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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Morgan Luke Scott. Notas de producción.





Ficha técnica, sinopsis, tailer y expectativas Pinchad aquí

            
El mayor reto que se planteó a Scott y a su departamento de reparto fue encontrar a su Morgan, el ser artificial aunque orgánico que representaría el concepto de Scott del siguiente paso de la evolución humana y que al menos igualara a la protagonista de Loom. La actriz tendría que interpretar a un personaje que está física, mental e intelectualmente amplificado.  que lidiar con cómo caracterizar a Morgan. ¿Ella? ¿Ello? ¿Ser humano… algo distinto? “Yo llegué a identificar a Morgan como un ‘ello’ porque soy esencialmente el científico que la creó”, dice Scott riéndose. “Pero siempre tuvimos la intención de que Morgan estuviera un tanto feminizada porque la forma femenina tiene fuerza inherente”. No obstante su designación como “ello”, Scott asegura que, al menos en cuanto a presencia, Morgan no es un monstruo. Las habilidades mejoradas del personaje estarían ocultas bajo un cuerpo corriente y moliente y de aspecto inocente. “Creamos algo que nos resultaba familiar y reconocible. Mi razonamiento era que si yo fuera un científico que diseñara esta clase de ser, me esforzaría al máximo para crear algo que no pudiera distinguirse de un ser humano”. Después de una larga búsqueda, Scott eligió a Anya Taylor-Joy para que encarnase a Morgan. Había quedado impresionado por su actuación en el galardonado primer largometraje del director Robert Egger La bruja: Una leyenda de Nueva Inglaterra.  

Cuando la Morgan de Taylor-Joy ataca súbitamente a uno de sus cuidadores, la corporación que supervisa y financia el proyecto llama a una “asesora de gestión de riesgos” especial, Lee Weathers, para que investigue. Kate Mara, que acababa de salir de un actuación estelar en el taquillazo de Ridley Scott, candidato al Oscar, Marte (The Martian), interpreta a Lee. “Mi personaje es contratado para que visite el complejo y evalúe la viabilidad de Morgan, y si representa un riego constante”, explica Mara. En pocas palabras, Lee tiene poder de vida y muerte sobre el objeto de su investigación. Los otros científicos y el personal del complejo no tardan en comprender que Lee, a pesar de su puesto como una especie de gestora de crisis corporativas —un “traje”— es alguien al que no hay que tomar a la ligera; y que a la hora de enfrentarse con una amenaza creciente, cuenta con más de unas pocas sorpresas de su propia cosececha.

La Lee Weathers de Mara no es el único profesional enviado por la corporación para evaluar a Morgan. “Alan Shapiro es un psicólogo que ha sido enviado para determinar si ella/ello está funcionando mal”, explica Paul Giamatti, que se encarga del papel. Pero Shapiro dista mucho de ser el típico profesional de la salud mental amable o delicado. Su interrogatorio de Morgan es tan despiadado como los combates físicos que lo siguen. “Shapiro no lo considera forzosamente así”, prosigue Giamatti. “Para él, Morgan no es real, no es humano”. Los heterodoxos métodos de Shapiro no consiguen precisamente el resultado esperado. 

Shapiro y Weather son unos intrusos que alteran la dinámica del unido equipo de científicos y cuidadores que se han convertido en la familia de facto de Morgan. Simon Ziegler (Toby Jones) es el principal científico del proyecto; la doctora Lui Cheng (Michelle Yeoh) es científica y analista; Amy (Rose Leslie) es psicoanalista; Kathy (Jennifer Jason Leigh) es psiquiatra conductual; Skip (Boyd Holbrook) es nutricionista y cocinero del proyecto; Brenda (Vinette Robinson) tiene experiencia en medicina militar; Ted Brenner (Michael Yare) es el director del proyecto; y Darren (Chris Sullivan) es técnico de laboratorio. Durante los años inmediatamente anteriores, el desarrollo de Morgan ha puesto a este grupo a prueba de formas que nunca podrían haber imaginado. Pero cuando Morgan sufre un cambio violento, el equipo debe determinar si su creación es un éxito de los que cambian el mundo o una criatura peligrosamente inestable. 

