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La Revelación: Nuevo Nuncajamás

domingo, 13 de noviembre de 2016

El perdón. Michael Winterbottom. Comentario.







El 9 de marzo de 2012 escribíamos sobre este título de Michael Winterbottom, el aplaudido realizador británico  de 'Wonderland' (1999), 24 Hour Party People (2002) o 'Código 46', tres películas de géneros diferentes igual de notables. En 2002 realiza  'The claim (la concesión), traducido al castellano por 'El perdón'; uno y otro título recogen las dos tramas que circulan paralelas, entrelazándose, y que constituyen una historia sobre el nacimiento de una nación nada despreciable. Cuenta con la colaboración en el papel protagonista de Mr.Dillon con Peter Mullan, el director de la inolvisable cinta que narra la odisea de muchas jóvenes irlandesas que a causa de su belleza, su fealdad o su moral relajada eran recluídas y explotadas como lavanderas en un convento, en el que se les ensañaba el lado oscuro del ser humano. En nuestro de 2012 hacíamos el siguiente análisis:

"Tragedia shakesperiana para unos, intento de renovar el género para otros, el film de Winterbotton no deja indiferente a casi nadie. Un hombre vende a su mujer y su hija y, cuando la vida parece que le sonríe, su pasado le sale al encuentro y le niega el perdón que reclama. Al final todo aquello que despierta la ambición del hombre, (el oro, el lujo, las mujeres) , pierde toda relevancia y le deja sólo e incapaz de soportar su propia existencia. Los héroes del relato se sitúan por encima de la mediocridad, despreciando el tesoro que abandona Dillon, sobre el que se arrojan las masas, y centrándose en el sentimiento sublime del progreso y el amor. El pionero luchó por atesorar, el ingeniero sólo tiene como objetivo construir la modernidad. Son los representantes de dos épocas distintas: la de la acumulación precapitalista y la del asentamiento de las bases de la modernidad; Winterbotton acerca el western al drama moderno en coherencia con su planteamiento de fondo.

Paisajes nevados, planos cortos y constantes movimientos de las masas, construyen una diégesis en la que confluyen dos epopeyas americanas: el fin de los pioneros que abrieron el camino con su marcha hacia el oeste y la construcción del ferrocarril, no exenta de crueldad, que decidió que pueblos iban sobrevivir y cuales debían ser abandonados a su suerte. Si los colonos primitivos despojaron a los aborígenes sin compasión, sufrirán la misma suerte a manos de inversores que trazan en sus despachos las líneas férreas, sin atender a sus sufrimientos , haciendo buena la máxima de que el pez grande se come al chico. El director realiza un film en el que el western cede terreno a un drama ubicado en un tiempo y un lugar en que se está gestando la modernidad. "Extraño y vigoroso western (...) insólito, radical y desatado, una mezcla de gran pureza entre vigor épico y melodramático. Está compuesto por extraordinaria audacia formal (...) Cine vivo y noble, gran cine", para Ángel Fdez. Santosdel Diario El País (Filmaffinity)."

Es difícil etiquetar un film tan complejo, una película ecléctica que reúne características del western crepuscular, el thriller histórico o el drama romántico, con dos líneas argumentales dominantes: la tragedia de la familia Dillon, pioneros a los que Dalglish compara con los reyes que llegan, arriesgándolo todo, a territorios desolados y construyen ciudades que gobiernan en beneficio de la comunidad. Winterbottom, un realizador inglés, construye un poema épico de la marcha hacia el oeste y la conquista de los territorios  más alejados de la costa a la que arribaban emigrantes procedentes de las Islas Británicas y , a pesar del crimen que suele estar en el origen de todos los imperios, incide en el lado menos perverso del alma humana.

Las dos líneas argumentales se van trenzando mediante el recurso a las secuencias alternas; cálidas en el abigarrado asentamiento urbano, en el que la gente se apelotona en los lugares de ocio, terminada la jornada laboral. En estos locales, las mujeres de un saloon más lujoso que de costumbre, con enormes lámparas provistas de velas  que encienden sus empleados y luego elevan con sólidas cuerdas, cumplen su tarea de dar placer al minero o el trabajador del ferrocarril; gélidas e inhóspitas apenas se sale de un poblado en el que conviven mas de mil almas desarmadas, un imposición del cacique con funciones de sheriff, que acumula cientos de lingotes de oro en el banco. Por este camino difícil de transitar llega Dalglish, un ingeniero cuya misión es la de decidir el lugar idóneo, el más económico para la compañía que lo contrata, cuyo criterio no siempre coincide con el del primitivo colonizador, pero cuya decisión va a marcar el futuro de los territorios elegidos.

Una bella historia de transición entre dos mundos, el precapitalista, el épico en el que los hombres conquistaron las tierras palmo a palmo, no siempre de forma limpia, aunque generalmente con mucho dolor para quienes huían de la miseria de sus países de origen y veían en las tierras recientemente descubiertas la posibilidad de progresar, y la era capitalista en la que la máquina de vapor favoreció el desarrollo del maquinismo en todas sus manifestaciones: extracción minera, producción industrial y expansión del ferrocarril. Dillon representa el pasado, Dalglish el futuro, y  ambos se erigen en paradigma del tiempo que se acaba y el que empieza a emerger, perfectamente conscientes de su papel. Finalmente todos colaborarán para salvar Kingdom Come y evitar su desaparición tras un incendio provocado por el herido patriarca.

Es difícil catalogar esta película como un western: no hay marcha hacia el oeste, ni conflicto colectivo, sino drama personal, - una vida errática como consecuencia de un error de juventud, con una solución igualmente errónea, que finalmente demuestra que la verdadera familia es aquella con la que has convivido toda tu vida -;tampoco hay duelos ni verdaderos enfrentamientos personales, y, sobre todo, es una película en la que las mujeres desempeñan un papel fundamental. No sólo como compañeras, sino como seres humanos capaces de tomar las riendas de su propia vida en una sociedad que todavía no ha desarrollado un constructo de género patriarcal sólido. Amantes, esposas o hijas, que representan en la ficción no sólo el amor romántico, sino el cariño basado en una larga convivencia. Una película que ilustra de forma magistral la época que informa y da ciertas claves para entender, al menos un poco, la idiosincrasia del pueblo norteamericano desde la vieja Europa.




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