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sábado, 11 de marzo de 2017

Kong: La Isla Calavera.Comentario.





Ficha técnica, sinopsis, crítica, cartel y trailer (Pinchad aquí). 


Comentario del blog.


De nuevo se cumple la norma no escrita de que cuanto más oscuro y tosco se torna el poder en Estados Unidos, más imaginativo, creativo, incisivo y perspicaz se vuelve su cine, unas cualidades a las que se une el romanticismo que caracteriza a toda utopía y la  apuesta por un mundo mejor. La primera secuencia, ubicada en 1944, la que abre el film, es el paradigma del uso desplazado del lenguaje que va a presidir el discurso que subyace a este film, sembrado de todo tipo de tropos, y en el que la voz Kong tiene connotaciones diversas. En un segundo tiempo,  la ubicación del grueso de la acción en 1973, cuando el ejército, emblematizado por el personaje que representa Samuel L.Jackson, estaba a punto de ser derrotado  y su Presidente, Nixon, se tambaleaba, su cabeza corría tanto riesgo como la del muñeco que ciertos conductores ponen en sus vehículos, cuyo cuello está constituido por un muelle, abarca el momento en el que el Vietcong  puso a ambos de rodillas y los obligó a una paz vergonzante, que algunos militares como Preston Packard, (SLJ), no estaban dispuestos a aceptar, y sí a pagar la factura por muy elevada que fuera de ofrecer al monstruo una seria resistencia. En esa secuencia preliminar dos soldados se baten a muerte, un norteamericano y un vietnamita y cuando la contienda está a punto de dilucidarse de forma trágica y definitiva, una enorme garra se interpone entre ellos comenzando una gran elipsis que se resolverá mucho más tarde.




Tras este preámbulo, en el que se sientan las bases de la acción y se presenta a los personajes, tres científicos,  una periodista,algún civil y unos cuantos soldados, inician una marcha para interpretar unas imágenes de satélite y explorar la existencia de suelos huecos que albergan en su interior animales prehistóricos. La entrada en el lugar atravesando la isla, que aparece flanqueada por unos enormes nubarrones  preñados de una peligrosa carga eléctrica, se realiza con un estilo ecléctico que realiza una simbiosis entre la emoción y el placer que rezuma el cine de Spielberg y la epicidad y amenazante presencia de los blackhaws de Francis Ford Coppola en Apocalypse Now,  danzando al ritmo de música de la época, que evoca la entrada de los helicópteros en el territorio que domina el Coronel Kurtz, hasta que unos drones alteran el ecosistema de la isla provocando explosiones para reconocer el terreno.




Jordan Vogt-Roberts


Kong no sólo es una gorila inmenso, sino el rey de una isla, al que todos obedecen y rinden pleitesia porque los protege de daños mayores, mayores depredadores, que despertará el ejército americano en su avance. Hay chica, hay intercambio de alguna caricia, pero todo se desarrolla con cierta verosimilitud en un espacio acotado. Dan Gilroy y Jordan Vogt-Roberts han sabido captar estos aspectos y hacer una película bonita que te llega, sin dramas ni ñoñerías. Si estos días comentaba un amigo, Sergio F. Fernández el impacto que le había producido la película de Barry Jenkins, Moonlight, en la que un niño consigue, no sin esfuerzo, llegar a ser un hombre que había aprendido a aceptarse y vivir de acuerdo con su naturaleza y sus convicciones, y generaba un debate en torno a la pérdida de las fuerzas de un superhombre, 'Logan', en el umbral de la muerte, ahora vemos renacer los mitos que empujaron a los jóvenes de la década de los 70 a luchar por cambiar el mundo y parar una guerra enquistada, y Jordan recurre a los orígenes del poder de Kong en la Isla Calavera y a la justificación del respeto que le profesan los habitantes del lugar. Unir el buen hacer, la belleza, la tecnología y las ideas de vanguardia es un mérito que nadie les puede negar. A todo ello se une un sentido del humor constante y refinado; uno de los momentos más sobresalientes es el duelo de miradas entre Kong y Samuel L.Jackson, un cameo de los retos habituales en los films de Sergio Leone que protagoniza Clint Eastwood.



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