Páginas vistas en total

Adsense




domingo, 19 de febrero de 2017

París-Manhattan.Comentario.









LOS DIOSES NO AMAN SÓLO SE DEJAN AMAR




Ficha técnica, sinopsis, cartel, fotogtafías, trailer ( Pinchad aquí)



COMENTARIO:


Es difícil encontrar en el mercado una película tan pija y superficial que cuesta entender por qué razón Wody Allen decidió respaldar este proyecto, la opera prima de Sophie Lellouche , de la que cuesta encontrar información, que no había entendido ni la magia, ni la sorna, ni la ironía del viejo cascarrabias que convierte en habitable y en una zona de confort visual e intelectual por modesto o sencillo que sea, el lugar que ocupa, con ese capacidad chaplinesca que propala elegancia en medio de la más absoluta miseria, de que son testigos sus diferentes personajes, desde el protagonista de 'Coge el dinero y corre' hasta el último de cualquiera de sus films. 

Sophie Lellouche hace una auténtica feel good movie con sólidos andamiajes ajenos a sus propias virtudes: una familia judía, acomodada, que regenta una farmacia en el centro de París, compuesta por un matrimonio y dos hijas, más una nieta, que viven en tres casas diferentes, a la que se añade la de Victor, el pretendiente maduro de Alice, constituyen cuatro grandes y lujosas estancias por las que se pasean las cámaras como en un muestrario de decoración. Se nos enseñan ataviadas con elegancia y provistas de todo aquello que hace más llevadero el ocio del hombre, una necesidad vital de la que, según Paul Lafargue, se ha apropiado una minoría de la sociedad, mientras los desheredados de la fortuna se pelean y llegan a las manos por el 'derecho a trabajar', la pena que impuso Dios a Adán y Eva cuando osaron desobedecerlo y comer  la fruta prohibida. Una película que te anima a gritar junto con la protagonista de 'Lo que el viento se llevó ', Escarlata O'Hara,: "Juro que nunca volveré a ser pobre ".

Asñi pues,  el film es como un catálogo de decoración, no precisamente de Ikea, con la excepción de la última secuencia, dotada de cierta magia, en la que la realizadora suelta el cabello de Alice y le hace recorrer las calles de la ciudad del Sena en un patinete, cubierta con un vestido amplio que deja ver más de lo que es correcto, y en cuyo trayecto nos reserva una sorpresa (el novio de la hija de la hermana de la protagonista, al que nadie había visto nunca, y que le regala relojes de oro macizo, resulta ser un tal Alí que estudia en París y que trabaja como chófer de un jeque espléndido; la secuencia en que esta parejita es vista por primera vez por la tía y la madre da vergüenza ajena). El discreto encanto de la burguesía, de que hablaba Buñuel queda a salvo, ya que estos personajes creen saber dotar de glamour todo lo que tocan, ya se trate de sexo por los márgenes de sus convenciones, relación con una emigración selecta o allanamientos de morada. Woody Allen es su portal para quedarse incluso con la estética del que convierte un piso modesto en un agradable palacio con dos posters, tres libros y unos discos y películas que forman parte de su background particular. No ha entendido nada.

No queda claro cuál es el problema que tiene esta chica a la que no le falta de nada,  a la que sobra altiez y soberbia en la mirada y que acaba rendida a los pies de algo tan poco romántico como un ingeniero que ha ideado una alarma que, cuando se dispara, inunda la zona de peligro de cloroformo, pero que tiene la suficiente delicadeza para llenar su casa con velas que huelen a nardo. Afortunadamente parece que  Paris-Manhattan no fue solo su primera película, en la que parasitó al cineasta norteamericano, que por supuesto se dejó querer, hasta en el título del film, sino la última. Al menos hasta hoy.  Está claro que la realizadora no buscaba innovar, ni convencer, sino tan solo epatar al público con el savoir vivre de la clase media francesa. No lo consiguió.



No hay comentarios:

Publicar un comentario