La película fue rodada en la antigua factoría de Britvic en Belfast, y en el bosque de Tollymore, en Bryansford. La casa en la que residen los personajes se localizó en Galgorm, Ballymena, en las afueras de Belfast. El interior de la casa, originariamente una residencia privada, fue convertido en una gran casa de campo norteamericana con varios dormitorios grandes, dotados de cuarto de baño; una enorme cocina industrial y varios estudios u oficinas. Grandes ventanales que dan a un huerto y al bosque que lo rodea, dan al complejo una sensación abierta, natural y sin amenazas, proporcionando un enorme contraste con el experimento que se desarrolla en su interior. El Diseñador de Producción, Tom McCullagh, que elaboró cada cuarto para que fuera un reflejo de su ocupante, explica que “éste es un grupo de siete personas que viven juntas y que han trasladado sus propias identidades a sus respectivos espacios. Así, tenemos la habitación de Kathy, que refleja su desorden y excentricidad. Mientas que tuvimos la idea de que la de Cheng estaría muy ordenada y pulcra. En la oficina de Ziegler, digamos que puede verse cómo se introduce sigilosamente en ella un poco de locura”. La cocina, diáfana y brillantemente iluminada, toda ella de acero pulido y diseño industrial, modelada para incorporar varios requisitos dietéticos de Morgan, aloja un enorme frigorífico de puertas de vidrio repleto de alimentos sólidos y líquidos etiquetados, suplementos y medicinas. Una parrilla y un horno profesionales y en pleno funcionamiento se sitúan en el centro de la sala, cubiertos con una enorme campana extractora de humos. 

Minúsculos detalles relativos a ingredientes, productos orgánicos y suplementos nutricionales, fueron concienzudamente incorporados a los productos especialmente envasados y embotellados, a fin de permitir a los actores interactuar con ellos como si fueran su segunda naturaleza. En marcado contraste, el laboratorio está situado en la poco iluminada parte subterránea del complejo, junto con el alojamiento de Morgan, en una celda muy controlada y reforzada. Observa Scott: “Situamos el complejo bajo tierra porque uno no quiere a gente que haga preguntas y, además, está Google Earth vigilando desde arriba y todas esas cosas. Pero, en segundo lugar, desde un punto de vista narrativo, lo soterramos porque tuvimos la excelente idea de que Morgan surgiera de la tierra; de que ella estuviera inherentemente unida a Gaia, la Madre Tierra. También recuerda a una especie de seno materno”. Además, la yuxtaposición del búnker y la pureza de los paradisiacos ríos y bosques de los alrededores era un símbolo totémico del “nacimiento” de Morgan al mundo natural partiendo de una génesis sintética. 

El propio laboratorio estaba lleno de máquinas auténticas que fueron investigadas, compradas o alquiladas a fin de reproducir con precisión lo que un equipo científico necesitaría para seguir la pista y supervisar el crecimiento de un complejo mecanismo orgánico como Morgan “La única máquina que nosotros construimos fue una máquina de ADN basada en modelos reales”, explica McCullagh. “Hay máquinas que crean ADN sintético aunque en pequeñas cantidades. Esto le ha abierto a la ciencia todo un mundo nuevo”. Fuera del complejo y rodeándolo hay un entorno forestal, que indica tanto la naturaleza remota de su ubicación como también la terapia utilizada por Amy, el personaje de Rose Leslie, para que Morgan se asimile lentamente al mundo exterior al complejo. Esta “Terapia de Interfaz Natural”, tal y como la apodó Scott, es un proceso ficticio pero parece plausible en su teoría y en su puesta en práctica. “Está diseñada para ayudar a un organismo, como Morgan, a desarrollar un cierto sentido de alma”, dice el director. Pero el equipo de este remoto complejo nunca previó las consecuencias de que su experimento adquiriese este rasgo tan humano.



 

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