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sábado, 3 de diciembre de 2016

Arden Teatre completa su trilogía.





El 24 de diciembre de 2014 Arden Teatre salía a la calle con Alicia in Wonderland, una magnífica adaptación a la actualidad del relato del matemático, lógico, escritor  y Dácono anglicano, Charles Lutwidge Dogson, más conocido bajo el seudónimo de Lewis Carroll; en diciembre de 2015 nos regalaron otro musical fresco, 'Buscando al mago de Oz (¡Oh, EuOzpa!) , diáfano e inteligente que seguía ahondando en la herida que nos abrasa, y, ahora, culminan su trabajo con una tercera entrega , Viaje a Nuncajamás, que pone el broche de oro a esta trilogía de cuentos políticos que nos alegra el fin de cada año. En cada temporada hemos visto cómo evolucionaba la primera entrega de la saga,, lo que abre nuevos horizontes a la historia de Oz y la expectativa respecto al nuevo capítulo, con la esperanza de que Chema Cardeña y su equipo sigan imaginando nuevos universos que nos hagan más llevadera nuestra rutina de cada día.











RECORDANDO EL FIN DE 2014, CUANDO TODOS ÉRAMOS DOS AÑOS MÁS JÓVENES







SINOPSIS: 


Alicia es una joven que acaba de finalizar sus estudios e intenta integrarse en la sociedad, iniciando así su carrera. Pronto descubrirá que para una chica que quiere abrirse camino en la vida, las cosas no son fáciles en el país maravilloso, donde vive. Tropezará con la burocracia, la política, la religión, la corrupción, las estafas, el nepotismo de quienes gobiernan y la falta de escrúpulos y valores de esa sociedad. Conocerá a personajes increíbles que a su vez, representan los pecados de una sociedad enferma y decadente, casi moribunda, (la envidia, la pereza, la soberbia, la lujuria..) Todo ello vivido en una metáfora a través del cuento de Lewis Carrol.

Breve comentario:


La puesta en escena es de un gran poderío visual que atrapa al espectador desde el primer minuto en que el escenario se ilumina, logrando una plena integración entre la música y la representación dramática de la historia ácida y contemporánea de una Alicia cada vez más desorientada, a la que ahora parecen abrirse cuatro caminos diferentes: naranja, morado, rojo y azul, aunque si nos fijamos bien son una simple degradación de los  colores básicos. Los actores siguen en forma y dan prueba de su talento en esta puesta en escena que no abusa del histrionismo, sino que aprovecha las capacidades de sus intérpretes, ya sea metidos en el papel de la Reina Roja, Ministro de Cultura y Espiritualidad, el célebre Gato de Chelsea, cada vez más atractivo, el Blanco Conejo, o el Sombrero Loco, girando en torno a una Alicia acorralada, una joven abrumada por la ausencia de horizontes, que ahora dirige sus plegarias a una gestora jerarquizada que va a lo suyo y no le presta la menor atención.

Sobresaliendo por encima de sus cabezas, los músicos, vestidos con largas levitas grises, que contrastan con la brillantez de sus interpretaciones, a las que se pueden atribuir diversos significados, funcionando como un constante referente de los personajes y superando con mucho las posibilidades de la música enlatada, no sólo en la  ambientación y generación de atmósferas, sino en la creación de de un lenguaje subsidiario del de la acción. Una estrategia que se repite cada año y proporciona a su público el placer del directo, consiguiendo una compenetración total entre actores y músicos, mediante la integración en el mismo escenario, que en la historia de Oz daba un paso más y convertía a los intérpretes en atrezzistas.

La actualización de la historia en cada temporada constituye un guiño que busca la complicidad del público, y refleja acontecimientos que hace dos años, cuando se estrenó Alicia, nadie podía imaginar que iban a suceder en este país, y que quedarán fijados en la memoria y la retina de los espectadores, a los que se da un margen para sacar sus propias conclusiones de acuerdo con su sensibilidad y sus experiencias ya que durante hora y media identifican a los actores con su idea particular de la historia de Lewis Carroll, e incluso su sensibilidad política para interpretar la difícil situación social que estamos atravesando, pero sin olvidar, en ningún momento aquella célebre expresión de Orson Welles .que si bien aplicó al cine, es perfectamente útil para el teatro, ya que ambas formas de representación son posiblemente el tren eléctrico más divertido con el que pueden jugar actores y espectadores. La magia se desata en la escena e invade el patio de butacas.

No obstante, si recordamos la anécdota en la que el oscuro autor le pregunta a su adorada Alicia Liddel, una niña de 13 años, en qué mano lleva una naranja, la preadolescente descubre la respuesta correcta : depende de qué lado del espejo estés. Queda claro en la versión de Chema Cardeña qué ocurre a un lado y otro del espejo en el que se miran las 'Alicias' que asisten a la función y se sienten identificadas con la joven protagonista. Para poder entenderlo tendrás que recorrer el camino con la Alicia desengañada de esta versión, que apenas puede arrastrar sus carreras, sus masters, sus cursos, en ese carrito de las grandes superficies comerciales.Magnífica y ácida crítica en torno a la mercantilización del saber que se hace explícita en boca del Ministro de Arte y Espiritualidad, interpretado por Chema Cardeña, autor y director de la obra, cuando relata el curriculum de la joven: cinco años de becaria, uno de carrera y varios masters. Esta claro que se potencia aquello que divide a los jóvenes estudiantes en función de sus recursos económicos, en lugar de unirlos en torno a la sabiduria de la que hasta ahora la Universidad constituía el receptáculo. Irónico, audaz y muy inteligente.La mejor forma de terminar 2016.



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