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sábado, 15 de abril de 2017

Corazón gigante. Dagur Kári.




Ficha técnica,  sinopsis, críticas, cartel y trailer (Pinchad aquí)



Comentario:



Partiendo del análisis de Emilio Martín Luna, algunos cineastas locales se rebelan ante un paradigma cívico´social creado por una nueva ola de cineastas formados en el extranjero y asignado por sus viejos vecinos europeos. Una tendencia que nace en las fructíferas letras del país escandinavo y que suscriben realizadores como Grimur Hákonarson, Hafstein Gunnar, Gunar Sigurósson, Baltasar Komákur, Bedeikt Erlingsson o el ganador de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián Rúnar Rúnarsson. Sigue diciendo el crítico que "Islandia es víctima de su clima y de su orografía, que ha erosionado la personalidad del ciudadano nativo, cinvirtiéndolo en un sujeto formado pero aislado". Kari aprovecha a su protagonista, un cuarentón que vive en casa de una madre, comparte con su amante la carencia de aptitudes sociales y tiene un físico que lo separa de la realidad, un personaje casi extraído de los cuentos fílmicos de Frank Capra." El realizar azuza sutilmente al ciudadano medio islandés, perdido en el egocentrismo y acomodado en un supuesto estado de bienestar. 

Sin embargo, Dagur Kári convierte en protagonista de su historia a un joven trabajador y responsable, con sus hobbies y sus amigos, pocos pero leales, que vive en casa de su madre, cumplidos los cuarenta años, a diferencia de su novia que salió del hogar paterno a los 15, una situación tan anormal como la de él y que hará saltar el conflicto tan pronto como Füsi empiece a desembarcar en casa de la mujer sus efectos personales, que ella siente como una intrusión en su intimidad. La mujer tiene, pues, un problema, pero ¿cuál tiene él? Füsi es un obeso mórbido que sufre el acoso de sus compañeros de trabajo, que no pierden la ocasión, ya talluditos, de humillarlo y machacarlo; el joven entiende que es mejor soportar el sufrimiento inevitable que engordar la bola de nieve, e incorporar el dolor a los avatares cotidianos de su existencia, e incluso devolver bien por mal. Cuando descubre que este es su sino, su fatalidad ineluctable, ya puede sonreír. ¿Es este el perfil del islandés medio fabricado por cineastas del lugar formados en el exterior?  Javier Ocaña incide en este análisis cuando afirma que: "el trazado perfecto de la felicidad es imposible, que hay penas que olvidar, que hay mochilas demasiado pesadas que es mejor abandonar, por innecesarias y, sobre todo, por imposibles."

Es difícil, pues, decidir si Dagur Kári nos muestra una sociedad incapaz de reaccionar ante el dolor que produce la discriminación de determinados grupos en función del color de su piel, la edad o el peso, o si lo que denuncia, en definitiva, es que hay instituciones imposibles, como la pareja de hecho o de derecho, una imposibilidad defendida por otros muchos cineastas nórdicos.No sólo fracasa Füsi sino su propia madre, mas  la diferencia radica en que el hijo apenas llega a descargar sus bártulos en casa de una amante que había derribado su muro de timidez y le ha pedido formar una pareja conviviendo con ella en su casa, tras superar, gracias a la ayuda de Füsi una profunda depresión. El hombre ha de tragarse de nuevo su humillación, volver al hogar materno, y reintegrar en su antigua habitación sus libros, sus discos, sus cosas, que había vuelto a cargar en la misma ranchera en la que los había llevado a su ansiado nuevo domicilio con la ayuda de su mejor amigo; no se le había dado ni siquiera la oportunidad de fracasar. Cuando entiende esto, aunque sea a la fuerza, puede emprender su soñado viaje a Egipto.¿ Es, pues, un 'soldado de la existencia' como lo llama Javier Ocaña?



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