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domingo, 30 de abril de 2017

¡Al fin solos! Comentario









Ficha técnica, sinopsis, cartel y trailer (Pinchad aquí)



Comentario. 


¡Por fin solos! de Lawrence Kasdan, cuya esposa ha colaborado en el guión y en la producción, ha defraudado a la crítica y al público que denuncia su incapacidad para entender que no es el momento para convertir en un gran drama la pérdida de un perro, protagonista de este film al que se ha denominado 'dramedia' ñoña. Estupenda Diane Keaton y  Kevin Kline en su salsa,protagonizan una película inoportuna y carente de interés, según ciertos críticos. Lástima. Mas si ponemos el prejuicio por delante del juicio andamos mal. Muchas veces hemos dicho en este blog que quien va mucho al cine,los días laborables y los fines de semana, y no sólo acude a los pases de prensa para periodistas, observa sin demasiado esfuerzo que en la sesión central, la de las 18 horas, el noventa por ciento del público pertenece a la tercera edad, y, del mismo modo que cuando se es joven se busca la poesía en los enfrentamientos de bandas juveniles, que demasiadas veces acaban trágicamente (no hay nada más doloroso que la muerte violenta de quien no ha empezado siquiera a disfrutar de la vida), no es extraño que los mayores deseen ver sus problemas reflejados en la gran pantalla y, si es posible,que se dramatice la historia de tal manera que no todo lo que se presente ante ellos corresponda el lado amargo del final de la vida, sino que se haga un canto a la vejez, como hiciera  en tiempos antiguos  l elocuente Cicerón.

Laurence Kasdan aborda ese tiempo en la vida de las personas en el que se ha iniciado la etapa de decadencia, el momento de la cuenta atrás,  en el que hombres y mujeres son conscientes de que se acercan peligrosamente a la edad de los que  llenan los obituarios de la prensa, que han llegado al fin de la era activa o están a punto de abandonarla, que su nido se ha quedado vacío porque sus hijos, que han acaparado la mayor parte de sus penas y alegrías, han levantado el vuelo,  y necesitan  depositar parte de sus sentimientos en un animal fiel como un perro, cuya búsqueda se convierte en el eje central de la trama, en  cuyo desarrollo se desvelan unos temores que cada uno aleja de sí como puede. Siempre es el momento para plantear la gran tragedia del ser humano, el hecho de que tarde o temprano se va a morir, -los que han alcanzado cierta edad y han visto caer a familiares y amigos a su alrededor más temprano que tarde - y es lógico que los que llegan hasta aquí intenten introducir algo de esperanza en sus vidas. Al fin y al cabo todos son conscientes de que al final van a ver 'Amour' de Haneke, con hijos o sin ellos, con ayuda o sin ella, con almohada o sin ella, un hecho que los lanza cada día, no sólo a buscar animales de compañía, sino a llenar las carreteras, con independencia de que haya crisis o no, en busca del placer que les proporcionan las playas, horteras o no, huyendo de hospitales y residencias de ancianos, algo que sabe bien Lawrence Kasdan que se acerca peligrosamente a los 70 años y que hace una película amable para  ese sector de público que llena las sesiones de las seis de la tarde, con actores que rondan la misma edad y luchan porque otro mundo mejor 'sea posible', o que se buscan parejas y evitan la dependencia emocional de sus hijos,mientras eso sea posible. Algunos han llamado a estas películas dramedias, nosotros preferimos llamarlas feel good movies, concebidas para que su público pase un buen rato y conjure los miedos que nos atenazan.

Hay géneros, como los de acción, terror o ciencia-ficción cuyo público era mayoritariamente masculino; otros, como el drama romántico y ciertas adaptaciones, que atraía especialmente a un público adolescente o femenino, según la edad de los personajes y el tema  y junto a ellos el cine de autor que plantea temas más universales, que afectan por igual a hombres y mujeres. A pesar de que este esquema se está resquebrajando, a medida que se incorpora a las action women, con actrices como Sigourney Woman,  Scarlette Johansson, Jennifer Lawrence o Angelina Jolie, entre muchas otras, van surgiendo a la par nuevas clasificaciones (¿dramedia?) para complacer a un público que ha abandonado la vida activa y ha aumentado su esperanza de vida, que tiene sus propios cánones y su particular poética, a la que nunca osaría definir como innecesaria y aparatosa, como una porcelana de Lladró, como anatematiza Jordi Costa.




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