia de quien disfruta con los oropeles, por mucho que estas mentiras la hundieran más y más en la ignorancia, lo que resulta un total fiasco es que un charlatán de tres al cuarto, rodeado de cuatro caballetes con las fotografías de los candidatos más votados en las últimas elecciones españolas (subidos al carro de la fama  y al poder no parece importar mucho a los recién llegados que otros se queden en el suelo olvidados), en pleno siglo XXI, ayer mismo 10 de septiembre de 2016, se permitiera equiparar a uno de los jóvenes políticos con Julio César, al que sólo le faltaba conquistar su propia Galia. Nadie lo contradijo (ignoramos la razón), pero nosotros lo vamos a hacer, porque todo no vale en la propaganda.

  1. Cayo Julio César era miembros de la 'casta' romana, los patricios, (fundadores de la patria), pertenecía a una gens (o familia), la Julia, que hacía arrancar sus orígenes de Julo Ascanio, hijo de Eneas y Creúsa; disponía de los  tria nomina  (praenomen, nomen y cognomen) y había realizado todo el cursus honorum o carrera política (cuestor en Hispania, edil curul de origen patricio en Roma, pretor y cónsul, el año 59 a.C.-; además había ejercido los cargos religiosos de  Flamen Dialis o sacerdote de Júpiter, siendo adolescente, y Pontífice Máximo después ). Sobrino de Mario y yerno de Cinna, fue nombrado procónsul de la Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina; como consecuencia de las guerras que inició con los galos nos legó su imperecedera obra, 'La Guerra de las Galias', que escribió para justificar cada uno de sus actos ante los Optimates, enemigos suyos, en royos de pergamino, evitando el  códice que él mismo había inventado, para que no se pudiera adulterar el texto arrancando alguna hoja. Transcurridos 10 años desde el primer consulado, un lapsus impuesto por la ley para poder optar de nuevo a la más alta magistratura de Roma, el consulado, pidió poder hacerlo in absentia, ( es decir, sin estar presente en Roma), algo que le fue denegado por el Senado, aunque poco antes se lo había consentido a Pompeyo. César decidió cruzar el Rubicón, un riachuelo sin importancia que marcaba el límite para el tránsito de soldados y marchó contra Roma. Esta decisión estaba justificada por el hecho de que el senado le exigía licenciar su ejército y entrar desarmado en Roma, algo que el general temía, ya que en los últimos tiempos las bandas de matones de los optimates habían asesinado a todos los tribunos de la plebe, entre ellos el propio Clodio, y apaleado a Marco Antonio cuando acudió a la URBS llevando la solicitud del general. Así comienza su segunda obra, el mejor documento para dar luz a estos acontecimientos: 'La Guerra Civil'.
  2. Queda claro pues que, cuando César hizo su Guerra de las Galias no era un novato, y había ejercido ya como Cónsul Senior, el más votado de la más alta magistratura, que era colegiada, es decir, había dos cónsules simultáneamente. César era el líder más importante de los Populares, el partido más progresista de la Roma antigua y le tocó como colega uno de sus mayores enemigos Marco Calpurnio Bíbulo, cónsul iunior,  del partido conservador de los Optimates, quien para dificultar su labor, declaró el año nefasto con el objetivo de impedir la actividad política de César, algo que no consiguió. Del todo. César contaba, en aquel momento con el apoyo de Pompeyo y Craso, con los que había firmado un triunvirato en Luca que reunía a los máximos representantes del poder político, el militar y el económico. Nada impidió, al fin, que fuera asesinado por sus poderosos enemigos de Roma. La tradición anglosajona ha traído hasta el día de hoy la  acusación de que, su conquistador, se había proclamado rey y así lo siguen llamando, aunque no tuvieran ninguna prueba de que  en Roma se había restaurado esta institución tras los abusos de poder de los últimos reyes que condujeron a la implantación de la República, con cimientos tan sólidos que jamás pudo ser erradicada hasta las invasiones bárbaras.
  3. Historiadores suizos consideran que César ganó la guerra más con la azada que con la espada. Son famosas sus construcciones militares que le hicieron invencible: puentes, torres de asedio, calzadas, campamento higiénicos... y en muy pocas ocasiones, a lo largo de sus siete libros de la Guerra de las Galias, dedica alguna página a actos heroicos de algún centurión u oficial. Se recomienda leer a Goldsworthy o a Momsen para entender qué pudo atraer a Napoleón del gran estadista romano. El francés, un buen estratega, fue un estudioso de la obra más importantes de Cayo Julio César, 'La Guerra de las Galias',que anotó y comentó. El estadista romano escribió sus siete libros en tercera persona para crear una impresión de objetividad y justificarse de este modo ante sus enemigos en Roma, los Optimates. Sus triunfos militares le han convertido en objeto de estudio de las Academias militares y de los grandes estrategas de todos los tiempos.
  4. Theodor Mommsen ha recogido el espíritu del romano como nadie:" La monarquía de Julio César no era el despotismo oriental por al gracia de Dios, sino la monarquía que Cayo Graco había querido instaurar, la misma que fundaron Pericles y Cronwell: la propia nación representada por su supremo e ilimitado mandatario. En este sentido las ideas que inspiraban la obra de César no eran. realmente, nuevas; pero fue él quien les dio realización. que es siempre y en último término lo que decide, y a él corresponde el mérito de la grandeza de su ejecución, la cual habría sorprendido incluso al hombre genial que concibiera la idea, si hubiera podido presenciarla, como llenó, llena y llenará por siempre de la más profunda emoción y admiración a quien la contempló en la realidad viva o la contempla hoy o haya de contemplarla mañana reflejada en el espejo de la historia, cualesquiera que sean la época histórica a que pertenezca o las ideas políticas que profese  en la medida de su capacidad de comprensión para la grandeza histórica y humana." 
Se comparó a otro de los políticos con John F. Kennedy, lo cual es quizás más probable para un político actual que intentar elevar a un joven, que como mucho se asemejaría a un Viriato, con el gran Julio César. 'Se nos va la olla'..


(1) El mundo de los Césares. Theodor Mommsen. Fondo de Cultura Económica. 2004, páginas 22-23.


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